
En el fútbol argentino pasan cosas increíbles. Si un equipo juega mal, pierde puntos. Si un club administra mal, desciende. Pero si Claudio “Chiqui” Tapia y Pablo Toviggino tienen que declarar ante la Justicia, entonces se para todo. Como dice el dicho futbolero: “Si la Justicia pita, ellos hacen foul… y paran el partido”.
El paro anunciado entre el 5 y el 9 de marzo no es casualidad. No es un reclamo gremial. No es “por el fútbol”. Es un escudo.
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Una maniobra para intentar frenar la Justicia mientras los tribunales avanzan sobre presuntas maniobras millonarias de apropiación indebida de tributos, aportes sociales, empresas fantasmas y facturación trucha por al menos $19 mil millones.
No se puede tapar el sol con la mano. Por más que se intente, la luz siempre prevalecerá. Tampoco se puede esconder la corrupción en el fútbol argentino, donde un grupo de dirigentes no sólo reveló su poder atroz para torcer arbitrajes y hacer campeones a medida, sino que se enriqueció a costa de negocios espurios y relaciones de poder que permitieron que sus negocios personales perduren en el tiempo… y con la plata de todos. Así son las cosas hoy. Pero esa historia se acabó. Las mansiones, las deudas en la AFA y la corrupción pusieron a Tapia y Toviggino en el banquillo de los acusados.
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Y ahora, en una situación insólita, mezcla de ciencia ficción y terror, el juez los cita y ellos responden con un paro. Película surrealista donde los hinchas se convierten en rehenes. Presentamos la recusación de Mahiques, cuya Sala debe definir el futuro de la causa de la casona de Pilar atribuida a Toviggino, porque entre otras cosas festejó su cumpleaños ahí, rodeado de caballos, autos de colección, helipuerto y amigos cuyos nombres siguen guardados bajo siete llaves. Al menos tuvo el decoro de renunciar.
La impunidad de Tapia y Toviggino se sostiene en pactos y silencios. Desde la Coalición Cívica venimos denunciando estas prácticas hace años. Fuimos los primeros en señalar posibles testaferros por la compra de la mansión en Pilar. Mientras otros miraban para otro lado, nosotros dejamos claro: nadie está por encima de la ley.
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Esa coherencia la encarnó también Elisa Carrió, enfrentando estructuras de poder cuando muchos preferían callar. Denunciar no es cómodo. Investigar molesta. Pero mirar para otro lado es ser cómplice.
El fútbol argentino necesita transparencia, no paros preventivos para proteger a unos pocos. Necesita dirigentes que den explicaciones, que exhiban balances, que se sometan al control y no que apaguen la pelota cuando la Justicia toca la puerta. Porque… ¿qué pasa si los procesan?, ¿habría paro por tiempo indeterminado? Si las otras causas avanzan y los citan a declarar para que expliquen cómo un monotributista tenía una tarjeta corporativa de la AFA con 50 millones de pesos por mes para pagar los seguros de los autos importados, ¿también pararía el fútbol? O sea ¿todos los domingos habría paro si la justicia avanza?
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