
Al eliminar la propiedad privada, el marxismo terminó aniquilando la iniciativa. El anarco capitalismo de corte libertario, en su voluntad de disolver al Estado, convierte a las sociedades organizadas en selvas donde los fuertes terminan aplastando a los débiles. Cuando el actual gobierno, en su ignorancia o en su perversión, habla de los famosos cien años de decadencia, se refiere a la década infame, al derrocamiento de Yrigoyen avalado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, hecho que sometió a nuestra sociedad a una sucesión de golpes militares desde 1930 en adelante. De ese modo, la democracia, el gobierno de las mayorías, no debía ser aceptado jamás por las minorías ociosas y parasitarias, que en su impotencia nunca soportaron ni el voto popular ni la industria nacional. La pretensión del gobierno de Milei de autodenominarse “liberal” es absolutamente grotesca, y esta condición queda al desnudo cuando considera a la morosidad de los deudores como un tema privado y confronta con insultos al periodismo, lo cual define, sin duda, un infinito apartamiento de las pretensiones de libertad.
Sabido es que en los 70 éramos más que Brasil. Teníamos un desarrollo científico e industrial y una integración social que reflejaba la concepción europea, aquella donde todos los ciudadanos son partícipes del desarrollo colectivo. Hoy, sin duda, el modelo vigente impone la fotocopia de Miami, de un Estados Unidos imperial en el que la dimensión de su riqueza sirvió para imponerse en el mundo sin siquiera aceptar un proyecto de salud pública que beneficiara a la totalidad de sus habitantes. Dos concepciones del progreso, el de pocos o el de todos. Hace cien años era el de pocos y hace cincuenta, se imponía el de todos.
PUBLICIDAD
El modelo imperante se basa en el concepto de privatización que no es otro que el robo de lo colectivo para convertirlo en riqueza individual. La burguesía industrial es aquella que genera bienes y da trabajo en tanto que la parasitaria se ocupa de apropiarse de esos bienes colectivos para sustituir al Estado, concentrar la riqueza y abandonar a los más vulnerables. Es llamativo que el Gobierno y sus aplaudidores consideren a la usura como un acuerdo entre privados y a la opinión de los periodistas, como un daño al poder político. Es como si la casta, que hoy usurpan, perteneciera a un nivel superior al de los endeudados que no son los hijos de la modernidad del crédito, sino los perjudicados por el empobrecimiento al que esta casta libertaria somete a la sociedad. Por lo tanto, la concepción actual no ofrece ninguna otra salida política que la continuidad del robo al Estado y del abandono de las clases medias y populares. Toda estructura dogmática se asienta en un ejército de repetidores para quienes el dogma es un catecismo y su reiteración, un aburrido temor al riesgo de la duda. Conciben esta pequeñez como la expresión de una nueva ideología.
La política exterior que nos une a los Estados Unidos de Trump y al Israel de Netanyahu marca una voluntad de dependencia que rompe con la histórica neutralidad que atraviesa a nuestra sociedad en toda su historia. Frases sin sentido, cantilenas repetidas hasta el hartazgo por los libertarios, del estilo “proteger es cazar en un zoológico”, revelan el desconocimiento de un mundo donde no existe sociedad que no proteja su producción y anteponga su relación no con los valores del mercado, sino con las necesidades laborales de su población. De ahí, que se escuchen conceptos tan burdos, como el de una diputada para quien la “macro” corresponde al Estado, por lo cual involucrarlo en la “micro” es, a su entender, siempre delictivo. La economía constituye una parte significativa de la política, pero no puede ocupar su lugar. Un proyecto de país debe incluir a su burguesía industrial y a los sectores productivos, pero jamás puede estar en manos de las minorías enriquecidas que solo se ocupan de sus intereses y nunca, de las necesidades colectivas.
PUBLICIDAD
Volver a la política es imprescindible, más que nada en una sociedad donde el poder de sus grupos concentrados intenta imponerse como la única visión, como si los mercados fueran más relevantes que el voto y las necesidades de la sociedad. Pocas veces un fanatismo sin ideas impuso un conjunto de propuestas irracionales a las que quiso convertir en la lógica de un pensamiento que sustituya a la verdadera coherencia, aquella donde el Estado se haga cargo del desarrollo de lo necesario y lo privado se limite al lugar donde le esté impedido dañar al conjunto.
Los números que inventa el Gobierno para justificar haber sacado a millones de argentinos de la pobreza, de la marginalidad, son tan falsos que terminan situados en el plano de lo perverso, del cinismo. El Estado no puede estar al margen de la desesperación de los endeudados, siendo su obligación controlar la desmesura de los intereses que, en su desarrollo, terminan generando una nueva forma de marginalidad.
PUBLICIDAD
El camino que se empecinan en seguir Milei y los fanáticos que lo acompañan continuará empobreciendo a las mayorías. En consecuencia, la posibilidad de su reelección terminará desapareciendo hasta de las encuestas más oficialistas. Por su parte, los intentos de reactivación solo muestran a un gobierno con alguna conciencia de su debilidad acompañado de una supuesta ideología de la que se obstina en no salir.
Milei no está creando nada, por el contrario, lo destruye todo. Esperemos que el destino de este proyecto no sea la reelección, sino, en un acto de justicia, el enjuiciamiento y la condena de sus deleznables ejecutores.
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Santa Cruz: la Vaca Muerta de la minería
La provincia concentra el 40% de las exportaciones de plata y oro del país, pero no logra traducir esa riqueza en desarrollo local ni infraestructura básica

Punta Indio, una baja importante en nuestra soberanía
El cierre de la base aeronaval bonaerense deja al litoral fluvial y marítimo sin defensa ante potenciales ataques o bloqueos de potencias extranjeras que ya usurpan parte del territorio argentino

Congreso de la FIA: Argentina y una gran oportunidad
Más allá del fenómeno Colapinto, Argentina tiene una oportunidad única para construir la infraestructura y la marca país que la devuelvan al centro del automovilismo global
La guerra económica difícilmente tendrá más éxito que la militar
El conflicto entre EEUU e Irán entra en una nueva etapa marcada por bloqueos, tensiones energéticas y reacomodamientos entre potencias regionales
Las fuerzas del infierno
En la escuela ORT, Javier Milei mezcló religión y política ante un grupo de adolescentes y señaló a marxistas y periodistas como aliados del demonio. No es la primera vez que el poder construye un enemigo satánico para legitimar sus acciones. Es un clásico del pensamiento autoritario



