
La reconfiguración de la macroeconomía que está viviendo el país está llevando a las Pymes a un punto de inflexión y transformación. El dato de inflación de mayo del 1.5% muestra una significativa desaceleración inflacionaria y la continuidad de la recomposición de precios relativos de nuestra economía, que, sumado a las nuevas medidas del Gobierno con relación a las importaciones y exportaciones, están obligando a las empresas a revisar sus planes estratégicos.
Hasta hace muy poco tiempo, endeudarse era una forma de administrar riesgos de cobertura: las empresas tomaban créditos no solo para financiar sus operaciones, sino también para resguardarse ante riesgos de exposición de moneda y para propósitos especulativos frente a oportunidades de endeudamiento a tasa de interés real negativa. Hoy, ese modelo ya no tiene lugar. El crédito debe retornar a su función principal como herramienta de desarrollo. Pero esta transformación no es solo financiera, es también cultural.
Así, el ecosistema que acompaña y asesora a las PyMEs debe también evolucionar para convertirse en un socio estratégico de las mismas. Ya no es suficiente con ofrecer financiamiento y responder a una solicitud de crédito. Hay que ayudar a pensar cuándo, cuánto, para qué y cómo. Es necesario acompañar con el análisis del proyecto, proponer alternativas, ofrecer instrumentos de inversión que permitan optimizar el rendimiento de los fondos ociosos hasta que se apliquen a las inversiones productivas. En ese sentido, contar con asesoramiento integral es una gran oportunidad para las Pymes.
Al mismo tiempo, se observan cambios en el perfil de los empresarios Pyme. La nueva generación está mucho más familiarizada con la tecnología, es más ágil, está menos dispuesta a esperar y busca diseñar procesos sin fricción. Esto obliga a todos los proveedores financieros a repensar la experiencia que ofrecen a sus clientes y a adaptar los servicios a las expectativas de un nuevo usuario.
En síntesis, el nuevo entorno macroeconómico presenta una oportunidad para profesionalizar la gestión PyME, impulsar el crecimiento planificado y fortalecer el vínculo entre las empresas y los proveedores financieros. No se trata solo de bajar la inflación: se trata de inaugurar una nueva etapa, donde la planificación, el conocimiento y el acompañamiento estratégico sean las claves para transformar el crédito en inversión y la inversión en desarrollo.
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