La crisis venezolana ha entrado en una fase crítica tras los sucesos de los últimos días. Es una situación que ha generado profunda incomodidad por lo compleja. Un pueblo agobiado por años de democracia fingida y elecciones fraudulentas, miles de venezolanos exiliados de su tierra por no tener condiciones adecuadas para sobrevivir y la comunidad internacional que ha mirado para otro lado o se ha hecho la distraída. La intervención de Trump es festejada por muchos como una liberación, pero de dudosa legitimidad desde el punto de vista del derecho internacional.
La Iglesia Católica, tanto en Venezuela como a nivel internacional, ha levantado su voz pidiendo una salida pacífica y justa. El papa León XIV, los obispos venezolanos y sus pares de Argentina coinciden en un pronunciamiento claro: urge una solución política que respete la voluntad del pueblo venezolano, sus derechos humanos y la paz social, en vez de la violencia o la imposición de fuerza.
En su más reciente intervención pública, León XIV expresó su “grave preocupación” por el aumento de las tensiones en Venezuela tras el derrocamiento y captura del exmandatario Nicolás Maduro por parte de fuerzas de Estados Unidos. Hablando ante el cuerpo diplomático en el Vaticano, el Papa insistió en la necesidad de buscar soluciones políticas pacíficas que prioricen el bien común por encima de intereses partidistas. Renovó su llamado a que se respete la voluntad del pueblo venezolano y se protejan los derechos humanos y civiles de todos. “Renuevo mi llamamiento para que se respete la voluntad del pueblo venezolano y se trabaje por la protección de los derechos humanos y civiles de todos y por la construcción de un futuro de estabilidad y concordia”, sostuvo el pontífice. Sin duda será una transición larga y trabajosa.
León XIV subrayó también la importancia de garantizar la soberanía nacional y el Estado de Derecho en el país caribeño, instando a superar toda forma de violencia. En su mensaje dominical tras el Ángelus, había pedido explícitamente que “el bien del amado pueblo venezolano debe prevalecer sobre toda otra consideración”, exhortando a emprender caminos de justicia y paz en vez de la confrontación armada. El Papa invitó a la comunidad internacional y a todos los venezolanos a trabajar unidos por un futuro de estabilidad, colaboración y concordia, con especial atención a los más pobres que sufren la grave crisis económica. En un gesto pastoral, llamó a orar por el futuro del país, invocando la intercesión de la Virgen de Coromoto, patrona de Venezuela, y de los nuevos santos venezolanos José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles. La Iglesia en Venezuela ha sufrido persecución y se ha mantenido firme y prudente durante el régimen de Maduro, recordemos que cambió la fecha de las festividades navideñas que se celebraban en octubre y decía tener contactos directos con Dios.
La preocupación y el acompañamiento de la Iglesia traspasan fronteras. La Conferencia Episcopal Argentina (CEA) hizo pública una carta enviada a los obispos de Venezuela expresándoles su cercanía fraterna en esta hora incierta. “Queridos hermanos: queremos hacerle llegar a la Iglesia y al pueblo venezolano el saludo y la cercanía de la Iglesia que peregrina en la Argentina”. En la carta firmada por Mons. Marcelo Colombo (presidente de la CEA), los obispos argentinos se hacen eco de las palabras del Papa León XIV, recordando que “el bien del querido pueblo venezolano debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración, garantizando la soberanía del país, asegurando el Estado de derecho [...] y respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno, con especial atención a los más pobres”.
Los obispos argentinos manifiestan estar “a su lado en estos tiempos complejos”, asegurando su afecto, oración y compromiso con el pueblo venezolano. “Los acompañamos en el afecto y comprometemos nuestra oración”.
Dentro de Venezuela, la Iglesia local ha mantenido una postura prudente pero firme. Tras el ataque aéreo sobre Caracas y la detención de Maduro, el presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, Mons. Jesús González de Zárate, describió un pueblo “agotado y asustado” pero con una calma tensa. En esas primeras horas de incertidumbre, los obispos venezolanos llamaron a la prudencia, la serenidad y la unidad, evitando reacciones violentas. Su mensaje al Pueblo de Dios invitó a fortalecer la esperanza, la oración ferviente y el compromiso activo por la paz, rechazando toda manifestación de violencia. “Nuestras manos deben abrirse para el encuentro y la ayuda mutua, y que las decisiones que se tomen se hagan siempre por el bienestar de nuestro pueblo”, exhortó el comunicado de la CEV, pidiendo mantener la calma y la solidaridad en este momento crítico.

Los obispos enfatizaron que cualquier cambio debe darse con participación de todos los sectores y en el marco de la Constitución y los valores democráticos que la sociedad venezolana ha elegido. Se trata, insisten, de responder a los problemas en paz, con diálogo y respeto a las diferencias, antes que profundizar la división.
Monseñor González de Zárate subrayó la responsabilidad primero de los propios venezolanos en la solución de la crisis, agradeciendo el apoyo internacional en lo humanitario y en la defensa de los derechos humanos, pero recordando que el destino del país debe ser construido principalmente por su propio pueblo. En este sentido, valoró especialmente las palabras de aliento del Papa, en las que “encontramos todo un programa a seguir: superar la violencia, emprender caminos de justicia y paz, garantizar la soberanía [...] asegurar el Estado de derecho [...] [y] construir un futuro mejor”.
La actitud de la Iglesia frente a esta crisis no es improvisada ni aislada, sino que se enmarca en una continuidad doctrinal y pastoral. Ya el papa Francisco, en su encíclica Fratelli Tutti, abogaba por una “cultura del diálogo” como vía para resolver los conflictos y llamaba a poner la dignidad humana en el centro de la política. Ese documento, nacido en plena pandemia como un grito por la fraternidad universal, insiste en que “el diálogo [...] es la única vía para una paz duradera”. La preocupación por los más vulnerables, el rechazo a la violencia como método y la búsqueda de encuentro entre hermanos son ejes que Francisco planteó con fuerza en su pontificado.
La Iglesia sigue siendo fiel a su misión de constructora de puentes en un mundo fracturado.
Al cerrar su mensaje sobre Venezuela, el papa León XIV extendió la mirada más allá de sus fronteras, recordando la “desesperada situación de Haití” y otras crisis olvidadas, y rogando por un compromiso internacional que ayude a restablecer justicia y paz. Esa mirada universal subraya que cada pueblo herido importa, que ninguna guerra es pequeña y que ninguna injusticia debe dejarnos indiferentes. La Iglesia, en sintonía con el espíritu de Fratelli Tutti, se ofrece como conciencia moral ante los poderosos y como consuelo espiritual para los pueblos. Su llamado en Venezuela a la prudencia, al diálogo y al respeto de la voluntad popular es en el fondo un llamado a todo el mundo: a recuperar la fe en la paz, a defender la dignidad de cada persona y a no ceder ante la tentación de la fuerza.
En tiempos en que la violencia política amenaza con volverse paisaje cotidiano, la palabra de los pastores invita a una reflexión esperanzada. Frente a la incertidumbre y el miedo, proponen la senda difícil pero luminosa del entendimiento y la reconciliación. No es ingenuidad, es Evangelio vivido: creer que incluso en la noche más oscura puede nacer una luz de paz. Y que esa luz, por frágil que parezca, tiene la fuerza de inspirar a toda la familia humana a reencontrarse como verdaderos hermanos.
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