
En América Latina, el desarrollo suele pensarse en grande, pero se construye en pequeño. Se discute en términos nacionales, pero se ejecuta en el ámbito municipal. Ahí ocurre la economía real.
No en los anuncios faraónicos de gobiernos estatales, sino en decisiones concretas en una ciudad: una licencia de construcción, un permiso industrial, una autorización para abrir un negocio o detonar cualquier actividad productiva. Ese es el punto donde el Estado se vuelve acción. Y sigue siendo el más subestimado.
PUBLICIDAD
Durante décadas, los gobiernos municipales han sido tratados como ejecutores dependientes, mientras los niveles estatales y nacionales concentran recursos bajo inercias centralistas. En sus formas más rígidas o caprichosas, como las que vive Nuevo León, en México, esa lógica se acerca más a una visión patrimonial del poder que a un federalismo moderno con gobernantes que operan bajo la máxima de “L’État, ¡c’est moi!”.
El problema es simple: el desarrollo no se decreta. Se habilita y se habilita desde el ayuntamiento. Y esa operación ocurre a través de la autoridad municipal para otorgar permisos, licencias y autorizaciones.
PUBLICIDAD
Aquí está el punto central, los actos regulatorios de un ayuntamiento no son trámites. Son capacidad económica. Son actos de autoridad que pueden convertirse en ingresos legítimos. Son, en esencia, una autoridad monetizable.
Cada autorización bien gestionada habilita inversión y genera recursos. No como cobro aislado, sino como parte de un sistema donde la regulación eficiente produce desarrollo y el desarrollo amplía la base fiscal.
PUBLICIDAD
La teoría es clara. Douglass North explicó que el crecimiento depende de instituciones que reduzcan incertidumbre. Hernando de Soto mostró que formalizar y simplificar permisos libera capital y multiplica actividad. El Banco Mundial documentó que la facilidad para obtener permisos impulsa inversión. La OCDE y la CEPAL han insistido en que, sin gobernanza local sólida, no hay desarrollo territorial sostenible.
Todo converge en lo mismo: la capacidad regulatoria local es una variable económica central.
Sin embargo, hay una condición vital: integridad. Sin combate a la corrupción, esta autoridad se distorsiona. La discrecionalidad rompe la confianza, eleva costos y frena la inversión. Por eso, combatir la corrupción no es accesorio. Es estructural.
PUBLICIDAD
La digitalización lo vuelve posible. Sistemas automatizados, trazables y con reglas claras eliminan la arbitrariedad y generan confianza. Como ha demostrado la experiencia internacional y la propia en Escobedo: la mejor política anticorrupción es sustituir decisiones individuales por procesos verificables.
Y la confianza genera inversión. El Banco Interamericano de Desarrollo ha señalado que reducir costos regulatorios a nivel local incrementa directamente la inversión privada. Más aún en un contexto de nearshoring, donde la decisión clave es simple: rapidez, certeza y claridad.
PUBLICIDAD
Porque el inversionista no llega a un país y menos a un estado; el inversionista llega a una ciudad. Y decide en función de qué tan fácil es obtener un permiso en esa unidad político/geográfica. Así de claro: el gobernador puede dar discursos, hacer viajes y tomar fotos, pero las cosas no ocurren en el vacío estatal, ocurren en territorio municipal.
Hoy, la oportunidad global es enorme, pero su ejecución es local. Sin embargo, persiste la contradicción: más responsabilidades para los municipios, pero menos autonomía real. Ese desbalance es ineficiente y urge romperlo.
PUBLICIDAD
Fortalecer la capacidad de los gobiernos locales para monetizar su autoridad regulatoria no es un ajuste técnico. Es una estrategia de desarrollo. Permite generar ingresos sin aumentar impuestos, financiar infraestructura y sostener crecimiento.
Es cambiar el modelo: de administrar escasez de dinero federal o estatal (real o por capricho político) para habilitar la expansión.
Porque el desarrollo no es un dato macroeconómico. Es una suma de decisiones locales que sí funcionan. Y el desarrollo nacional no termina en lo municipal. Empieza ahí.
PUBLICIDAD
* El autor es Alcalde del Municipio de General Escobedo en Nuevo León, México, y Presidente de la Mesa de Coordinación Metropolitana, Sociedad y Gobierno en la Zona Metropolitana de esa entidad de la República Mexicana.
Últimas Noticias
El Mundial, los impuestos y el fin de la cancha neutral
La competencia en Estados Unidos, México y Canadá muestra que las autoridades buscan gravar la porción de rentas vinculada a la actividad local, incluso cuando se trate de figuras no residentes y contratos transnacionales
Messi sí, MSCI no: por qué seguimos afuera y qué falta para volver
La revisión anual de la firma que guía a los fondos globales dejó al país en el último escalón, sin instancia previa de evaluación, mientras Bulgaria ascendió y otras plazas quedaron bajo observación
Ley antitrapitos en CABA
Días de arresto, trabajo comunitario y multas

¿Una nueva forma de buscar compañía?
Datos recientes sostienen que las personas ya pasan millones de horas hablando con la IA

Educar la sensatez y la sensibilidad
El aprendizaje en la escuela no ocurre solo en la mente, porque el clima emocional del aula y las propuestas del docente favorecen o dificultan el conocimiento




