
En esta festividad conmemoramos el inicio de la creación del mundo. Éste es también el tema de la sección de “Zijronot” (Recuerdos) en la plegaria de Musaf de la festividad, la segunda de las tres secciones especiales de la misma – Maljuiot (Reinados), Zijronot (Recuerdos) y Shofarot: “Tú recuerdas la obra del mundo y tienes presentes a todas las criaturas desde tiempos antiguos… Este es el día del inicio de Tu obra, un recuerdo del primer día”. A esto alude también el estribillo repetido que enlaza los pasajes de la plegaria: “Hayom Harat Olam” (Hoy es el nacimiento del mundo).
Rosh Hashaná es, por un lado, un día de esperanza y alegría, y por otro, un día de juicio e introspección. Es el día en el que la conciencia de que el mundo es creado, y de que el mundo tiene un plan divino, nos lleva a cada uno de nosotros, en esta jornada sagrada, a preguntarnos tres cosas: ¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí? ¿Cuál es el camino correcto para vivir?
Sabemos que la vida está llena de peligros y sentimos la incertidumbre de la condición humana, y sin embargo nos alegramos, porque esta es la esencia de la fe y la confianza en Di-s. El judaísmo no es una ilusión que nos consuela, como si todo estuviera bien en nuestro mundo sombrío. El judaísmo es el coraje de celebrar y alegrarse precisamente en medio de la incertidumbre, pero con la certeza de la fe en un futuro mejor.
La esencia de la festividad también se encuentra en el carácter universal de las plegarias de Rosh Hashaná, que se ocupan de la humanidad y de la creación. Estos temas no aparecen en las plegarias de las demás festividades, como Pésaj, Shavuot y Sucot. Solo en este día decimos: “Y, por lo tanto, infunde Tu temor… sobre todo lo que has creado”, expresión de una universalidad plena. Porque Rosh Hashaná nos dice lo que significa ser humano.
El Creador del mundo encomendó a cada uno de nosotros la misión de dar a conocer Su existencia en el mundo. Que cada persona sepa que fue creada y que es parte de un plan más grande y amplio en el universo Divino.
En los últimos meses, en el marco de mis visitas a comunidades judías en Argentina y en países vecinos, me encontré con muchos judíos alejados de la vida judía, o incluso del conocimiento básico acerca del judaísmo, pero que aún sienten pertenencia e identificación, y se esfuerzan por acercarse y ser parte.
Estos encuentros me llevaron a reflexionar sobre la esencia y el misterio de este sentimiento de pertenencia, que late en el corazón de todo judío. La respuesta es que somos parte de una historia que comenzó muchas generaciones antes de que naciéramos, y que continuará muchas generaciones más sin nosotros.
La pregunta que se alza ante cada uno de nosotros es ¿seguiremos la historia? Las esperanzas de cien generaciones de nuestros antepasados dependen de nuestra disposición a hacerlo. Está profundamente grabado en nuestra memoria colectiva. Cada uno de nosotros es una figura clave en esta historia. Podemos vivirla. También podemos abandonarla. Pero de la elección misma no podemos escapar, y esta es una elección con consecuencias enormes. El futuro de la alianza con Di-s descansa sobre nuestros hombros.
Hoy, en Rosh Hashaná, mientras nuestro pueblo enfrenta desafíos en su tierra, recordamos que somos herederos de un legado vivo y del pacto que Hashem hizo con nuestros antepasados. Cada uno de nosotros tiene la oportunidad de seguir la historia de Am Israel, de sostener las esperanzas de generaciones y de cumplir con la misión que Di-s Le encomendó.
Renovamos nuestra tefilá para que el Todopoderoso proteja a nuestros hermanos secuestrados, y los devuelva pronto a sus hogares, sanos y libres, junto a sus familias, para que puedan seguir formando parte viva de nuestro pueblo y de su historia.
Quiero dejar mi berajá para toda la comunidad judía en Argentina, que este año que comienza Hashem nos conceda fortaleza, unidad y alegría, para que juntos avancemos en el camino que Él ha trazado para nosotros desde la creación del mundo.
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