
El mundo digital se ha convertido en un campo activo para una industria que crece sin que conozcamos su verdadera dimensión.
Nuestros sondeos indican que solo 1 de cada 10 menores se anima a denunciar situaciones incómodas en el ámbito digital.
El proveedor de imágenes de abuso sexual infantil ya no se esconde en la dark web, ahora intercambia links en redes sociales usando como puentes a Whatsapp y Telegram, plataformas que se utilizan cada vez más para identificar, establecer vínculos, empatizar, cooptar y cometer acoso y abusar digitalmente de los menores.
Estas son las fases metodológicamente hablando y, al mismo tiempo, para comercializar y distribuir tan deleznable producción.
Consolas de juegos, notebooks, tablets, celulares, servicios de streaming, son terreno fértil para depredadores que antaño rondaban escuelas y clubes. Grooming es la acción de un adulto de acosar a un menor mediante el uso de recursos digitales, haciéndose pasar por otro menor o suplantando la identidad de otro. Utilizan comunicaciones electrónicas, redes sociales y Whatsapp, pero especialmente juegos.
El abuso o acoso sexual a menores y la pedofilia no surgen con internet, sin embargo, esto ha permitido un enorme crecimiento y ha multiplicado un negocio millonario por estos días, dada la capacidad de potenciar distintos tipos de abuso, exigidos por un oscuro mercado y consumidores que encuentran en la tecnología un refugio para sus perversiones.
Una de las modalidades más demandadas es la transmisión en vivo de contenido de abuso ejecutada por el propio menor, bajo la manipulación y control de un pederasta.En la Argentina, el Grooming es un delito comprendido en el código penal, que consiste en enmascararse en un perfil similar al de un menor, con identidades falsas, para construir una relación de amistad y confianza.
Lamentablemente en muchos casos los perpetradores ni siquiera están en este país. Esta es una de las razones por las que tiene lugar un nuevo tipo de modalidad: el material autogenerado. Las víctimas autoproducen sus propias imágenes cooptados por bandas de depredadores que en algunos casos incorporan recursos tech que hasta incluyen IA.
Los menores que autogeneran imágenes de abuso en un alto porcentaje se encuentran en sus hogares, en sus habitaciones, en su baño. En la gran mayoría de los casos, se trata de niñas, especialmente entre los 11 y 13 años; aunque sigue aumentando en participación el contenido que corresponde al segmento que va de 7 a 10 años.
El 65% de los padres inicia a sus hijos en el uso de las pantallas entre los 4 y 5 años para entretenerlos, convirtiéndolos en usuarios cuasi plenos a los 9 años y en usuarios intensivos a los 11 años de edad. Para agregar complejidad, las plataformas y aplicaciones no verifican la verdadera edad de sus usuarios. Este problema atañe a todas las redes sociales, pero en el caso de TikTok se ve agravado debido al alto porcentaje de usuarios menores de la edad reglamentaria.
Así las cosas y como parte de las estrategias de mantenimiento de clandestinidad, los acosadores y depredadores digitales utilizan palabras o frases que a simple vista parecen inofensivas: “club penguin” o “chicken soup” (Club Pingüino o Caldo de Pollo, en español) entre otros que esconden en acrónimos de pornografía infantil, para no presentar sospecha o evadir controles automatizados en redes sociales.
Se han proliferado nuevos acrónimos como “GNOC” o “CU46″, en esta serie de expresiones en clave que podrían alertar a padres sobre la posible existencia de acoso o riesgos para los menores. GNOC es un acrónimo sexual que se utiliza para acosar a niños y adolescentes, para no ser descubiertos si la conversación es interceptada por una persona mayor. También se utilizan símbolos para diferentes tipos de comunicación al momento de querer darse a conocer dentro del mundo digital para ser reconocidos.
Aquellos pedófilos que llegan a tener acceso a un menor en su entorno cercano adquieren un estatus mayor dentro de las comunidades. Así, los delincuentes duales, aquellos que abusan sexualmente de un menor, consumen y distribuyen el abuso, son vistos como en una categoría superior y tratan de exhibirlo. Sendos foros de apología a la pedofilia no incluyen material de abuso sexual, pero son espacios donde se define esta actividad como una orientación sexual normal, constituyéndose en una puerta de entrada a comunidades de intercambio de material como prueba de fidelidad.
La clave y razón de este fenómeno es que los menores conviven casi anatómicamente con sus múltiples dispositivos, fijos y móviles; que interactúan simultáneamente con ellos y que confían plenamente en lo que pasa en sus pantallas. Pero la responsabilidad es compartida: entre las plataformas que no hacen mucho, son más bien pasivas, reactivas, y tristemente los padres que están haciendo un pésimo trabajo.
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