Hay pocos temas en la Argentina de hoy que generen un acuerdo tan amplio como Vaca Muerta. No importa de qué lado del mostrador político se mire: casi nadie discute que ahí abajo hay una oportunidad enorme. Y esa mirada no se limita al sector energético: en el mundo inmobiliario, que es donde primero se anticipan los grandes ciclos de inversión, hace tiempo que se habla de Vaca Muerta como uno de los pocos consensos genuinos entre gobiernos, empresas e inversores de distinto signo.
El problema es que ese consenso se quedó a mitad de camino. Lo tratamos como un tema del sector energético, cuando en realidad debería ser una cuestión integral del crecimiento del país. Eso significa garantizar reglas claras y previsibilidad para los próximos veinte o treinta años. Ningún inversor pone miles de millones de dólares mirando el calendario electoral.
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Argentina tiene una oportunidad histórica, pero para aprovecharla necesita construir confianza: el recurso estratégico no es solo el petróleo, también es la credibilidad del país. Por eso, el mayor riesgo de Vaca Muerta ya no está bajo tierra: está en la incertidumbre. Cada proyecto que se demora es menos empleo, menos exportaciones y menos dólares para el país. Ese costo no lo paga el sector energético, lo pagamos todos los argentinos.
¿Es posible un acuerdo que trascienda los gobiernos y garantice reglas estables por dos o tres décadas? es indispensable. Con esa idea nació el Foro de Inversiones Vaca Muerta Energía y Real Estate, que este año se realiza por primera vez en Buenos Aires, el 12 y 13 de agosto: un espacio en el que, por primera vez, el sector energético de escala global y el real estate se sientan en la misma mesa de negocios.
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Es que el boom energético ya desbordó las fronteras del sector: la urgencia habitacional y la falta de infraestructura urbana en la cuenca convirtieron al real estate en un negocio con lógica propia, con rentabilidades en dólares que superan ampliamente a las de los mercados tradicionales y con instrumentos financieros cada vez más sofisticados -desde fideicomisos con oferta pública aprobados por la Comisión Nacional de Valores hasta esquemas de construcción industrializada que acortan los plazos de obra- que ya empiezan a atraer capital institucional hacia la zona.
Es un espacio para que el sector empresario, la industria energética, los gobiernos y los inversores proyecten juntos el futuro del país, con seguridad jurídica, infraestructura y una visión compartida de largo plazo.
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Los números detrás del consenso
Y esto no es una expresión de deseo. En abril de 2026, Neuquén marcó un récord histórico de 628.924 barriles de petróleo por día, 36% más que un año atrás, y la cuenca ya explica dos de cada tres barriles que se producen en el país. Ese crecimiento ya se nota en las cuentas nacionales: la balanza energética tuvo en abril un superávit récord de 1.402 millones de dólares, y para 2026 se proyectan exportaciones del sector por unos 18.000 millones.
El ciclo, además, recién empieza. Entre 2024 y 2030 la producción de petróleo se triplicaría y la de gas crecería 150%, sostenida por una inversión de entre 40.000 y 50.000 millones de dólares hasta 2040, entre pozos, oleoductos como Vaca Muerta Oil Sur y proyectos de gas natural licuado como Southern Energy y Argentina LNG. Si ese plan se cumple, hacia 2031 las exportaciones energéticas podrían ubicarse entre 40.000 y 50.000 millones de dólares anuales, muy por encima de los 11.000 millones actuales, con hasta 280.000 empleos directos e indirectos.
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El impacto ya se nota en la vida cotidiana de la región: se estima que en los próximos cuatro años la población del área de influencia principalmente Añelo pasará de 12.000 a cerca de 50.000 habitantes. No es un ciclo que empieza y termina en un pozo: es la construcción, en tiempo real, de ciudades enteras.
Una causa que empieza donde termina el petróleo
El petróleo no es el fin, es el motor de una economía mucho más grande: nuevas ciudades, infraestructura, viviendas, comercios, empleo y oportunidades para empresas de todo el país, no solo de Neuquén. Cuando un proyecto tiene esa capacidad de generar desarrollo, deja de pertenecer a una industria para convertirse en una causa nacional.
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Imaginemos dos ciudades exactamente iguales. En una empiezan a llegar inversiones, se construyen edificios, abren hoteles, aparecen nuevos comercios y las empresas comienzan a contratar gente. En la otra no pasa nada de eso. ¿En cuál te gustaría vivir, trabajar o invertir? Eso es lo que representa Vaca Muerta. No solamente petróleo. Es la posibilidad de poner en movimiento una economía que genera oportunidades para miles de personas, incluso para quienes nunca trabajaron en la industria energética.
Todavía hay quienes ven a Vaca Muerta como el negocio de un puñado de empresas y no como una oportunidad para todo el país. Basta mirar Neuquén y Añelo para desarmar esa idea: si fuera solamente petróleo, no estaríamos viendo crecer ciudades enteras. El verdadero debate no es quién se beneficia, sino cómo logramos que ese crecimiento llegue a más sectores y a más argentinos.
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Un argentino de cualquier provincia va a sentir que Vaca Muerta también le pertenece el día que entendamos que no es de una provincia, sino de una generación entera. Para eso, la dirigencia política tiene una decisión simple pendiente: dejar de preguntarse quién se lleva el mérito y empezar a preguntarse qué necesita la Argentina.
Ganar la lotería no hace rico a nadie: lo que hace rica a una persona es lo que hace con ese dinero. Con Vaca Muerta pasa algo parecido. Haber descubierto uno de los recursos energéticos más importantes del mundo no nos convierte automáticamente en un país desarrollado; simplemente compramos el boleto ganador. Lo que va a definir nuestra historia es cómo administremos esa oportunidad. Recién ahí podremos decir que Vaca Muerta no cambió solo la historia energética del país, sino su historia económica.
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La Argentina necesita menos discusiones sobre el pasado y más acuerdos sobre el futuro. Vaca Muerta puede ser ese futuro.
*El autor es director del Foro de Inversiones Energía y Real Estate Vaca Muerta
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