Hace dos semanas entrevistamos al canciller Pablo Quirno en Economía de Quincho en Infobae en Vivo y dejó planteado un interrogante que merece ser llevado bastante más lejos: ¿Qué lugar puede ocupar la Argentina en la nueva economía mundial si consigue convertir su dotación de recursos naturales, energía, conocimiento y estabilidad relativa en una plataforma de producción y servicios para el mundo?
Hay una frase que dejó Pablo Quirno que, más allá de la coyuntura, merece ser tomada como una definición estratégica: “las negras también juegan”.
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La metáfora ajedrecística sirve para pensar una Argentina que durante demasiados años pareció condenada a responder los movimientos de los demás:
- las tasas internacionales,
- el precio internacional de las materias primas,
- las decisiones de los organismos multilaterales,
- los ciclos financieros, o
- las condiciones impuestas por los mercados de capitales.
Pero hay otro punto. Si las “condiciones precedentes de estabilización” que se vienen señalando se consolidan —equilibrio fiscal, desinflación, normalización monetaria, acumulación de reservas, recuperación del crédito y reglas más previsibles para la inversión—, la pregunta ya no debería ser solamente cómo Argentina responde a las jugadas del mundo. La pregunta es si Argentina también tiene las blancas para jugar. Y en la nueva economía mundial, tiene piezas que pueden ser extraordinariamente valiosas.
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El tablero que está cambiando es el de la inteligencia artificial y los centros de datos. Un data center no es simplemente un depósito de computadoras: es la infraestructura física sobre la cual funciona buena parte de la economía digital. Allí están los servidores, almacenamiento, redes, sistemas eléctricos y refrigeración que permiten entrenar modelos de inteligencia artificial, procesar información y prestar servicios digitales.
El tablero que está cambiando es el de la inteligencia artificial y los centros de datos
La escala que viene es gigantesca. McKinsey, consultora global, estima que la inversión acumulada necesaria para infraestructura de centros de datos podría alcanzar USD 6,7 billones hacia 2030, mientras la demanda mundial de capacidad casi se triplicaría.
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La Agencia Internacional de Energía proyecta, además, que el consumo eléctrico de los data centers podría superar los 945 TWh en 2030, más del doble que en la actualidad.

Detrás de cada consulta a una inteligencia artificial hay, por lo tanto, una realidad física: electricidad, redes, cobre, acero, equipamiento, refrigeración, construcción, software, seguridad y personas.
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Ahí es donde Argentina puede dejar de mirar el tablero desde afuera.
La primera pieza es la energía
Argentina posee gas y petróleo de Vaca Muerta, potencial hidroeléctrico, uno de los mejores recursos eólicos del planeta en Patagonia, extraordinaria radiación solar en el NOA y capacidades nucleares desarrolladas durante décadas.
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La discusión no debería ser renovables versus gas o nuclear. Los data centers funcionan 24 horas, siete días por semana. Necesitan energía firme y confiable.
La Agencia Internacional de Energía identifica al gas y a la energía nuclear como fuentes relevantes para acompañar el crecimiento
La Agencia Internacional de Energía (IEA) proyecta que las renovables tendrán un papel central en abastecer la expansión de la demanda eléctrica de los data centers, pero también identifica al gas y a la energía nuclear como fuentes relevantes para acompañar el crecimiento.
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La segunda pieza son los minerales
Argentina ya exporta oro, plata y litio, y posee recursos de cobre de escala mundial en proyectos que podrían transformar su perfil exportador. En 2025 las exportaciones mineras alcanzaron USD 6.073 millones, con oro, litio y plata explicando más del 95% de las ventas.
Pero la oportunidad no termina en vender roca o concentrados. La infraestructura digital requiere una extensa familia de minerales y materiales críticos. Los semiconductores utilizan silicio y otros materiales especializados; las redes y equipamientos demandan cobre y aluminio; las baterías y los sistemas de almacenamiento incorporan litio; y la electrificación creciente de los centros de datos aumenta la demanda de metales.
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Argentina no tiene todos los minerales necesarios ni debe exagerar su posición. Pero tiene una combinación poco frecuente de litio, cobre, oro, plata, uranio, gas, petróleo y otros recursos estratégicos, junto con territorio y energía.
La oportunidad está en transformar recursos en cadenas de valor, proveedores, servicios de ingeniería y exportaciones.
La tercera pieza es el frío
Puede parecer una paradoja, pero el frío puede convertirse en una ventaja tecnológica.
Los servidores generan enormes cantidades de calor y refrigerarlos representa una parte importante del consumo energético de un centro de datos. En determinados climas, las bajas temperaturas permiten utilizar sistemas de free cooling o refrigeración con menor requerimiento energético.
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Los servidores generan enormes cantidades de calor y refrigerarlos representa una parte importante del consumo energético de un centro de datos
La Patagonia ofrece justamente una combinación de temperaturas bajas, enormes extensiones territoriales y un extraordinario potencial eólico. Si a eso se suma la disponibilidad energética que puede aportar Vaca Muerta y la posibilidad de desarrollar infraestructura de transmisión y conectividad, aparece una hipótesis de inversión que debe evaluarse.
No se trata de decir que cualquier localidad patagónica puede convertirse automáticamente en un Silicon Valley. Un data center de escala internacional necesita fibra óptica, conectividad internacional, energía redundante, líneas de transmisión, caminos, seguridad, disponibilidad de agua o sistemas de refrigeración adecuados y capacidad de expansión. Pero la materia prima geográfica existe.
La pieza que no se puede importar: el talento
Hay una ventaja todavía más poderosa: Argentina puede exportar servicios aunque el servidor esté físicamente en otro país.

