
El silencio en el Boeing 707 era absoluto en los minutos finales antes del aterrizaje en Moscú. Corrían los últimos días de noviembre de 1975 y el impacto cuando bajamos por la escalerilla fue absoluto.
En medio de un frío glaciar, ver al avión rodeado de soldados con cara de pocos amigos fue una situación impactante y el inicio de sorpresas inimaginables que se fueron profundizando conforme pasaban los días en el país comunista por excelencia, en plena vigencia de la Guerra Fría.
La opresión, desconfianza, vigilancia absoluta y fundamentalmente la falta de libertad, fueron el común denominador durante la permanencia en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas pero finalmente el milagro ocurrió el 9 de Noviembre de 1989, cuando inesperadamente para todos, cae el Muro de Berlín y a partir de ese momento se extingue el comunismo, excepto en Cuba y Corea del Norte.
Por tal motivo, sorprende que varios políticos alrededor del mundo, hayan desempolvado este término donde no se comprende si es por ignorancia o ingenuidad inexplicable.
Lo concreto es que gracias al Nuevo Orden Internacional que surge en la capital alemana con la eliminación de la Cortina de Hierro, comienza una era caracterizada por el Multilateralismo, Interdependencia y Globalización que modifica en forma superlativa el paradigma vigente en términos de Relaciones Internacionales.
El comunismo, reiteramos, no existe más como tal excepto en esos dos países mencionados previamente y por lo tanto, mencionar, por ejemplo, que los gobiernos de Chile o de Uruguay hayan implantado ese régimen perverso pero prácticamente inexistente, no sólo es un inconcebible exceso verbal sino una manipulación lingüística perversa que no resiste el más mínimo análisis ni justificativo.

Dicho esto, recordemos que el Liberalismo como doctrina opuesta a todo sistema que niega las libertades individuales, se basa en dos columnas fundamentales: la Democracia desde el punto de vista político y la Economía de Mercado. Ambos son inescindibles ya que no existe libertad si se carece de uno de esos dos elementos y enfatizamos que el Estado es el medio para lograr esos fines, o sea a través de sus tres funciones excluyentes y monopólicas: Seguridad, Defensa y Justicia y de dos subsidiarias: Salud y Educación. Todo lo demás, desde el punto de vista económico, sí, debe estar en manos privadas.
Juan Bautista Alberdi, con meridiana claridad, escribía en el Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina…”El Estado no ha sido creado para generar riqueza sino para hacer Justicia. No ha sido creado para hacer ganancias sino para ser custodio y centinela de los derechos individuales”.
El gran tucumano, Padre indiscutido del Liberalismo en nuestro país, expone en este párrafo dos conceptos fundamentales. Por un lado considera indispensable para una Nación tener un Estado y simultáneamente blinda a los ciudadanos para que él no se exceda, circunscribiéndolo con absoluta precisión a los fines para los cuales fue creado, como hemos mencionado.
Para que no queden dudas, Alberdi proporciona explícitamente el respaldo legal, representado en los primeros treinta y cinco artículos de nuestra Constitución, o sea los principios “pétreos” de la Carta Magna que se refieren precisamente a Declaraciones, Derechos y Garantías.
Este es el concepto Liberal: el Estado es imprescindible pero debe ser limitado representando por lo tanto el dique de contención infranqueable para proteger los derechos individuales de todos los ciudadanos.
Respecto al anarquismo, marxismo y nacional-socialismo, por razones de espacio no podemos profundizar todos los conceptos que impregnan a estos tres regímenes totalitarios pero sí, haremos una muy breve definición general de cada uno de ellos:
- ANARQUISMO: rechazo total a la autoridad del Estado, entendido como monopolio de la fuerza y lucha decisiva e implacable para abolirlo por considerarlo no solamente completamente innecesario sino perjudicial para el desarrollo del hombre.
- MARXISMO: teoría social, política y económica que se centra en las luchas entre los capitalistas y la clase trabajadora. El comunismo se basa en la idea absoluta y total de propiedad estatal de bienes de producción y distribución y la ausencia de clases sociales, donde lo privado no puede existir.
- NACIONAL – SOCIALISMO: se concreta como un régimen también totalitario como los dos anteriores, que exalta la figura del líder en proporciones enfermizas y propone, entre otros conceptos denigrantes, el nacionalismo más virulento y el imperialismo visceral que obliga a conquistar a los pueblos que ellos consideren inferiores.

La pregunta que nos hacemos entonces es si existe alguna coincidencia, en términos generales, a estos tres regímenes totalitarios.
Estamos convencidos que la respuesta es simple: odio al Liberalismo y por ende al Sistema Democrático. Abjuran de la División de Poderes, del Estado de Derecho y de la Justicia.
Preconizan, sobretodo el nacional socialismo “light” de nuestros días entre otros conceptos irracionales, la supremacía racial, la violencia verbal, el no respeto a opiniones diferentes y el desprecio por la inmigración que, nuevamente Alberdi, fue taxativo en nuestro Preámbulo cuando cerró la puerta a cualquier delirio mesiánico de combatirla.
Que inteligencia superior que poseía y cuantos años se adelantó en términos políticos, económicos y sociales. La deuda de gratitud del pueblo argentino hacia él es inconmensurable.
En estos tiempos de incertidumbre y en algunos casos de inédita apropiación del término Liberalismo, intentando increiblemente colocarle adjetivos como ”clásico”, “social”, “progre”, de “izquierda”, algunos personajes buscan desnaturalizar y confundir adrede a las sociedades con el objetivo final de la implantación de regímenes autoritarios inicialmente y finalmente, totalitarios.
El Sistema Institucional de la Libertad representado por las democracias con los conceptos inmanentes, reiteramos una vez más, de Multilateralismo, Interdependencia y Globalización, está hoy en peligro en todo el mundo. Basta sólo observar la criminal invasión de Rusia a Ucrania para tomar dimensión de los tiempos difíciles que debe afrontar el Presidente Volodímir Zelensky que cuenta, sin embargo, con el firme apoyo mayoritario de la Unión Europea, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y Canadá, entre otros países centrales.
Si se acepta la conquista territorial mediante la fuerza violando el derecho internacional, las democracias europeas corren un peligro serio y luego cual mancha venenosa, afectarán gravemente la totalidad de ellas en los demás continentes. Recordemos a fines de la década del 30 en el siglo pasado cuando las concesiones a Adolfo Hitler fueron aceptadas una por una y como terminó esa nefasta experiencia.
Teniendo en cuenta que el Liberalismo no se negocia, luchemos con todas nuestras fuerzas y convicciones para impedir que este andamiaje político, social, filosófico y económico que tanto sacrificio costo construir a lo largo de trescientos años, sea destruido por doctrinas totalitarias tanto de extrema izquierda como de extrema derecha, que sólo conducen a la miseria moral y material, es decir, a la esclavitud más abyecta.
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