
A propósito de la próxima celebración de los 40 años del Programa UBA XXII, universidad en contexto de encierro, recordaba una reflexión que hice hace años en ocasión de la entrega de un diploma a un egresado de la Carrera de Sociología en el Centro Universitario Devoto.
En mi comentario celebratorio de ese logro, además de las consideraciones estrictamente académicas, dije que estábamos frente a tres victorias:
La primera era personal del graduado universitario y flamante colega quien, contra todas las adversidades, estaba haciendo realidad un sueño posiblemente nunca antes imaginado. Su trayectoria de vida y su origen social lo alejaban de la posibilidad de estudiar una carrera universitaria.
La segunda era la victoria institucional del Centro Universitario y de la Universidad de Buenos Aires. La formación de un nuevo sociólogo, la culminación de los estudios en el encierro, en el contexto de una cultura ajena a la práctica intelectual, es un logro que valida y fortalece un proyecto pedagógico innovador y transformador.
La tercera victoria es de la sociedad toda. El destino del compañero, como el del grueso de los presos y presas, que en su mayoría pertenecen a los sectores populares, era diplomarse en la “escuela de la tumba”.
No es redundante repetirlo: las cárceles no son sanas ni limpias y su función real es reproducir las situaciones de marginación existentes. A pesar de ello, existen estas excepciones que validan la presencia de la Universidad en la cárcel. Y cuando estas realizaciones suceden sistemáticamente, como es el caso de los programas universitarios que funcionan en el encierro, ello representa una victoria de toda la sociedad.
Estas victorias, que se han multiplicado a lo largo de los años, son sólo una muestra de la madurez alcanzada por el Programa UBA XXII. Sólo la universidad pública y gratuita puede llevar adelante un proyecto de esta naturaleza que trascendió las fronteras y ha sido ejemplo para el mundo universitario nacional e internacional.
La Universidad de Buenos Aires desarrolla desde hace de 40 años el Programa UBA XXII, con centenares de egresados de las diferentes carreras que se dictan en él.
A pesar de los obstáculos que recurrentemente se presentan en el proceso de enseñanza y aprendizaje en el encierro, la Universidad no yerra en el objetivo estratégico que la anima: garantizar el derecho al estudio superior a una población, privada de la libertad ambulatoria, enseñando e investigando con vocación y compromiso social.
[El autor es sociólogo, ex coordinador de la Carrera de Sociología en el Programa UBA XXII]
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