La Economía del Conocimiento exportó aproximadamente USD 9.600 millones en 2025, récord histórico, y empleó a más de 285.000 personas formales. Programadores, ingenieros, especialistas en inteligencia artificial, ciberseguridad, arquitectura cloud, datos y servicios profesionales pueden trabajar desde Argentina para empresas instaladas en cualquier parte del mundo.
Esto abre dos caminos simultáneos:
- Argentina puede atraer inversión extranjera directa para construir y operar centros de datos en territorio nacional.
- Puede exportar los servicios profesionales necesarios para que esos centros de datos —estén en Argentina, Estados Unidos, Europa o Asia— funcionen.
Es una diferencia: no hace falta que toda la infraestructura física esté dentro del país para que Argentina obtenga parte de su valor agregado.
Las condiciones precedentes importan
Aquí vuelve la frase de Quirno. En ajedrez, jugar con blancas no garantiza ganar. Tener las piezas correctas tampoco. Hace falta posición, estrategia y capacidad para ejecutar.
Lo que puede estar cambiando es el contexto macroeconómico.
Lo mismo sucede en economía. Los recursos argentinos estuvieron siempre allí. El litio no apareció ayer. Vaca Muerta tampoco. La capacidad nuclear tiene décadas. Los programadores argentinos no nacieron con la inteligencia artificial.
Lo que puede estar cambiando es el contexto macroeconómico.
Las condiciones precedentes de estabilización son importantes porque ningún proyecto de infraestructura de USD 1.000 millones, USD 5.000 millones o USD 25.000 millones se decide solamente mirando el recurso natural. Se decide mirando el índice de riesgo país, la estabilidad de las reglas, la disponibilidad de divisas, la infraestructura, los impuestos, el costo energético, la seguridad jurídica y la posibilidad de repatriar capitales.

El economista Josef Schumpeter explicó que el desarrollo económico surge de nuevas combinaciones. El economista Michael Porter mostró que la competitividad de las naciones depende de construir capacidades alrededor de sus ventajas. Y economistas contemporáneos como los economistas Dani Rodrik y Mariana Mazzucato han insistido en que el desafío no es simplemente tener recursos, sino desarrollar capacidades productivas alrededor de ellos. Ese es exactamente el desafío argentino.
El mundo necesita lo que Argentina tiene
Un dato clave es que esta vez la demanda mundial parece jugar a favor. El mundo necesita:
- más capacidad de cómputo,
- inteligencia artificial,
- centros de datos,
- electricidad.
- cobre y minerales críticos,
- gas durante la transición energética,
- almacenamiento,
- talento tecnológico,
- diversificar cadenas de suministro por razones económicas y geopolíticas.
Argentina tiene, en distintas proporciones, energía, minerales, territorio, clima favorable en algunas regiones, capacidades nucleares, capital humano, alimentos y una ubicación alejada de los principales escenarios bélicos del mundo. No alcanza con enumerarlos. El verdadero desafío es conectarlos.
Argentina tiene energía, minerales, territorio, clima favorable en algunas regiones, capacidades nucleares, capital humano, alimentos y está alejada de los principales escenarios bélicos
Minería con energía. Energía con infraestructura. Infraestructura con centros de datos. Centros de datos con inteligencia artificial. Inteligencia artificial con capital humano. Y todo eso con exportaciones.
Por eso la frase de Pablo Quirno puede tener una segunda parte. Sí: las negras también juegan. Pero si Argentina consigue consolidar sus condiciones precedentes de estabilización, desarrollar infraestructura y sostener reglas previsibles, quizá haya llegado el momento de entender que también tiene las blancas.
Y jugar con blancas significa algo más que defenderse. Significa elegir la apertura. El mundo está entrando en una de las mayores carreras de infraestructura tecnológica de la historia. La pregunta ya no es si Argentina tiene algo para ofrecer. La tiene. La pregunta es si será capaz de convertir sus recursos en una estrategia. Porque esta vez, por una combinación de circunstancias, lo que el mundo demanda coincide con buena parte de lo que Argentina tiene para ofrecer.
El autor es analista económico y director de la consultora Focus Market
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