
El consumo de alcohol a edades cada vez más tempranas, especialmente entre los adolescentes que cursan los primeros años del secundario, surge como una problemática social a abordar de manera urgente. Con una edad promedio de inicio en los 14 años, la situación exige una respuesta rápida y coordinada de la sociedad en su conjunto.
Conscientes de esta realidad, en la Universidad Católica Argentina (UCA), estamos llevando a cabo una iniciativa de prevención orientada específicamente a adolescentes de estas edades. Este enfoque se centra en capacitar a universitarios de los últimos años de carreras tan diversas y complementarias como Psicología, Educación y Medicina. Estos jóvenes, ya con una sólida formación académica, se convierten en promotores de prevención, dotados de las herramientas necesarias para brindar talleres informativos y de concientización a alumnos de los primeros años del secundario. Esta cercanía generacional permite establecer un diálogo genuino y efectivo, fundamental para que el mensaje resuene entre los participantes.
El impacto de este programa ya es palpable: ha dejado una huella significativa en establecimientos educativos como el Colegio Santo Tomás de Aquino y, más recientemente, el St. Paul´s College de Hurlingham. En ambos colegios, los talleres han sido recibidos con gran interés por parte de las autoridades y han tenido una participación entusiasta desde el lado de los alumnos, lo que confirma la pertinencia y la necesidad de este tipo de intervenciones.
Es crucial comprender la gravedad del patrón de consumo de alcohol en la adolescencia, que a menudo se caracteriza por ser excesivo y episódico. Este tipo de consumo multiplica exponencialmente los riesgos a corto y largo plazo. Las consecuencias pueden ir desde episodios de amnesia y comportamientos impulsivos, hasta déficits cognitivos severos e incluso un coma alcohólico. Los efectos del alcohol en el cerebro adolescente, aún en pleno desarrollo, pueden causar daños irreparables. Es nuestra responsabilidad alertar sobre esta vulnerabilidad y actuar en consecuencia.
En este sentido, un informe técnico reciente de nuestro Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), elaborado en el marco de un convenio con el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, aborda la percepción de riesgo asociada al consumo de diversas sustancias. Si bien este estudio se enfoca en la población de 18 a 75 años de la Ciudad de Buenos Aires, sus hallazgos subrayan la relevancia de la percepción de riesgo en la toma de decisiones sobre el consumo. Extrapolando esta premisa al ámbito adolescente, es imperativo que fortalezcamos la comprensión de los jóvenes sobre los peligros inherentes al alcohol, especialmente cuando se inicia a edades tan tempranas.
Esta propuesta es un claro ejemplo de cómo las instituciones académicas podemos y debemos contribuir activamente a la resolución de problemas sociales. Sin embargo, la complejidad del consumo de alcohol en la adolescencia requiere una acción acordada y corresponsable entre todos los adultos. Es fundamental que cada miembro de la comunidad educativa —directivos, docentes, padres y los propios alumnos— se involucre activamente en la prevención. Los colegios son, por naturaleza, espacios claves para la difusión de información, la promoción de estilos de vida saludables y la creación de entornos de contención.
La articulación de esfuerzos entre el ámbito escolar, las organizaciones de la sociedad civil y las diversas áreas del Estado es fundamental para diseñar e implementar estrategias integrales que perduren en el tiempo y sean replicables, permitiéndonos llegar a más adolescentes. Esto incluye desde campañas de concientización masiva sobre los riesgos del consumo de alcohol en edades tempranas, hasta la promoción activa de espacios saludables de esparcimiento, el fortalecimiento de los lazos familiares y comunitarios, y, crucialmente, la garantía de acceso a recursos de atención y tratamiento por parte del Estado para quienes lo necesiten.
Invertir en la prevención del consumo de alcohol en los primeros años del secundario no es solo una opción, es una inversión directa en el futuro de nuestros hijos y, por ende, en el futuro de nuestra sociedad. La educación y el compromiso colectivo son las herramientas más poderosas para construir una sociedad donde nuestros adolescentes puedan crecer sanos, informados y con las herramientas necesarias para tomar decisiones que salvaguarden su bienestar y su desarrollo integral. Este es un compromiso que nos interpela a todos y que debemos asumir con la urgencia y la seriedad que merece.
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