Recapitulando los últimos hechos. Desde la Revolución Islámica del ayatolá Jomeini en 1979, y pese a las permanentes tensiones entre EEUU e Irán, el estrecho de Ormuz se había mantenido libre y abierto para la navegación global, excepto con cierres parciales y tensiones durante la guerra Irán-Irak, en los 80. Hoy no está totalmente cerrado y sigue abierto para buques de China, India, Francia, Pakistán y otros; en algunos casos pagando un canon. Hay conversaciones de Irán con Omán (la otra orilla), para establecer un peaje permanente como en el canal de Panamá o en el de Suez. EEUU desató la denominada “Operación Furia épica”, definida como una “operación de combate especial”, (similar a la “operación militar especial” de los rusos); iniciada para lograr un cambio de régimen logrado mediante una mezcla de fuerza militar y coerción subversiva. Actualmente, EEUU sigue amenazando con destruir la infraestructura energética y la vial de Irán, si éste no abre totalmente el estrecho y elimina totalmente su plan nuclear; Irán replica que lo haría, bajo ciertas condiciones, entre ellas que se pare la guerra totalmente contra su país y sus aliados vecinos; lo cual involucra a Israel, quien actúa prácticamente con independencia de lo que decida EEUU. Irán y EEUU parecen querer iniciar conversaciones de paz, pero con agendas y pretensiones diferentes. Este proceso iniciado el 28 de febrero resulta bastante extraño, porque llegamos a estos momentos, en que EEUU quiere terminar rápidamente la guerra, pero evitando involucrar tropas terrestres. Mientras tanto, Irán pide que la paren de bombardear, buscando una paz definitiva. Está claro para el resto del mundo que no hay claridad de objetivos estratégicos por parte de EEUU: cambio de régimen; control del petróleo; programa nuclear; temas misilísticos; control de Ormuz; cada uno de ellos proclamado y luego negado. Esa falta de claridad y coherencia está provocando este terremoto global. Veamos quiénes van ganando y quiénes van perdiendo.
EEUU: declara “victoria total y completa”, como estrategia de búsqueda de una salida rápida y ansiosa por parte de Trump (Vance dixit). Ha quedado la impresión que la “protección” de EEUU para con sus aliados que tienen bases militares norteamericanas ha sufrido un descrédito. También sus relaciones con Europa y la OTAN han desmejorado. El problema de EEUU es que no podría retirarse ahora mismo del conflicto porque significaría dejar a Irán mucho mejor posicionado de lo que estaba antes; cobrando peaje en el Estrecho de Ormuz, y consolidando a un Estado controlado por la Guardia Revolucionaria, con enormes incentivos para avanzar en su desarrollo nuclear y militar. EEUU se comienza a parecer a un domador de circo, que cree que el gran desafío es sacar al tigre de la jaula, pero olvidando que el verdadero problema es volverlo a meter en ella, lo cual no parece tan fácil como se lo imaginaba. Se ha vuelto problemática la situación de Trump.
IRáN: pierde infraestructura militar y civil, pero consigue una tregua, sin admitir derrota; pero sin ganar definitivamente. Por ahora logra sostener su estrategia de desgaste. Además, Trump le ha aceptado el plan de 10 puntos de Irán como base para las negociaciones. Sigue manteniendo la posibilidad de la ampliación del conflicto a los aliados de EEUU en la zona.
ISRAEL: su capacidad militar le ha alcanzado para bombardear ciertos puntos críticos de Irán y de Líbano. Pero no ha podido evitar que muchos misiles de Irán y de Hezbolá cayeran sobre su territorio. Ha invadido el sur del Líbano, extendiendo su frontera (¿camino al Gran Israel?). Sigue contando con el respaldo de EEUU. Victorias tácticas, muchas incertidumbres estratégicas.
ARABIA SAUDITA, EMIRATOS áRABES UNIDOS y otros: son los principales perjudicados, porque son países con ambiciosos programas de modernización y atracción de proyectos que ahora se encuentran con un mundo muy inestable y tenso, poco propicio para nuevas inversiones. Sus modelos económicos dependen de la paz, la estabilidad y la integración. Todo ese progreso está en riesgo: las exportaciones de petróleo se ven afectadas y la región ha pasado de tener una proyección estable a convertirse en un foco de conflicto. Luego que Israel rompiera la tregua, atacando al Líbano, es poco probable que los países árabes sigan en buenas relaciones con Israel. De la mano de Mohammed bin Salman (MBS), Arabia Saudita e Irán ya habían restablecido relaciones en el año 2023, precisamente para disminuir la tensión geopolítica y tendiente a equilibrar el poder hegemónico de Israel en Medio Oriente. Hoy están seriamente enfrentados. El enredo provocado es mayúsculo.
EUROPA: también pierde porque enfrenta costos energéticos asfixiantes, lo cual disminuye su competitividad industrial; se le suma la presión que les ejerce Trump para que aumenten su gasto en defensa para mantener activa a la OTAN, una alianza defensiva que no participó en las guerras de Corea, Vietnam o Irak; además deben aguantar el enojo de Trump, porque no lo ayudan a resolver la trampa de Ormuz.
RUSIA: es el gran beneficiado porque obtendrá ganancias adicionales mensuales con la suba del precio del petróleo y el alivio de las sanciones por parte de EEUU.
