
Para el Gobierno la paridad oficial es de paridad, mientras que algunos economistas consideramos que el tipo de cambio está atrasado. Es más, el presidente Javier Milei festejó una nota de Rafael Di Tella y Pablo Ottonello en que, entre otros argumentos, sostienen que no es correcto afirmar que el tipo de cambio está atrasado porque a este tipo de cambio Argentina esta cara en dólares respecto a lo que costaba en el período de Alberto Fernández y Sergio Massa.
Sin embargo, ese no es el argumento conceptual por el cual que justifica afirmar que el tipo de cambio está atrasado, porque si fuera de equilibrio ya habrían liberado el mercado.
El contraargumento de quienes defienden los controles es que liberar el mercado provocaría una suba del tipo de cambio y un aumento de la inflación. Argumentan que, al permitir girar utilidades y dividendos retenidos desde hace años, la demanda de dólares se dispararía. Este razonamiento expone que el mercado no está en equilibrio: hay una demanda reprimida artificialmente por las restricciones del gobierno.
El mercado solo está en equilibrio cuando no hay intervenciones. Es comparable al control de precios: estos no pueden liberarse porque existe una demanda insatisfecha. Por ejemplo, cuando Guillermo Moreno fijaba precios máximos, faltaban productos en los supermercados y se racionaban. Lo mismo ocurre con el tipo de cambio: el control genera un mercado artificial que no refleja la realidad.
A menudo, cuando afirmo que el tipo de cambio está atrasado, me responden que quiero devaluar. Sin embargo, devaluar es lo que hizo Milei al asumir. Mi propuesta es diferente: liberar el mercado e ir a una flotación limpia. Este planteo enfrenta otra objeción: se me acusa de querer que el mercado de cambios explote. Si esto ocurriera, sería porque no hay confianza en el peso ni en la política económica del gobierno.
Por definición, un precio máximo -sea de un bien, servicio o el tipo de cambio- se fija por debajo del nivel que establecería un mercado libre. No tendría sentido imponer un precio máximo por encima o igual al nivel de mercado.
Según la serie del índice de tipo de cambio real multilateral, el tipo de cambio pesos-dólar actual es casi igual al del último día de gestión del kirchnerismo. Es decir, no hubo cambios estructurales ni ingreso de capitales que justifiquen este nivel. Aunque se podría argumentar que el equilibrio fiscal explica el tipo de cambio, esto no basta para afirmar que la productividad económica aumentó al punto de fortalecer el peso y debilitar al dólar.
El fortalecimiento del peso debería ser el resultado de reformas estructurales, no el punto de partida. El Gobierno está atrapado en el control de cambios, el atraso cambiario y el carry trade que generó. A pesar de haber fijado el tipo de cambio en diciembre de 2023, el nivel actual es igual al que heredó y las reservas netas negativas rondan los USD 10.000 millones.
En este contexto, el Gobierno negocia con el FMI para obtener dólares frescos. Si esta deuda se utilizara para sostener una flotación sucia y proteger a quienes apostaron al carry trade, sería injusto con quienes producen trigo o soja y enfrentan serios problemas de rentabilidad. Acordar con el FMI para refinanciar la deuda es razonable, pero hacerlo para financiar la bicicleta financiera sería inmoral.
Finalmente, la baja del crawling peg al 1% mensual, frente a una inflación núcleo del 3%, indica que el tipo de cambio sigue siendo usado como ancla antiinflacionaria. El mismo BCRA lo admite en su comunicado, al afirmar: “El ajuste para el tipo de cambio continúa cumpliendo el rol de un ancla complementaria en las expectativas de inflación”.
A confesión de parte, relevo de pruebas.
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