
Se acercan las “Fiestas” dice la gente por ahí.
Una fiesta se diferencia del tiempo de trabajo. La fiesta es una irrupción de un tiempo distinto al cotidiano. En la fiesta, uno vulnera el horario, se acuesta más tarde, se come de más.
Con la fiesta no se gana, más bien se pierde, por eso el avaro no puede hacer fiesta. Porque en ella no se calcula sino que en cierto sentido se derrocha, se abre la puerta, se agranda la mesa para poner un plato de más para el que no estaba previsto que viniera o invitado.
En la vida cotidiana se lucra para vivir, en la fiesta se gasta para compartir. La alegría es la ganancia de la fiesta.
La Navidad es una fiesta porque Tata Dios decidió romper su rutina y meterse en el tiempo de los hombres. A María se le había cumplido el tiempo de dar a luz y como a Dios le gusta hacer cosas desconcertantes los mantuvo despiertos “porque no había lugar para ellos en el albergue”. Es que había preparado una fiesta sin decirles nada a María y a José.
Como no había lugar cerrado para tanta gente, él había elegido uno bien abierto: un pesebre. Es que en aquella noche estaban invitados también los ángeles, los pastores, los reyes, las estrellas y hasta los mismísimos animales. Sí Señor, aunque no lo crea, una vaca y un buey fueron los testigos privilegiados de este alumbramiento.
Dios quedó tan contento con la fiesta que la repite cada año. Vos también estás invitado. En esta Navidad, acérquese al Pesebre, Tata Dios invita y corre con los gastos.
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