
Cada 19 de noviembre, el Día Mundial del Saneamiento nos recuerda algo que rara vez ocupa titulares pero define silenciosamente la calidad de vida de millones de personas: este servicio es un derecho humano esencial y, al mismo tiempo, una deuda global.
Allí donde no hay sistemas adecuados de tratamiento o acceso a sistemas cloacales, se multiplican las enfermedades, se degradan los ecosistemas y se interrumpe la posibilidad misma de desarrollo.
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Sin embargo, pocas veces se pone en valor el trabajo humano y el conocimiento técnico que hay detrás de esos sistemas. El saneamiento no es solo infraestructura; es un entramado de saberes que combina ciencia, tecnología, políticas públicas, gestión social y compromiso comunitario. Hacer visible esa red es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo.
En Argentina, aún persisten profundas desigualdades territoriales en el acceso a los servicios. Superarlas requiere inversiones, una tarifa sustentable que le dé viabilidad al servicio y la creación de infraestructura que acompañe el crecimiento demográfico del país y la región. Esto sin dudas exige profesionales preparados para intervenir con mirada integral, con capacidad de articular saberes técnicos y sensibilidad social. Por eso, la educación superior juega un papel clave: formar personas que lo comprendan como esencial y como un bien común.
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Desde el Instituto Universitario del Agua y el Saneamiento (IUAS) trabajamos con esa convicción. Somos la primera institución universitaria del país especializada en la temática, y desde nuestro Observatorio del Agua y el Saneamiento para el Desarrollo Humano Integral impulsamos investigaciones que abordan las problemáticas de los territorios y soluciones técnico-sociales para el acceso al agua y al saneamiento. En esos espacios se cruzan la ciencia y la práctica, el análisis técnico y la escucha comunitaria, para que esas intervenciones sean sostenibles, inclusivas y posibles.
Hoy, más que nunca, necesitamos consolidar una cultura del saneamiento que atraviese a toda la sociedad: a los gobiernos, a las empresas, a las universidades y a la ciudadanía. Porque no es solo una cuestión de cañerías o plantas de tratamiento: es una dimensión esencial de la salud, la equidad y la dignidad humana.
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Este Día Mundial del Saneamiento coincide con un momento decisivo para la agenda climática: la COP 30 que se desarrolla en Brasil ha vuelto a poner en el centro al agua y el saneamiento como condiciones indispensables para la adaptación al cambio climático. En este sentido, la educación, la planificación, el financiamiento y la innovación deben caminar juntas para garantizar derechos esenciales. Y el desafío es hacerlo con una perspectiva local y regional, de Latinoamérica en conjunto, reconociendo la diversidad de contextos y la necesidad de construir alternativas desde lo propio, y no desde modelos importados o ajenos.
Cada proyecto, cada formación, cada investigación que promovemos desde el IUAS busca responder a una pregunta central: ¿cómo puede el conocimiento mejorar la vida cotidiana de las personas? Esa es, en definitiva, la razón por la que la universidad y el sistema académico existen: para transformar la realidad, no solo para explicarla.
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En este día y en nuestra misión, reafirmamos nuestra convicción de que detrás de cada dato, cada política o cada obra, hay un propósito mayor: garantizar el derecho a vivir con dignidad. Y ese propósito solo se alcanza cuando el conocimiento se pone al servicio de las personas.
El autor es Rector del IUAS, primera institución universitaria del país especializada en agua y saneamiento, creada por el Sindicato Gran Buenos Aires de Trabajadores de Obras Sanitarias (SGBATOS).
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