
La provincia de Buenos Aires culmina 2025 con un déficit fiscal equivalente al 0,8% de su Producto Bruto Geográfico (PBG), extendiendo a dos décadas la ausencia total de equilibrio en sus cuentas públicas.
El proyecto de Presupuesto 2026 vuelve a implementar una política fiscal deficitaria y solicita autorización para tomar deuda por USD 3.700 millones, destinada a financiar más déficit y afrontar vencimientos.
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Al presentar el nuevo presupuesto, el gobierno de Axel Kicillof proyecta, neto de la operatoria previsional, un déficit de cerca de $1,6 billones para 2026 (0,5% del PBG), mientras que en 2025 el déficit superaría los $2,1 billones, manteniéndose en 0,8% del producto.
Este modelo no es nuevo. Durante los últimos veinte años, la provincia experimentó una expansión persistente del gasto público, incurriendo en déficits reiterados que derivaron en mayor presión tributaria, creciente dependencia de transferencias nacionales y niveles históricos de endeudamiento.
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En 2004, el gasto provincial era inferior al 10% de su PBG. Desde entonces, el gasto total escaló y se mantuvo por encima del 13% hasta 2023.
Solo la reducción de transferencias discrecionales del gobierno nacional en 2024 -equivalente a un punto del PBG- forzó una baja del gasto debajo del 12 por ciento.
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En 2024, el 59% del gasto total bonaerense se destinó al rubro Personal, con la incorporación de 22.000 nuevos empleados públicos en solo un año.
Los subsidios representaron el 12% del gasto, por encima del promedio nacional (9 por ciento).
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Ingresos y coparticipación: un desequilibrio estructural
Los ingresos propios de la provincia no crecieron al mismo ritmo que el gasto, consolidando así un déficit estructural.
Incluso con una mejor participación en la coparticipación federal (hasta 10 puntos porcentuales más desde 2018), la provincia sigue atada a un esquema que no reconoce su aporte real ni sus necesidades de financiamiento, con una brecha negativa de -31% entre lo que aporta y lo que recibe.
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Frente al avance de las actividades extractivas en otras provincias, Buenos Aires aún representa el 32% del PBI nacional. Produce $32 de cada $100, pero solo retiene $22, el 69% de los recursos generados.

La presión tributaria provincial, principalmente a través de Ingresos Brutos, se incrementó del 2,7% al 4% del PBG en las últimas dos décadas.
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Actividad y PBG per cápita: más habitantes, menor ingreso
Con el 38% de la población nacional residiendo en la provincia, el peso económico relativo queda diluido.
El PBG per cápita en 2024 se estima en USD 12.700, lo que implica USD 2.300 menos que el promedio nacional (un 15% por debajo).
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El PBG per cápita alcanzó su máximo en 2013; desde entonces cayó un 13%, una contracción superior incluso a la registrada por el producto geográfico.

Deuda bonaerense: más presión, menos solvencia
La deuda pública provincial equivale al 6% del PBG, nivel moderado, pero superior al promedio nacional (4 por ciento).
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Esta deuda representa el 58% de los ingresos totales, posicionando a Buenos Aires entre las jurisdicciones más vulnerables en términos de solvencia corriente. La provincia requeriría más de la mitad de su recaudación anual para cancelar todo su stock de deuda.

La sostenibilidad de la deuda está profundamente condicionada por la capacidad de repago.
Buenos Aires enfrenta déficits crónicos desde hace veinte años y carece de crecimiento económico relevante en igual período, lo que deteriora cada vez más la salud de sus finanzas públicas.
A pesar de este contexto, el Ejecutivo provincial solicitó USD 3.285 millones adicionales para la administración central y USD 400 millones para organismos descentralizados.

Estancamiento estructural
Las finanzas públicas bonaerenses exhiben los rasgos característicos de un populismo fiscal arraigado: presión tributaria récord, gasto corriente creciente, sobredimensionamiento del empleo público y de los subsidios como instrumentos de contención social, y un déficit sostenido, incluso en etapas de mayor recaudación.
En un país que discute la reforma del Estado y la eficiencia del gasto, la provincia más grande, poblada y desigual de la Argentina no puede permitirse continuar amparándose en la deuda
No se trata de una crisis inmediata, sino de un estancamiento estructural cada vez más visible, que erosiona la competitividad y las posibilidades de desarrollo.
En un país que discute la reforma del Estado y la eficiencia del gasto, la provincia más grande, poblada y desigual de la Argentina no puede permitirse continuar amparándose en la deuda como única respuesta a sus problemas de fondo.
El futuro requerirá abandonar la inercia del déficit estructural y encarar, de una vez, un cambio de modelo que apueste por la responsabilidad, el desarrollo y la eficiencia.
El autor es Analista económico y financiero de Econométrica y miembro de Fundación Apolo
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