
El equilibrio fiscal es fundamental para lograr la estabilización macroeconómica que luego permita instrumentar las medidas de ajuste estructural necesarias para liberar las fuerzas del mercado y conseguir un nivel de ingresos y crecimiento apropiados para una economía capitalista moderna y eficiente.
Hay muchas formas de lograr el equilibrio fiscal. Pero podemos estar todos de acuerdo en dos cosas: debe lograrse al menor costo social posible y debe ser sostenible en el tiempo.
En mi opinión, el sendero de ajuste fiscal seguido por Argentina en los últimos 8 meses no ha cumplido con los dos requisitos básicos mencionados.
Se han adoptado medidas y estrategias conocidas como de “motosierra” y “licuadora”, además de subas de impuestos. Hubo una maxi devaluación licuadora que no tuvo consideración sobre los costos sociales y ni de sus efectos sobre el nivel de actividad y la confianza de los inversores.
Se utilizó la recesión como instrumento de política económica. Esto ha llevado a que estemos experimentando una recesión inducida por el Gobierno, que probablemente sea la más grande en la historia de la humanidad. Las recesiones siempre han sido vistas como males, pero en la Argentina parece que las autoridades la consideran un remedio.
Concluyo: el equilibrio fiscal es único, pero hay muchas maneras de lograrlo. Se eligió una estrategia extremadamente costosa en términos de actividad económica y costo social.
El proceso ya está en marcha, no es momento de hacer recomendaciones. Como dicen los famosos trolls que apoyan sin vacilar la actual gestión: “Para opinar haga un partido y gane la elección”.
Eso sería como decir “el juguete es de Milei y con él hace lo que quiere”.
El presidente Javier Milei ya hizo montones de agresiones, inconsistencias y virajes que hacen que ahora no sea posible aplicar las medidas que se hubiera podido aplicar en diciembre. Las medidas de política económica dependen de quién las aplica y de la confianza y credibilidad que esa persona y su equipo generen.
El Milei de diciembre no es el Milei de agosto y sus alianzas políticas y su equipo, tampoco. Me refiero al tema de la “inconsistencia temporal”. El economista argentino Guillermo Calvo escribió mucho sobre esa cuestión.
De entrada, no debía haber insultado/agredido/despreciado a casi toda la clase política. Eso llevó a meses negociando una Ley que salió recortada; se generó pérdida de credibilidad y se mostró falta de gobernabilidad.
En paralelo se licuaron ingresos y se congeló, o no se pagaron, gastos. No hubo ningún criterio de eficiencia o lógica económica para hacerlo. La falta de credibilidad es la causa fundamental para que no nos hayan entrado divisas y haya colapsado la inversión (salvo en algunos rubros puntuales, como la minería y el petróleo y el gas).
De ahí se va directo a la suba de impuestos (“temporaria”) y la continuación del cepo. La recesión provocó caída de recaudación y entramos en un círculo vicioso: contraen más las políticas monetaria y fiscal y con ello agravan la recesión y generan más expectativas de falta de sostenibilidad.
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