
En tiempos donde todo parece estar en discusión —hasta las premisas más aceptadas— es legítimo preguntarse si el trabajo sigue siendo una herramienta real de ascenso social. La pregunta es incómoda pero necesaria: en la Argentina de hoy, incluso con trabajo formal, muchas personas son pobres.
Más concretamente, el 30% de los asalariados formales se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Pero esta cifra se eleva al 70% entre los que tienen trabajo informal y es aún más preocupante entre los desempleados. Existe, entonces, una relación evidente entre la calidad de vida y el empleo. Y puede parecer pasado de moda, pero el trabajo sigue importando. Y mucho.
Para miles de jóvenes, especialmente aquellos que crecen en contextos vulnerables, el trabajo no es sólo un salario: es un proyecto de vida. Es pertenecer, es tener una rutina, es poder soñar. El trabajo, aun en un país con tantas deudas pendientes, sigue siendo un motor de progreso personal y colectivo. No garantiza resultados, pero abre puertas. Y en un mundo que a veces parece cerrar todas, no es poco.
En Argentina, la cultura del trabajo sigue viva. Es el legado de generaciones que se esforzaron incluso cuando no alcanzaba, y entendieron que el esfuerzo no siempre tiene recompensa inmediata, pero construye futuro. Hoy, esa misma fuerza se ve en miles de jóvenes que buscan capacitarse, conseguir su primer empleo y demostrar todo lo que pueden aportar.
En este 1° de mayo, miremos a nuestra juventud. Porque ahí está el futuro, pero también el presente. Y porque aun cuando el trabajo ya no garantiza todo, sigue siendo el camino más seguro hacia algo mejor. Un trabajo cambia una vida. Y cuando muchas vidas cambian, cambia una sociedad.
En Fundación Empujar creemos en el trabajo como motor de transformación real. Por eso, hace más de doce años acompañamos a jóvenes que quieren formarse, conseguir su primer empleo, proyectar su futuro y sostener a sus familias. Este año, más de 2.000 chicas y chicos van a recibir ese acompañamiento. Porque el trabajo sigue siendo clave. Y aunque parezca una frase de otra época, no deja de tener vigencia.
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