
(Desde Washington, Estados Unidos) No terminaba 2025, cuando Luis Caputo se encontró con Ajay Banga. Los dos conocen el alma fría de Wall Sreet, y los dos enfrentan los vaivenes del mercado financiero que complican la gestión pública. No importa si estás en el despacho presidencial del Banco Mundial en Washington, o en el Quinto Piso del Palacio de Hacienda en Buenos Aires.
Caputo explicó a Banga que tenía una gigantesca deuda pública y privada que cancelar en 2026, que el riesgo país no bajaba y que el Banco Central no podía acumular reservas.
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En esa época, el Gobierno observaba cómo se iban los dólares por el turismo y las importaciones, en una dinámica que puso a la Argentina en el incumplimiento de la meta de reservas acordadas con el FMI y muy cerca de la voracidad de Wall Street.
Si Caputo deseaba millones de dólares para pagar la deuda privada, la tasa estaba cerca del 11 por ciento. Era el precio de mercado.
En este contexto, el ministro de Economía exploró dos alternativas para enfrentar los pagos de la deuda externa. Y las dos opciones se sostenían en una misma ecuación geopolítica.
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Donald Trump había definido que Javier Milei era su principal aliado estratégico en América Latina, y esa ecuación ya había aceitado la negociación con el FMI, que concedió una desembolso extra de 20.000 millones de dólares.
Ahora, presionado por la deuda que vencía en el 2026, Caputo evaluaba la creación de un club de bancos que podían usar 20.000 millones de dólares aportados por el Tesoro de los Estados Unidos para cancelar la deuda de los bonistas, o diseñar un mecanismo de garantías multilaterales otorgadas por el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la CAF.
No eran alternativas que se reemplazaban mutuamente. Eran dos opciones en paralelo.
Caputo profundizó las conversaciones con Banga, Georgieva estaba on board e Ilan Goldfajn, presidente del BID, no puso obstáculos políticos.
Milei había ganado las elecciones de medio término, Trump ya lo había recibido en el Salón Oval, y el club de bancos apoyados por el Tesoro habían dado un paso al costado. No era negocio: Caputo se negaba a pagar sus tasas de mercado.
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En una sucesión de encuentros en el Quinto Piso de Economía, Caputo exprimió a su staff técnico y debatió el asunto con Santiago Bausili, titular del Banco Central, y José Luis Daza, viceministro de Economía.
La propuesta ya tenía forma y era apoyada por Milei.
Todo se había encadenado: la Casa Blanca, el FMI, el Banco Mundial y el BID.
Mientras tanto, las reservas del Banco Central empezaban a crecer, el dólar se planchaba y la negociación avanzaba en DC para lograr la segunda revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas.
A pocos días del comienzo de las Sesiones de Primavera del Fondo, Caputo recibió la confirmación de Banga y el BID. Si no había un cisne negro por la guerra en Medio Oriente, Argentina sería apoyada por un monto total de 2.550 millones de dólares.
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El Banco Mundial aportaría 2.000 millones dólares, y el BID 550 millones. Pero como se tratan de bancos con alta calificación institucional, las garantías podían duplicarse al momento de pagar la deuda privada.
Es decir: son 2.550 millones de dólares que, en principio, se irían a 5.100 millones.

El Banco Mundial será garante de la Argentina y broker: Banga elegirá a las entidades crediticias privadas que saldarán la deuda con los bonistas.
Con el BID, el mecanismo será diferente.
Así lo explicaba Caputo en DC, cuando fue preguntado al respecto:
“En el caso del Banco Mundial, ellos se encargan de todo. En el caso del BID, nosotros ya hemos hecho lo que se llama el pedido de propuesta a los bancos. Entonces, con la garantía, los bancos después nos hacen una propuesta que, como bien habías dicho, en el caso este va a ser probablemente de dos a uno”
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¿Y con qué bancos?-, insistió Infobae.
-Los bancos..
-¿Los bancos que imaginamos nosotros?
-Sí.
-¿El BoFA, el JPMorgan, el Citi...?
-Los bancos...
Los directorios del BM y el BID tienen previsto tratar los pedidos de garantías de la Argentina hacia fin de mayo o principios de junio.
Los vencimientos de la deuda son en julio, y si no hay demoras burocráticas, Argentina tendrá los fondos multilaterales para pagar a los bonistas privados.
-Y si no llegan los directorios del Banco Mundial y el BID?- preguntó este corresponsal a Caputo.
“La plata está”, replicó.
El ministro de Economía encadenó ciertos recursos estratégicos de la Argentina -Trump-Milei y el programa de ajuste- que le permitieron coronar su proyecto de financiación multilateral en las Sesiones de Primavera del FMI.
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El viernes a la noche, cuando terminó su cónclave con Georgieva, Caputo se fue a cenar con su equipo.
Se lo vio sonreír.
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