
Durante años, cada vez que se hablaba de criptomonedas en la agenda pública, el foco estaba puesto en dos aspectos: la volatilidad y la seguridad. El discurso dominante fue que se trata de un activo riesgoso, capaz de desplomarse de un día para otro, y al mismo tiempo vulnerable frente a hackeos y delitos informáticos. Sin embargo, según el último informe Crypto Confidence Pulse 2025 de la Asociación Nacional de Criptomonedas, el freno a la adopción no radica en la inestabilidad del precio ni en la tecnología, sino en dos factores menos evidentes pero más determinantes: la percepción social y la dificultad de uso.
Las preocupaciones sobre la seguridad (43 %), la desconfianza en las plataformas (36 %) y las persistentes percepciones erróneas sobre estafas y hackeos siguen generando ruido en la opinión pública. Sin embargo, el informe en cuestión sostiene que alrededor de un tercio de quienes están interesados en las criptomonedas afirma “no saber por dónde empezar” y el 55 % admite que investigar el sector les resulta abrumador.
El primer gran obstáculo es la imagen. La industria cripto enfrenta una narrativa pública que la asocia de manera casi automática con fraudes o delitos financieros. Sin embargo, las criptomonedas son muy seguras al poder hacerse un seguimiento de dónde viene y hacia dónde va el dinero. Así los aviones vuelan diariamente, hay millones de transacciones diarias en este activo digital. Lo cierto es que no nos enteramos de los aviones que salen y llegan a destino sino que son noticia cuando algo malo ocurre.
La comparación es pertinente: del mismo modo que un accidente aéreo no invalida la seguridad estructural del transporte, un caso de estafa no debería condenar a toda una industria. Sin embargo, la diferencia está en que la aviación ya conquistó la confianza del público a lo largo de décadas, mientras que las criptomonedas aún están en esa fase de construcción cultural.
El segundo obstáculo es la complejidad operativa. Aun cuando un usuario logra superar la desconfianza inicial, se encuentra con un ecosistema difícil de entender. Apps sobrecargadas de jerga técnica y procesos poco intuitivos terminan generando frustración. La educación es fundamental, pero no suficiente: lo decisivo es que la experiencia de uso sea clara, accesible y confiable.
Algunas empresas ya comenzaron a dar pasos importantes con versiones simplificadas adaptadas para principiantes de manera que usuarios nuevos compren y vendan cripto con facilidad. El objetivo no es menor: bajar la barrera de entrada para que la primera experiencia sea positiva.
Una vez que el usuario atraviesa las resistencias iniciales y prueba una aplicación amigable, la retención dentro del ecosistema es muy alta. Quien descubre la utilidad práctica de las criptomonedas suele mantenerse leal, no solo a una empresa puntual sino a la industria en general. Difícilmente vuelva atrás hacia los bancos tradicionales con la misma convicción que tenía antes de experimentar el cambio.
Argentina se posiciona como el mercado cripto con más potencial de Latinoamérica: el 40 % de los argentinos ya transaccionó con cripto y el 30 % continúa usándolas. Entre julio de 2023 y junio de 2024, los argentinos recibieron USD 91 mil millones en transacciones de este tipo. La perspectiva es positiva al tener en cuenta el reciente anuncio del gobierno porteño que habilita el pago de ABL, licencias y otros impuestos con criptomonedas. Esta validación institucional resulta clave para la credibilidad del sistema porque va a tener un impacto social para generar confianza, que es un proceso lento.
El debate sobre la volatilidad y la seguridad técnica, aunque relevante, no alcanza para explicar la lenta adopción masiva. Lo que realmente limita la expansión de las criptomonedas es la batalla cultural contra la desconfianza y el desafío de diseño que supone simplificar su uso.
Si la industria logra avanzar en esos dos frentes —construir confianza y ofrecer experiencias accesibles—, el potencial de las criptomonedas podrá desplegarse mucho más allá de los nichos actuales. Igual que la aviación, que pasó de ser un privilegio de pocos a un transporte cotidiano, el cripto puede dejar de ser percibido como un experimento riesgoso para convertirse en parte normal de la vida financiera de millones de personas.
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