Lorenzo Pepe nos decía: “Si hay otra vida, Perón tiene ganado un lugar de privilegio y ojalá pudiera abrazarlo de nuevo”. ¡Allí va Lorenzo Pepe, General! Allí va uno de los que hicieron el 17 de octubre del ‘45 en las escalinatas de la Catedral Metropolitana, frente a la Plaza de Mayo, con sus 14 años de la mano de su padre.
“Ese día temprano estábamos en nuestra casa en el partido bonaerense de Tres de Febrero. Mi papá se tomó unos mates y me dijo dame la mano y no paramos hasta llegar a Capital. No me preguntó si quería ir, me dijo dame la mano y me llevó. Yo tenía 14 años. Mi viejo fue un militante socialista, transversal, que apoyó el proceso revolucionario que encabezaba Juan Domingo Perón”. De ahí viene este caballero de fina estampa.
De joven empieza su trabajo ferroviario que lo hizo delegado y dirigente gremial. Abrazó la causa de estos trabajadores, fue perseguido y preso por el plan CONINTES, impulsado por Arturo Frondizi en 1961. Fue protagonista decisivo de lo que se conoció como “la batalla del riel”, lucha que evitó el despido de 70.000 trabajadores ferroviarios al impedir el plan Larkin -apellido de un tecnócrata traído por Álvaro Alsogaray-, que implicaba el cierre de ramales y talleres de conformidad con los lineamientos del Banco Mundial.
En el ‘68 junto a Raimundo Ongaro integró la combativa “CGT de los argentinos” contra el Gobierno de Onganía.
Fue uno de los dirigentes más importantes del movimiento obrero que peleó por el regreso de Perón durante los 18 años de exilio.
Lorenzo Pepe fue un luchador incansable a favor de los trabajadores y en contra de los regímenes que proscribían al peronismo en Argentina y un gran constructor de puentes en la consolidación democrática desde 1983 a la fecha.
Fue Congresal Nacional, Presidente del Partido Justicialista del distrito de Tres de Febrero y Diputado Nacional durante cinco mandatos. Presidió la comisión de la Biblioteca del Congreso transformando las alpargatas del dirigente obrero en infinidad de libros que jerarquizaron el patrimonio cultural del Poder Legislativo. Se transformó en un predicador de la vida de Juan y Eva Perón y con orgullo presidió el Instituto Nacional Juan Domingo Perón de Estudios e Investigaciones Históricas, Sociales y Políticas. Desde allí, se convirtió en maestro de todas las generaciones democráticas. Lorenzo Pepe, hoy te lloran de todos los credos políticos, has hecho tuyo aquello de “pinta tu aldea y serás universal”.
“En la pelea por la justicia social, la trinchera más segura es la del peronismo”, nos decía permanentemente. Vaya compañero Lorenzo, vaya y abrace a su papá y tómelo de la mano como aquel 17 de octubre del ‘45 y júntese con el General Juan Domingo Perón a quien le dedicó la causa de toda su vida.
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