
El fracaso de Gustavo Petro no es una sorpresa, sino la consecuencia previsible de su incapacidad manifiesta para gobernar. Quienes nos opusimos a su candidatura advertimos desde el inicio que su presidencia sería una mala copia de su desastrosa gestión como alcalde de Bogotá, durante la cual la improvisación destruyó el sistema de basuras y la laxitud en las normas convirtió la ciudad en la capital de hampa. Además, su obsesión por la prevención en salud dejó un hueco fiscal de más de 600 mil millones de pesos en la EPS distrital Capital Salud.
El desastroso manejo de las basuras, la ineficiencia en el sistema de salud, la deficiencia en los servicios públicos y la violencia urbana fueron algunos de los grandes descalabros que caracterizaron su administración en Bogotá. Ahora, estos mismos errores están siendo replicados a nivel nacional, llevando al país a una crisis sin precedentes.

Han pasado dos largos años desde que Petro asumió la presidencia de Colombia, prometiendo un cambio que se ha visto reflejado en una economía en franco deterioro, salpicada de exorbitantes escándalos de corrupción, y con un creciente empeoramiento del conflicto armado por cuenta de un proceso de paz que han bautizado “La paz total”, pero que solo puede llamarse “Paz cocal”, pues mientras el gobierno dialoga con los grupos alzados en armas estos aprovechan para conquistar territorios de narcotráfico y de la minería ilegal.
Al presidente Gustavo Petro hay que recordarle que Colombia está muy lejos de ser esa ‘potencia mundial de la vida’ que tanto pregona en sus discursos. Como estrategia de marketing puede resultar exitosa, pero solo engaña a unos pocos incautos que ya han visto cómo el país se desmorona a manos de los grupos armados ilegales que el Gobierno protege, gracias a ese pacto nefasto que hizo su hermano Juan Fernando Petro en las cárceles de Colombia para poderse elegir.

Este gobierno se convirtió, también, en sinónimo de corrupción extrema. Solo sus fanáticos le creerán los pretextos con los que no asumen sus responsabilidades en la corrupción los funcionarios de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd). ¿Qué hicieron con cientos de miles de millones? No resolvieron el hambre de La Guajira ni del Chocó y mucho menos llevaron agua. Tampoco sucedió nada con los maletines de Laura Sarabia, ni con la muerte del coronel Dávila, ni con las confesiones de Nicolás Petro, ni con los audios de Armando Benedetti.
Durante estos dos años de petrismo solo hemos visto disparates, promesas absurdas y una alta dosis de propaganda socialista que ya no engaña a nadie. Petro ha demostrado en múltiples ocasiones su desprecio por Colombia y sus instituciones, como lo evidenció al llegar tarde al desfile del 20 de julio, vistiendo una guayabera y un pantalón blanco, en un claro gesto de desdén por la tradición y el respeto que la ocasión demandaba.

Y hablando de las petrorreformas, no son más que un intento estatista de concentrar el poder en manos del gobierno de Gustavo Petro que representa un peligro para la democracia colombiana, pues son un esfuerzo deliberado para someter al individuo y controlar cada uno de los aspectos de la vida de los ciudadanos. Colombia ya se ha manifestado en las encuestas contra ellas.
Los resultados de los comicios venezolanos nos demuestran que no queremos seguir ese camino. El autoritarismo y la corrupción que destruyeron a Venezuela son un claro ejemplo de lo que podría pasar aquí si no actuamos rápidamente para cambiar el rumbo de Colombia.
Este país habrá que reconstruirlo desde sus cimientos. La administración de Gustavo Petro ha dejado a Colombia en ruinas. Sin embargo, a pesar de este panorama oscuro, este un país con ciudadanos trabajadores y comprometidos que superaron grandes adversidades en el pasado. Si nos unimos en una causa común, que es la Colombia grande, podemos reconstruir nuestra Nación, fortalecer nuestras instituciones y devolverle la estabilidad y prosperidad que merece.
Es momento de mirar hacia el futuro con determinación, sin miedo, convencidos de que la adversidad forja el alma, y que mañana Petro será un pésimo recuerdo que no podemos repetir.
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