UCRANIA pierde, ya que las armas defensivas que necesita son desviadas hacia Medio Oriente.
CHINA gana porque EEUU se empantana en el conflicto de Medio Oriente y pierde foco en Asia. Aunque China dependa, para su crecimiento, del petróleo de Medio Oriente, tiene un proveedor seguro (Rusia) y a sus grandes inversiones en tecnología verde, que la protegen de muchos de los costos de esta guerra y la posiciona ante el mundo como una superpotencia más responsable y menos disruptiva.
No está claro qué busca realmente EEUU más allá de escoltar a su aliado histórico, Israel. Se ha calificado de error la suspensión realizada por Trump del pacto nuclear (JCPOA) con Irán realizada por Obama, ya que reemplazó un tratado que daba cierta contención por la nada absoluta; de haberse mantenido el JCPOA hasta su expiración, Washington podría haber exigido su extensión. Si Teherán se negaba, la opción militar tendría más respaldo mundial. Además, permitía cierto seguimiento de las actividades nucleares iraníes. Por otro lado, la manifestación inicial de Trump, que le da lo mismo cualquier régimen iraní, mientras EEUU “maneje” el petróleo (caso Venezuela) o bien el Estrecho de Ormuz, significa volver al mundo de Mackinder, consistente en controlar geopolíticamente los estrechos, solo para limitar a China. Beijing asume entonces que el conflicto contra Irán amenaza sus intereses estratégicos e intervendrá a medida de su avance; hoy haciendo que Pakistán sea un mediador confiable. Beijing teme que, al perder poder relativo, un EEUU volátil, ejerza el inmenso poder que le queda, provocando mayor caos global con disminución del crecimiento económico mundial, lo cual afectaría su expansión y desarrollo.
Por otro lado, poco se habla de una preocupación profunda que tendría EEUU en cuanto a la pérdida progresiva de la importancia del dólar como valor de reserva mundial y como moneda universal de transacción de commodities. Controlar el enorme flujo de petróleo significa mantener su moneda de transacción (petrodólar). Si las transacciones crecientemente se realizan en rublos o en yuanes, el dólar va perdiendo importancia. En esa lógica, las finanzas de EEUU decaen y no podrían seguir sosteniendo el enorme aparato de defensa, el mayor del mundo, base de su poder actual. Siempre se dijo que el valor del dólar, libremente emitido (maquinita), estaba respaldado por su poder militar. La inversa también vale. Muchos recuerdan que Alemania perdió sus guerras porque sus finanzas no alcanzaban a recuperarse para respaldar sus capacidades tecnológicas y militares.
CRISIS DEL ORDEN BASADO EN REGLAS. En la reciente cumbre de Múnich, Marco Rubio calificó el “orden internacional basado en reglas” legado de la II GM como una “ilusión tonta” (foolish delusion) que debilitó a EEUU. China defiende el libre comercio y EEUU defiende el proteccionismo. Las normas de la Organización Mundial de Comercio o la Organización Mundial de la Salud son rechazadas por EEUU, lo cual quiebra todo el sistema de la ONU, quien ha sido incapaz de tener un papel medianamente decoroso en las guerras de Irak, Afganistán, Crimea, Yemen, Sudán, Ucrania, Gaza e Irán. Emite dictámenes declarativos que nadie respeta o cumple. Todo “orden” guarda relación con la distribución de poder mundial, y crea las instituciones y las normas que la reflejan. Los ganadores de la II GM organizaron, en 1945, las reglas e intereses dentro de la ONU, con preponderancia de criterios occidentales. Hoy el poder se fue corriendo de Occidente a Oriente, acompañado por la irrupción del denominado Sur Global o potencias intermedias y del empoderamiento de actores no estatales, principalmente financieros, que tienen más recursos e influencia que la suma de varios países.
EL DESORDEN GLOBAL El caos mundial actual es producto del crecimiento del mundo multimodal, no sólo de China sino también de las potencias intermedias (India, Turquía, Israel, Arabia Saudita, Indonesia, Brasil, etc.) que además de crecer económicamente, cada vez más adoptan posiciones intermedias, o de mayor autonomía estratégica, a la cual China no se opone y EEUU quiere controlar o al menos, supervisar, y eso ya no es tan sencillo. Si el orden anterior cruje, significa desorden y caos, quiebra de procedimientos, reglas y costumbres. No parece que aparezca por ahora una transición ordenada, sino la continuación de una guerra irrestricta mundial, sin límites, con una manifestación clara, directa y sin hipocresías que la enmascaren, del poder bruto, sea este militar, económico o cognitivo. Ya estamos normalizando que un país invada, bombardee civiles, ataque las infraestructuras básicas y mate líderes religiosos o políticos, sin importar las reglas. La guerra contra Irán es un caso más, entre otros anteriores, pero el caso de Irán es mucho más relevante por sus implicancias económicas a nivel global, aunque también estratégicas para EEUU y China. Probablemente el futuro nos depare un ordenamiento sin hegemonías, sin regreso a lo anterior, nada fácil ni rápido de lograr. Por eso, todo seguirá siendo, por un buen tiempo, incierto, turbulento y asombrosamente inestable.
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