
Tuve el enorme privilegio de asistir a una sesión con invitados de la Academia de Ciencias Empresariales. El encuentro fue organizado por su presidente, el Dr. Daniel Funes de Rioja, en colaboración con los equipos técnicos de la UADE, presidida por el Dr. Héctor Masoero. Leemos a diario sobre la inteligencia artificial, pero esta vez se buscó una experiencia inmersiva, aplicable a distintas consultas académicas.
En un momento de la conversación se lanzó una pregunta que yo también me hacía. Si hoy la IA puede, desde un chat, responder todas las preguntas de forma eficiente, e incluso, como pasó en la presentación, desde la imagen de un avatar, ¿serán necesarios los docentes en un futuro?
La inteligencia artificial puede ser una herramienta poderosa para apoyar y potenciar la labor docente, pero reemplazar completamente a los docentes es poco probable. La educación es un proceso complejo que involucra no solo la transmisión de conocimientos, sino también la guía, el apoyo emocional, la motivación y la evaluación de habilidades blandas.
La inteligencia artificial puede automatizar tareas administrativas y de evaluación, desde el punto de vista de la corrección de las respuestas, pero valorar la actitud del alumno, por cómo se ha desempeñado en clase, si era participativo o desinteresado, si hacía preguntas y buscaba entender; conocer sus angustias y desvelos es complejo para una máquina que, aunque lo simule, no puede sentir.
El docente, a su modo, es un artista. La palabra “educar” proviene del latín “educare”, que a su vez deriva de “educere”, que se compone de: “E-”prefijo que indica “hacia fuera” o “desarrollo” y “Ducere”, verbo que significa “guiar”, “conducir” o “dirigir”. En este sentido, “educare” originalmente significaba “guiar hacia fuera” o “conducir hacia el desarrollo”, implicando la idea de llevar a alguien hacia su pleno potencial o hacia una mayor madurez.
Con el tiempo, el término “educar” evolucionó para abarcar una amplia gama de significados relacionados con la enseñanza, el aprendizaje y el desarrollo de habilidades y conocimientos. Sin embargo, su raíz etimológica sigue reflejando la idea fundamental de guiar y apoyar el crecimiento y el desarrollo de las personas.
El gusto por aprender se da también por la empatía que genera quien enseña. La IA puede proporcionar recursos personalizados y adaptativos y ayudar en la detección de necesidades individuales de los estudiantes. Es probable que la inteligencia artificial se convierta en una herramienta colaborativa para los docentes, permitiéndoles centrarse en aspectos más humanos y de alto valor agregado de la educación. La combinación de la tecnología y la experiencia docente puede enriquecer el proceso educativo y beneficiar a los estudiantes.
En otro orden de cosas, desde la Fundación Pastoral Universitaria San Lucas, hacemos el proceso de selección para otorgar 50 becas de UADE y 10 de Favaloro. Están abiertas a jóvenes de 18 a 21 años de bajos recursos económicos y buenos promedios académicos, sin sanciones disciplinares. Es decir, que lo que estamos seleccionando en ese rango social vendría a ser lo más selecto que produce la educación pública y privada en AMBA. El año pasado cerramos en 380 candidatos; de estos, solo 90 cumplimentaron los requisitos de inscripción. Cuando tuvieron que rendir el examen de ingreso, sólo 17 aprobaron la primera vez. Fueron bochados en el examen de comprensión de textos. No llegan a entender lo que leen.
La educación universitaria argentina no ha parado de crecer y mejorar. No sólo son responsables las altas casas de estudio, sino también un organismo de excelencia como es la CONADEU, el organismo que se encarga de regular y supervisar la educación universitaria argentina. Su presidente, Martín Strah, comentaba sobre la experiencia de la CONADEU que ha tenido continuidad a través de las diferentes gestiones de gobierno, en la verificación de la educación universitaria pública y privada, con resultados de excelencia en el crecimiento de la calidad educativa.
Lo opuesto a esto ha sido el desastre de la educación primaria y secundaria. Es allí donde hay que poner el foco. Por más inteligencia artificial que esté disponible, en la vida no todo es “copiar y pegar”. Hay que poder leer libros enteros y comprender lo que dicen, alimentar la reflexión y la expresión con la escritura, para no encontrarse con la pared del mundo universitario que no para de crecer, y mientras que la escuela no para de caer.
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