Maternidad en pausa: por qué cada vez más mujeres postergan la búsqueda y qué recomienda la medicina

Un cambio cultural profundo transformó las consultas en los consultorios de fertilidad. Mientras los proyectos personales, la capacitación y la carrera ganan terreno entre los 30 y 35 años, los especialistas advierten sobre la brecha entre los tiempos de la mente y los de la biología

Una mujer rubia con anteojos y camiseta blanca está de pie junto a un gran reloj de arena con marco metálico sobre un fondo oscuro.
La planificación del proyecto de vida incorporó prioridades como el desarrollo profesional, los viajes y la consolidación económica antes de la maternidad. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La forma en que las mujeres y las parejas planifican su proyecto de vida cambió radicalmente en las últimas décadas. Como especialista en medicina reproductiva, observo que lo que antes era un estándar durante la juventud —formar una familia en la primera etapa de la adultez— hoy convive con otras prioridades, como el desarrollo profesional, las especializaciones, los viajes y la consolidación económica. Sin embargo, este nuevo paradigma social choca con una realidad biológica ineludible.

Se trata de un fenómeno que redefine la agenda médica y cultural: el aumento sostenido en la edad promedio de la primera consulta por fertilidad.

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El salto generacional entre las prioridades y el reloj biológico

Lejos quedaron los tiempos en que las pacientes que acudían a una clínica de fertilidad eran, en su gran mayoría, jóvenes de entre 20 y 30 años con dificultades anatómicas puntuales. Hoy el panorama es otro. La mayoría de las consultas ocurre después de los 37 o 38 años, y las causas ya no suelen ser físicas o directas. Son más difusas y están atravesadas por el estrés, la alimentación y, fundamentalmente, el paso del tiempo.

El quid de la cuestión radica en una desconexión evolutiva: la mente y el estilo de vida dieron un salto generacional rotundo, pero el reloj biológico de los ovarios sigue siendo el mismo.

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
La preservación de la fertilidad mediante la congelación de óvulos creció entre mujeres profesionales que buscan autonomía reproductiva. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una mujer piensa que a los 40 años es lo mismo tener un hijo que a los 30, y no, porque su cuerpo, por más que ella se sienta bien, biológicamente no dice lo mismo.

El auge de la preservación y la consulta preventiva

Ante este escenario, desde la medicina reproductiva adaptamos las estrategias. Percibo una tendencia creciente, especialmente entre mujeres profesionales, que deciden anticiparse mediante la preservación de la fertilidad.

Congelar óvulos sin haber tomado una decisión definitiva sobre el futuro se convirtió en una herramienta de autonomía. Muchas pacientes me lo plantean con claridad: “No sé si voy a ser madre, tengo otros proyectos, pero quiero tener un resguardo por si en el futuro lo deseo y mi cuerpo no responde”.

Frente a esta realidad, la recomendación es clara y apunta a la información a tiempo: consultar entre los 30 y los 35 años.

No se trata de iniciar un tratamiento médico complejo, sino de realizar un chequeo de rutina para conocer el estado de la reserva ovárica. Desde que nace, la mujer empieza a perder óvulos. A los 35 o 36 años ya perdió casi la mitad, y después de los 40 ese descenso se acelera drásticamente hasta llegar a una etapa donde prácticamente no hay óvulos viables. Conocer estos datos a edades tempranas permite tomar decisiones informadas y planificar la vida sin sorpresas.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La reserva ovárica disminuye desde el nacimiento, cae casi a la mitad hacia los 35 o 36 años y se acelera después de los 40. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los riesgos y el debate más allá de la biología

Cuando la maternidad se posterga hasta los 40 años o más, entran en juego otros factores relevantes. Desde el punto de vista médico, los embarazos a edades avanzadas implican riesgos de patologías como hipertensión o diabetes gestacional.

También se abren debates éticos y filosóficos, en particular ante casos extremos de maternidad después de los 60 años. Considero que cada situación debe evaluarse de forma estrictamente individual, con una valoración tanto del estado biológico de la paciente como de las implicancias a futuro.

El cambio cultural llegó para quedarse. Las prioridades de las mujeres se ampliaron y el desarrollo personal dejó de ser incompatible con el deseo de maternar. Mi recomendación es informarse a tiempo, conciliar la planificación de la vida con la propia biología y derribar mitos mediante ciencia y asesoramiento médico adecuado.

*El doctor Antonio Cattaneo es especialista en medicina reproductiva