
En medio de debates educativos centrados en contenidos, evaluaciones y tecnología, hay una dimensión decisiva que sigue siendo subestimada: la educación emocional. Sin embargo, en contraposición a lo que se cree, no es un complemento, es una condición necesaria para que el aprendizaje ocurra.
La evidencia científica es contundente. Investigaciones en neuropsicoeducación muestran que el estrés, el miedo y la ansiedad deterioran la capacidad de aprender. Los estudios evidencian que las emociones positivas amplían la atención y favorecen procesos cognitivos más complejos. “Cuando el contenido no posee componente emocional o este es mínimo, las chances de consolidación y almacenamiento son bajas”. (Tyng et al., 2017)
PUBLICIDAD
Dicho de manera directa: no hay aprendizaje profundo en estados emocionales de amenaza.
No obstante, durante décadas, la escuela y también la familia no sólo omitieron la educación emocional, sino que la confundieron con disciplinamiento: se suponía que los niños y adolescentes debían aprender a controlar sus emociones, aunque nadie les enseñaba cómo hacerlo. Y en la vida cotidiana abundaban prácticas que invalidaban lo emocional. Frases como “no es para tanto” o “dejá de llorar” no enseñaban a gestionar emociones, sino más bien a negarlas. Y lo que no se nombra, no se elabora.
PUBLICIDAD
Regular las emociones no es reprimirlas, es reconocerlas, comprenderlas y construir respuestas más saludables. Tal como define el psicólogo Daniel Goleman (1995), la inteligencia emocional implica la capacidad de reconocer y comprender las emociones propias y las de los demás y aprender a gestionarlas. Y, a diferencia de lo que se creía, no es un rasgo fijo, sino que se entrena y se desarrolla. Tampoco son respuestas fisiológicas individuales, sino que hay formas colectivas o habilitadas en cada cultura.
Esto implica un cambio profundo en la mirada y el abordaje; la gestión emocional no es control, es conciencia de lo que siento además de tener estrategias para regular lo que siento y así mejorar las relaciones interpersonales y generar habilidades como la toma de decisiones o resolución de problemas, tan necesarias en los tiempos que corren.
PUBLICIDAD
Según UNICEF, el entorno familiar es determinante en el desarrollo emocional. La calidad de los vínculos tempranos influye directamente en la capacidad de autorregulación, empatía y resiliencia.
Sin embargo, según un informe de UNESCO (2021) que advierte que el aprendizaje socioemocional es clave para el desarrollo integral, sostiene que su implementación es desigual y muchas veces fragmentaria. El punto crítico es que, si la familia no se ocupa, tampoco puede recaer solo en la escuela porque no siempre tiene las herramientas para hacerlo.
PUBLICIDAD
La Organización Mundial de la Salud advierte que uno de cada siete adolescentes en el mundo presenta algún trastorno mental, siendo la ansiedad y la depresión los más frecuentes. En Argentina, distintos relevamientos post pandemia han mostrado un aumento significativo del malestar emocional en jóvenes. Este escenario no puede ser leído sólo desde lo psicológico, sino también es un desafío educativo.
Las infancias y adolescencias actuales crecen en entornos de alta exposición emocional: redes sociales, sobreinformación y exigencias permanentes. Y, más allá de prohibir o no el uso del celular, es necesario enseñar a comprender lo que sienten. Y aquí la educación emocional se vuelve estratégica.
PUBLICIDAD
Las prácticas pueden ser simples pero potentes: identificar emociones, reconocer su intensidad, ponerlas en palabras y aprender a detener la reacción impulsiva. Estrategias como relatos que refieran al tema o el “semáforo emocional” -parar, pensar, actuar- o los “barómetros emocionales” ayudan a desarrollar autoconciencia desde edades tempranas. Pero, más allá de conocer algunas herramientas, el adulto debe convertirse en una figura de apego seguro que le genere un entorno de confianza y sea una figura de referencia.
En ese marco, lejos de ser un obstáculo, las emociones son una oportunidad para enfrentar el mundo. Incluso el conflicto -tan evitado en la escuela- puede ser una instancia de aprendizaje. La clave no está en eliminarlo, sino en enseñar a abordarlo y resolverlo. Como venimos sosteniendo desde hace tiempo, el problema no es el conflicto en sí, sino las respuestas que se construyen frente a él. Por eso, las instituciones deben generar redes de cuidado, espacios de escucha y estrategias de acompañamiento.
PUBLICIDAD
A falta de equipos de orientación escolar en la mayoría de las escuelas, los tutores, profesores y directivos deben estar capacitados para acompañar las adolescencias actuales y tener formas e instrumentos de abordaje para evitar situaciones graves.
Educar es formar personas capaces de comprenderse, vincularse y habitar un mundo cada vez más complejo. Y, para eso, se necesita un adulto que acompañe, sostenga, habilite o, al menos, intente hacerlo.
PUBLICIDAD
En una época atravesada por la prisa y la fragmentación, enseñar a poner en palabras lo que se siente y a cuidar al otro puede ser, quizás, el acto pedagógico más transformador de nuestro tiempo.
Últimas Noticias
De Clinton a Trump, el imán del centro hacia 2028
Las derrotas demócrata de 1994 y republicana de 2026 muestran el costo electoral de alejarse del centro y reabren el debate sobre el futuro del trumpismo.
Deepfakes: el fallo que protege la imagen y la reputación frente a los videos falsos creados por inteligencia artificial
Un fallo de Bombay anticipa cómo proteger la reputación frente a los deepfakes. Las medidas cautelares, la prueba y los límites del derecho penal serán decisivos en los tribunales argentinos.

¿Qué pasa si un paciente nace sin uno o más dientes?
La condición ocurre cuando una pieza nunca llega a formarse, a diferencia de las pérdidas por caries o traumatismos, y puede identificarse durante la adolescencia o en la adultez mediante una evaluación odontológica

Si la IA responde, ¿qué debe seguir haciendo la escuela?
El avance de estas herramientas desplaza el foco desde memorizar contenidos hacia el razonamiento, la formulación de preguntas y la capacidad de justificar conclusiones sin asistencia digital durante las actividades académicas

Infancias del presente: lo que Poznán y Sao Paulo exigen a las políticas públicas
Las declaraciones de OMEP y CLADE plantean que la enseñanza inicial requiere inversión estatal, participación infantil, protección frente a la violencia y condiciones laborales dignas para el profesorado en toda la región latinoamericana



