
Seguro que ha pensado en invertir en criptomonedas. Después de que, en noviembre, el volumen de negociación haya superado por primera vez los 10 billones de dólares, a muchos les tientan las ganancias inmediatas. Además, el repunte por encima de los USD 100.000 parece justificado tras la reelección de Donald Trump, declarado defensor de las criptomonedas. Pese a ello, antes de zambullirse en el criptoverso, hay que saber a qué atenerse.
Las empresas de criptomonedas donaron grandes cantidades de dinero para las campañas de los republicanos y de Trump, y ahora esperan una regulación más laxa y una mayor innovación en este ámbito. El presidente electo ha llegado incluso a proponer la creación de una reserva de criptomonedas en Estados Unidos, pero aún se desconocen los términos de este proyecto.
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En consecuencia, la coyuntura eleva la expectativa en torno a estos activos digitales y a las posibles innovaciones, como el acuerdo entre Argentina y El Salvador para extender su uso en Latinoamérica.
¿Pero qué ventajas tiene invertir en criptomonedas? Algunos creen que sirven para diversificarse, para defenderse contra los riesgos de las divisas o los activos tradicionales. No es de extrañar, entonces, que Argentina se haya convertido en un centro mundial del bitcoin, ya que sus ciudadanos quieren protegerse de los problemas del peso argentino. Por otra parte, otros las consideran como una cobertura frente a la inflación, estimando que, como su oferta está limitada en 21 millones de monedas —que no tardarán en alcanzarse—, el bitcoin no puede devaluarse incesablemente como el peso o el dólar. Sin embargo, las criptomonedas, en general, son infinitas; ethereum, ripple o tether son solo algunos ejemplos.
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Sin embargo, sus defensores solo hablan de las enormes ganancias. Entre 2010 y noviembre de 2024, el bitcoin se revalorizó un extraordinario 162%; en 2024, un 150%, y desde las elecciones en Estados Unidos, un 52,6 por ciento. Cifras de vértigo, no cabe duda.
Ahora bien, a una revalorización tan desmesurada le corresponden grandes batacazos. En la última década, en períodos consecutivos de 12 meses, la rentabilidad del bitcoin ha oscilado entre el −74 % y el 1402 por ciento.
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En efecto, se ha disparado como un cohete y ha caído a plomo. Su cotización alcanzó por primera vez los USD 100 el 1 de abril de 2013. Ocho días más tarde tocó techo en USD 230, para caer tres meses después un 71%, hasta los 66 dólares. Más tarde en ese mismo año, al superar la barrera de los USD 1.000, inició un descenso de casi dos años del 84 por ciento. En 2018 repitió la misma historia y la debacle del 77% entre 2022 y 2023 dio paso al auge actual. Con estos movimientos podemos concluir que una mala decisión puede arruinar su inversión.
En todo caso, las oscilaciones no se sustentan en fundamentos económicos, porque las criptomonedas carecen de ellos. No tienen aplicaciones industriales y no están asociadas a resultados empresariales, ventas o rendimientos. En este sector proliferan las estafas, el blanqueo de capitales y la evasión fiscal, lo que puso a Argentina en el punto de mira del FMI cuando en el país se disparó la adopción de este activo digital. La mayoría de las “monedas” disponibles en el mercado son demasiado inestables para ser consideradas divisas. Incluso las llamadas “estables”, como tether, populares en Argentina por su valor fijo en USD, conllevan riesgos derivados de sus carencias en materia de regulación de los vendedores, controles internos y protección del inversionista. Como antídoto contra la inflación, tampoco parecen muy fiables, en vista de que la caída de la cotización del 64,2 % de 2022 coincidió con una escalada de los precios en Argentina —cercana al 100 %— y el resto del mundo. Entonces, ¿por qué fluctúan las criptomonedas? Única y exclusivamente por la demanda de otros inversionistas, solo dependen de la confianza.
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Por lo tanto, la pregunta es: ¿se puede predecir los cambios de humor de los inversionistas en bitcoin? Yo, desde luego, no me veo capaz. Si usted tampoco, ¿mantendría su inversión en bitcoin, aunque cayera un 80%? Las emociones no suelen ser buenas consejeras. Ejemplo de ello es el comportamiento del mercado de materias primas: muchas personas compran estos activos cuando registran grandes ganancias —como ahora— por miedo a perdérselas. Pero, cuando los precios bajan, las venden para no quedarse con activos devaluados, asumiendo las pérdidas que acarrea dicha decisión.
En los últimos 50 años he visto a muchos tropezar en la misma piedra, no solo con materias primas, sino también con títulos de renta variable, más estables. Los criptoactivos son, sin duda, sinónimo de alta volatilidad. ¿Está dispuesto a soportarla?
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