El reciente informe del Banco de la Reserva Federal de Minneapolis, titulado Argentina at a Crossroads, plantea un debate sobre cómo transformar la estabilidad fiscal en desarrollo real, un desafío profundamente asociado a otras dimensiones de buen gobierno.
El documento se apoya en el modelo de Robert Lucas Jr., quien propone una teoría sobre el producto potencial per cápita en países menos desarrollados y, a partir de ese marco, se obtienen conclusiones valiosas.
Se sostiene que el crecimiento a largo plazo puede lograrse si se mantiene la disciplina fiscal y existe libre difusión del conocimiento. Alcanzada la estabilidad fiscal -condición necesaria, aunque no suficiente- se abre la posibilidad de orientar la inversión pública hacia políticas que impulsen el cambio estructural.
En el caso argentino, dicho cambio debiera comenzar por la integración territorial, cerrando brechas logísticas que actualmente obstaculizan la circulación eficiente de la productividad, el conocimiento y la actividad económica.
El cambio debiera comenzar por la integración territorial, cerrando brechas logísticas que actualmente obstaculizan la circulación eficiente de la productividad, el conocimiento y la actividad económica
Difundir el conocimiento requiere la libre disponibilidad de evidencia y datos confiables; en el ámbito territorial, los datos geoespaciales aportan una brújula precisa para identificar zonas cubiertas y reconocer, por ejemplo, los “desiertos de transporte”.
Esto resalta la importancia de aprovechar herramientas satelitales, SIG y inteligencia artificial para reconstruir la conectividad del país.

Durante décadas, Argentina buscó corregir sus desequilibrios fiscales sin superar una de sus principales trampas estructurales: la desconexión territorial. Esta problemática subyace en el análisis publicado por la Reserva Federal, que retoma las lecciones de Lucas Jr. al explicar que las naciones pueden alcanzar su potencial solo si cumplen dos requisitos: apertura comercial y buen gobierno.
Según la interpretación de Tobías Martínez González y Juan Pablo Nicolini, el “buen gobierno” se resume en la práctica sostenida de la disciplina fiscal. Sus argumentos sugieren un paso más: convertir esa disciplina en infraestructura inteligente capaz de conectar regiones, disminuir costos logísticos y multiplicar la capacidad productiva del país. Una vez consolidada la estabilidad fiscal, el siguiente paso lógico es habilitar la planificación estratégica, facilitando al sector privado herramientas eficaces para tomar decisiones.
Esto supone políticas que reduzcan la desconexión territorial: identificar zonas críticas, definir corredores prioritarios y asignar recursos según el impacto comprobable. Así, la estabilidad macroeconómica se convierte en una plataforma para ejecutar inversiones relevantes de manera previsible.
Las naciones pueden alcanzar su potencial solo si cumplen dos requisitos: apertura comercial y buen gobierno
El modelo de Lucas vincula la productividad nacional con el grado de aprovechamiento de conocimiento global, una dimensión que adquiere relevancia territorial.
Actualmente, Argentina no solo exhibe una brecha de productividad respecto al mundo desarrollado, sino también una brecha de conectividad interna que restringe la circulación eficiente de su propio conocimiento y producción.

El concepto de “desiertos de conectividad”, desarrollado por Raúl Katz, expone el problema de cohesión en el interior del país y las diferencias entre conectividad e incentivos de inversión. Si la disciplina fiscal progresa -como indica el documento de la Fed-, la próxima frontera será fortalecer el frente productivo, identificando especialmente las zonas afectadas por baja densidad de rutas, infraestructura deteriorada o excesivos tiempos de viaje hacia nodos logísticos clave y pasos fronterizos. El uso de datos precisos, tecnología satelital e inteligencia artificial será fundamental en esta tarea.
Sobre la base de la disciplina fiscal, el Estado puede implementar un proceso de diagnóstico continuo fundamentado en herramientas geoespaciales: mapear brechas de accesibilidad, estimar sus impactos económicos y priorizar intervenciones según su retorno socioeconómico. Esta metodología transforma la estabilidad fiscal en una política territorial inteligente, garantizando que cada peso invertido atienda una necesidad demostrada.
Regiones del norte y oeste del país, con un PBI per cápita inferior a la mitad de la media nacional, presentan patrones similares a los descritos por Lucas para economías “alejadas de su frontera de conocimiento”
Por ejemplo, la integración de imágenes satelitales Copernicus, sensores Galileo y modelos SIG permite mapear en tiempo real el costo territorial de la desconexión. Regiones del norte y oeste del país, con un PBI per cápita inferior a la mitad de la media nacional, presentan patrones similares a los descritos por Lucas para economías “alejadas de su frontera de conocimiento”. Allí, la falta de infraestructura de transporte no solo limita el comercio, sino también la capacidad de aprendizaje colectivo.
Superar estas brechas exige una nueva estrategia: usar información confiable, especialmente geoespacial, para priorizar inversiones con retornos tangibles. Una política de inteligencia territorial podría identificar los 100 corredores rurales y periurbanos cuya mejora generaría mayor integración productiva y social a nivel nacional.

Tal como proyectan los autores del informe, mantener la disciplina fiscal permitiría un crecimiento del PBI del 4% anual, pero un modelo alternativo basado en conectividad podría sumar hasta un punto adicional si se logra integrar plenamente las regiones relegadas tanto al mercado nacional como al internacional.
El informe de la Fed destaca que Argentina se encuentra “en una encrucijada”, con dos caminos: repetir el ciclo de déficit y crisis, o consolidar una senda de estabilidad y crecimiento. Traducido al lenguaje territorial, el dilema es persistir en una geografía fragmentada o construir una red logística integrada y sostenible:
- La primera opción perpetúa la dependencia de enclaves extractivos y subsidios ineficientes al transporte.
- La segunda transforma la inversión en infraestructura en un potenciador de productividad nacional.
En un país con restricciones fiscales, la innovación se vuelve indispensable. Mediante la inteligencia territorial, el Estado podría optimizar la asignación de fondos, priorizando proyectos medidos por satélite e indicadores de impacto socioeconómico.
Los modelos de accesibilidad -cuánto tiempo tarda el acceso a mercados, escuelas o hospitales- pueden convertirse en nuevos estándares de buen gobierno territorial
Los modelos de accesibilidad -cuánto tiempo tarda el acceso a mercados, escuelas o hospitales- pueden convertirse en nuevos estándares de buen gobierno territorial.
Como en la propuesta de Lucas, el crecimiento depende de la libre difusión de ideas y de reglas claras; en la Argentina de hoy, dependerá también de la difusión de rutas, datos y conectividad, para abrir verdaderas oportunidades de desarrollo a todo el país.
El autor es Master en Economía (Ilades/Georgetown University) y MSc en geoinformación (Twente University)
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