Días atrás, el periodista Damián Schwarzstein le hizo una entrevista al Gobernador de Santa Fe, quien valoró la nueva constitución de la provincia y señaló: “me gustaría poner el foco en una revolución educativa y de la infancia”.
Una verdadera revolución implicaría que todos los niños y adolescentes, independientemente de su origen socioeconómico o zona geográfica de procedencia, tengan acceso a una educación de calidad centrada en los aprendizajes esenciales: comprensión lectora, matemática, pero también pensamiento crítico y habilidades socioemocionales.
Me entusiasma pensar en una reforma que cambie el paradigma y que ponga en el centro a los estudiantes, que reconozca la diversidad cultural y territorial y que haga foco en aquellos sectores que necesitan más atención.
Esto será posible si se pone al docente como actor clave para el cambio, apoyado con formación y capacitación continua, valorado, con incentivos y autonomía profesional, enmarcado en una infraestructura acorde, con aulas equipadas con materiales para enseñar mejor y acceso a tecnologías y conectividad.
Los datos indican claramente la necesidad de un cambio profundo y estructural: dificultades lectoras, alto porcentaje de estudiantes secundarios con materias adeudadas, con índices de desmotivación y abandono escolar y desempeños muy distintos entre zonas rurales y urbanas.
Algunos puntos focales de cambio podrían ser:
- Alfabetización temprana con un programa de lectoescritura contextualizado desde nivel inicial con capacitación docente específica y profunda en didáctica de lectura y comprensión, con un trabajo con el área cultural para que los niños accedan a una primera biblioteca desde pequeños, con libros de cuentos en sus hogares y programas para que sus cuidadores incentiven la lectura desde el nacimiento.
- Resolución de problemas y uso de metodologías activas con proyectos, juegos matemáticos, pensamiento lógico y, además, tutorías focalizadas para quienes tienen dificultades, sumado a apps educativas que refuercen lo aprendido en clase.
- Flexibilidad curricular permitiendo que estudiantes secundarios completen los espacios no logrados mediante módulos y recuperación de las materias con tutorías; de este modo, articular con ellos para apoyo con horarios extendidos o clases de recuperación especializadas.
- Capacitación docente de excelencia con actualización permanente en metodologías activas, aprendizaje emocional, inteligencia artificial aplicada al aula, proyectos interdisciplinarios y fomento del pensamiento crítico.
Imagino –desde hace varias décadas– escuelas abiertas que sean espacios culturales, donde los chicos aprendan no solo matemática, sino también haya juegos, creatividad y una ciudadanía plena. A su vez, en estrecha relación con clubes de barrio donde los deportes y talleres comunitarios acompañen las realidades de los más chicos.
Para que se dé una transformación profunda, es necesario trabajar codo a codo con los docentes quienes son los que conocen a los niños y al barrio en que su escuela está inserta. Y también en estrecha relación con ONG o instituciones barriales que puedan acompañar el cambio.
La revolución educativa no sólo podrá ser posible con la decisión de un gobierno, necesita del compromiso colectivo, donde profesores y maestros, familias, institutos de formación docente y universidades trabajen juntos en pos de un objetivo: revolucionar el aula para que haya aprendizajes verdaderamente significativos.
Estoy convencida de que, de darse los cambios profundos y estructurales, la provincia de Santa Fe podría convertirse en faro de innovación y equidad para toda la región y posicionarse como laboratorio educativo del futuro en América Latina, demostrando que la educación es la mejor inversión en desarrollo humano, social y económico.
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