
Si bien Donald Trump ha declarado que “en dos semanas definirá si su país participa” en la guerra entre Israel e Irán, la concentración militar del Pentágono en la región parece indicar lo contrario. La Casa Blanca afirmó que la decisión sobre el involucramiento estadounidense se tomará en función de la evolución de las negociaciones diplomáticas, aunque la postura oficial sobre impedir que Irán obtenga capacidades nucleares sigue siendo una prioridad, postura que Trump ha sostenido tanto en su gestión como en el ámbito privado.
Esta semana, Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, señaló que la correspondencia entre Washington y Teherán se mantiene activa. También recordó los antecedentes de la política estadounidense hacia Irán: en 2011 Trump ya consideraba esencial destruir las aspiraciones nucleares iraníes, mientras que en 2015 mencionaba que Teherán era una amenaza directa para Israel, los aliados en Medio Oriente y Estados Unidos. Según Leavitt, Irán podría estar en condiciones de producir un arma nuclear en apenas quince días, si el líder supremo, ayatolá Ali Khamenei, diera la orden de comenzar ese proceso.
La presencia militar estadounidense en la zona incluye la flota liderada por el USS Nimitz, el portaaviones nuclear más importante de la Marina de Estados Unidos, que constituye el tercer grupo de combate encabezado por portaaviones en dirección a la región en conflicto. También se han desplegado el USS Vinson y el USS Ford. Juntas, estas fuerzas suman 580 aviones de combate F-18 y F-35, 18 aeronaves de guerra electrónica Growler, cazas furtivos y sistemas de alerta temprana, además de 120 helicópteros Seahawk. Las tres flotas cuentan con un total de 23 destructores y una cantidad no especificada de submarinos. El despliegue aéreo-naval alcanza niveles inéditos para la zona.

Todas las bases militares de la región continúan en máxima alerta. Medios estadounidenses informaron que Trump ha autorizado ciertos planes para un eventual ataque a Irán, aunque todavía no existe una instrucción definitiva.
El ataque más esperado por Israel y temido por Irán sigue siendo el lanzamiento de bombas “antibúnker” (Massive Ordnance Penetrator [MOP]) de 13.608 kilogramos y seis metros de largo, que solo pueden ser lanzadas por el bombardero furtivo B-2 Spirit desde la base Whiteman en Misuri. Desde allí partirá el ataque final contra Fordow, centro estratégico del enriquecimiento de uranio iraní, ubicado bajo una montaña y vulnerable únicamente a este tipo de armamento o a explosivos nucleares tácticos.
La concentración militar de Estados Unidos no solo apunta a facilitar una misión antinuclear, sino también a prepararse para repeler cualquier represalia por parte de la teocracia de Teherán.
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