Consejo de Paz: un importante primer paso para la estabilización de la Franja de Gaza

El encuentro, encabezado por Donald Trump, representará la primera vez desde que Hamas desató la agresión terrorista en octubre de 2023 que un representante de Israel se reúna con múltiples líderes árabes en un foro diplomático formal

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El presidente de Estados Unidos,
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump; el de Argentina, Javier Milei: y el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinian, durante la firma del Consejo de Paz (Captura de TV)

La sesión inaugural del Consejo de Paz, en el marco del lanzamiento de la segunda fase del plan de paz de 20 puntos propuesto por el presidente estadounidense Donald Trump (refrendado por la resolución 2803 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas), abre un nuevo capítulo en la diplomacia impulsada por la Casa Blanca. La reunión aspira a ofrecer resultados donde otros marcos multilaterales han mostrado limitaciones y estaría concebida como un encuentro centrado en la estabilización y la reconstrucción de la Franja de Gaza. El cese al fuego de octubre 2025 forma parte de ese objetivo y la reunión buscará la manera de asegurarlo y consolidarlo internacionalmente.

La convocatoria también produce un principio de deshielo regional. Sería la primera vez desde que Hamas desató la agresión terrorista en octubre de 2023 que un representante de Israel se reúna con múltiples líderes árabes en un foro diplomático formal (Arabia Saudita, Egipto, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait y Marruecos). También podría ser un paso para la revitalización de la agenda de los Acuerdos de Abraham del 2020, demostrando que Israel y algunos Estados árabes pueden colaborar nuevamente en temas prácticos de seguridad y desarrollo.

Desde una perspectiva pragmática, el Consejo de Paz concentraría esfuerzos en la reconstrucción de Gaza, incluida la desmilitarización de Hamas. Según fuentes del Instituto de la Paz de Washington, donde se celebraría el encuentro, la sesión servirá también para medir el compromiso político y financiero de los participantes, además de sentar bases para futuras acciones de carácter más operativas. La presencia de Estados de distintas regiones indicaría la intención – al menos inicial- de buscar soluciones multilaterales a la crisis humanitaria y poner freno a los riesgos constantes de actividades terroristas.

En paralelo, la sesión actuaría como una revisión del marco político de los 20 puntos promovidos por Trump. Este conjunto de pasos probablemente operará como una guía conceptual para el proceso, más que como un plan normativo o un acuerdo negociado. Según lo que se conoce hasta ahora, se estructuran en torno a cuatro ejes principales: seguridad y contención de la violencia; gobernanza transitoria en Gaza; reconstrucción económica; y un marco regional e internacional que amplíe el involucramiento de actores árabes y donantes globales.

En ese contexto, el encuentro evaluará la viabilidad del propio mecanismo que representa el Consejo de Paz como ejercicio de estructuración diplomática. Su relevancia no radicaría tanto en anuncios inmediatos como en la capacidad para generar consenso inicial, identificar puntos de fricción y determinar si existe una base suficiente para avanzar hacia un proceso más amplio y sostenido. Sin embargo, la cautela de la Unión Europea y de otros países relevantes refleja que el Consejo enfrenta desafíos diversos, que incluyen la coordinación con estructuras ya existentes, como las Naciones Unidas.

Para Argentina, que ha expresado la intención de integrar el Consejo de Paz, su presencia es concordante con el papel activo a favor de la paz, el relacionamiento especial con el Estado de Israel y en contra de las acciones criminales y terroristas provocadas por Hamas. También es una forma de contribuir a la seguridad de argentinos que residen en Israel, estimados entre 60 mil y 90 mil personas incluyendo descendientes, lo que convierte a esa comunidad en una de las diásporas argentinas mas significativas.

La participación del presidente Javier Milei en el Consejo de Paz, más que como un gesto protocolar, puede leerse como una señal diplomática de inserción activa en una iniciativa que busca redefinir los canales clásicos de mediación internacional. Al mismo tiempo, tiene un valor simbólico que refuerza la postura tradicional de Argentina en contra del terrorismo, contribuyendo a la disminución de la amenaza de Hamas y fortaleciendo un marco de seguridad que permita avanzar hacia una paz duradera en la región.

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