
Es la nota que no hubiese querido escribir nunca. Aferrado a la ilusión, a la esperanza. Pensando que sigue siendo ese maldito terrorismo psicológico con el que esos asesinos juegan y disfrutan en la Franja de Gaza, ese semillero de asesinos.
Desde que Francisco Tropepi nos dijo aquella noche de octubre, casi de madrugada, que el secuestrado más chico era argentino-israelí y que tan solo tenía 9 meses cuando se lo llevaron, no hay un día que no piense en él.
Kfir estaba comenzando a conocer de qué se trata la vida, tomando la teta de su mamá, riéndose a carcajadas con las cosquillas de su papá, festejando a su hermano mayor y recibiendo el amor de toda su familia. Hasta ese día Kfir era eso.
Ariel ya entendía algunas cosas y los juegos eran la parte esencial de su vida. Al igual que Batman. Esa manera que lo prepararon para recibir a su hermano cuando nació, eso solo, ya marca lo que era esa familia. Vivían en el kibutz, querían vivir en paz, disfrutaban de la vida, apreciaban vivirla en familia.
Las caras de Shiri y Yarden mostraban mucho más que las imágenes, reflejaban a una pareja linda que lideraban una hermosa familia. Hasta ese día. Ese día en el que los asesinos palestinos se los llevaron, los secuestraron a los cuatro y mataron a tres de ellos.

¿Se entiende que mataron a Ariel y Kfir y que no se sabe donde está su mamá? ¿Se entiende que asesinaron a dos nenes y a su mamá que solo quería protegerlos?
Hoy ellos tres pasan a ser parte de una lista de asesinados desde el 7 de octubre de 2023 por el solo hecho de ser judíos, de vivir en una zona de Israel cercana a la maldita Franja de Gaza, semillero de asesinos.
Tenemos que pedirles perdón a Ariel y Kfir. No seguirán jugando con sus juguetes, no habrá más cosquillas del padre, la teta de la madre ni la vida por delante. Nacieron en Israel y empezaban a hablar hebreo, ese fue su delito. Y los mataron de la peor manera.
La Organización terrorista asesina de Hamas tiene que desaparecer de la faz de la tierra. No me interesa la edad de sus miembros, no me interesa dónde se escondan. No tienen perdón. Como los nazis.
*El autor es el director del medio Vis a Vis
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