
Que América Latina y el Caribe es una región clave para la acción climática global no es una novedad. Una matriz eléctrica 60% renovable, bajísimos niveles de emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI), y el 70% de las especies de mamíferos, aves, reptiles, anfibios y plantas del mundo hacen que nuestro territorio no sea solo un reservorio de biodiversidad, sino un actor estratégico para liderar la triple transición energética, verde y social.
De igual forma, la Amazonía es mucho más que un símbolo climático. Sus bosques almacenan más de 56 mil millones de toneladas de carbono y sostienen el ciclo hidrológico que alimenta la agricultura y la seguridad hídrica de todo Sudamérica.
Aunque enfrenta problemas vinculados a la deforestación, esa subregión sigue siendo un sumidero neto de carbono, por lo que su cuidado es vital para la estabilidad climática de todo el planeta.
Allí, más específicamente en la ciudad de Belém, se celebró la COP30 de Brasil, que se consolidó como una nueva oportunidad para implementar los compromisos nacionales y globales necesarios para cumplir con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030, una hoja de ruta adoptada por todos los Estados miembros de Naciones Unidas que busca erradicar la pobreza, proteger el planeta y garantizar prosperidad para todos.
En ese escenario, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) jugó un rol importante. Tras el histórico anuncio de una inversión por 40 mil millones de dólares para financiar el crecimiento sostenible y la acción climática en la región, durante la cumbre climática lanzamos nuestro primer bono de resiliencia, junto a la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), con el objetivo de financiar infraestructuras que reduzcan vulnerabilidades y ayuden a asegurar la continuidad de servicios esenciales en toda la región.
Presentamos además un porfolio de 118 proyectos para la protección de 15 ecosistemas estratégicos transnacionales. Y constituimos una alianza energética junto a la iniciativa Finance in Common, el BNDES y el Instituto Clima e Sociedade, para colaborar con la eficiencia en ese campo y la reducción de emisiones en sectores de difícil descarbonización. Además, en conjunto con BID y CDB, anunciamos la iniciativa caribeña de canje de deuda por resiliencia.

A través de nuestra Red de BiodiverCiudades, pusimos en marcha una nueva alianza con el Fondo de Adaptación para destinar 12 millones de dólares a proyectos locales de adaptación. Además, compartimos espacios de discusión e intercambio con ministros, representantes de gobiernos nacionales, autoridades religiosas, referentes sociales y expertos de organismos e instituciones académicas como OIJ, IICA y la Universidad de Oxford.
Una nueva Conferencia de las Partes ha terminado. Y desde CAF seguimos fortaleciéndonos como el banco verde de América Latina y el Caribe. Pero este impulso solo tendrá sentido si, todos juntos, aprovechamos para cuidar nuestro planeta, cerrar brechas sociales y económicas y cambiar nuestros patrones de consumo.
La triple transición verde, energética y social exige decisiones valientes: proteger la Amazonía, invertir en ciudades y territorios sostenibles y garantizar que la transformación llegue a todas las comunidades. La oportunidad está sobre la mesa, convertirla en resultados dependerá de nuestra capacidad colectiva para pasar del discurso a la acción.
*El autor es vicepresidente corporativo de Programación Estratégica de CAF - Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe.
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