El Presidente Milei y el futuro de la Argentina

El desafío es tan grande que exige estar a la altura de las expectativas de los ciudadanos, en particular de los más jóvenes, que necesitan que el país les marque un futuro de oportunidades, de mejor calidad de vida y reconocimiento

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Javier Milei y Victoria Villarruel
Javier Milei y Victoria Villarruel - EFE/ Congreso Argentina

Estamos viviendo la preparación de un gobierno que tendrá que enfrentar un futuro complejo, partiendo de una situación socio-económica muy grave, consecuencia del fracaso de un sistema que hay que cambiar.

¡En qué se metió, Sr. Milei!! Pero si desea hacer bien las cosas, quiero decirle que usted ya ha cumplido la primera condición que tiene que tener un aspirante a estadista: tener el coraje para asumir la conducción de nuestro país, en el estado en el que se encuentra.

Aunque la mayoría lo ha elegido, ese reconocimiento no será permanente y, sin dudas, se erosionará con los efectos del desastre que recibe y con aquellos producto de los cambios que se necesitan hacer. Y ni que hablar si se dilata demasiado el proceso hasta la salida del túnel en el que estamos.

Por eso, Sr Presidente, no tiene mucho margen: ¡haga!, y anímese a hacer rápido y sin dilaciones. Usted ya lo sabe por experiencia ajena: primero, comunique bien cómo recibe su gestión y segundo, aplique las medidas que tenga que aplicar de inmediato. Será duro, pero bien explicado, la ciudadanía lo aceptará mejor.

El 2024 pasará rápido y muy sufrido. Su prioridad será estabilizar la economía, y eso le consumirá el primer año de su mandato. Pero, si no tenemos un propósito ulterior que seduzca a la sociedad, ¿para qué semejante esfuerzo?

Debo decirle que usted también muestra una segunda característica que lo identifica como un posible estadista: en cada exposición que realiza, siempre conecta sus ideas con el propósito de llevar a la Argentina a transformarse en una potencia mundial en 35 años.

Esa ambición así expresada, de difícil interpretación para algunos acostumbrados al corto plazo, constituye una visión de nivel estratégico, de largo plazo que, consensuada por todas las instituciones del país, podría asegurar una continuidad de gestión de la que hemos carecido por décadas.

Pero creo que esa visión necesita robustecerse paralelamente al proceso de normalización económica, para que no se diluya en una expresión vacía que termine siendo usada como un argumento para desprestigiarlo. Requiere de una construcción que dé lugar a un “Proyecto de Nación” que ayude a ordenar al país y darle previsibilidad.

Foto de archivo del presidente
Foto de archivo del presidente electo de Argentina, Javier Milei. EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

Fíjese, a modo de ejemplo, que si se definiese como un Objetivo Estratégico de ese Proyecto de Nación el constituirse en una “potencia mundial energética”, basada en la producción, industrialización y exportación de gas, petróleo, litio, hidrógeno verde y azul, atómica, etc., permitiría diseñar, crear las condiciones  y priorizar políticas asociadas de infraestructura, educación y trabajo, de seguridad y defensa, de organización administrativa, entre otras.

Es tan importante y complejo que su desarrollo debería realizarse mediante una participación federal, interministerial, con las provincias y municipios vinculados, universidades, “think tanks” y aquellas instituciones relacionadas, siendo acompañado por el Congreso de la Nación, creando las condiciones legales que incentiven el desarrollo y la inversión.

Teniendo claro hacia donde se quiere ir hay incentivo y se contagia entusiasmo. Todo se planifica mejor y el empleo de los recursos (Ej. el Presupuesto) se hará más eficiente, evitándose su despilfarro o uso poco claro.

Sr. Presidente, siendo un liberal libertario que cree en la mínima intervención del Estado, alguien podría interpretar que usted ha caído en una contradicción que no tiene solución: ser titular del Estado argentino, sin mayoría parlamentaria y sin siquiera un gobernador afín. Pero, aquí debo mencionarle que percibo otra característica que lo acerca a ser un posible estadista, sabe escuchar a todos y demuestra adaptarse a la situación por un bien superior: Argentina.

Usted sabe que la responsabilidad irrenunciable del Estado es cumplir y hacer cumplir la Constitución Nacional. Quiero ser claro, todo puede estar en manos privadas, pero alguien que nos representa debe velar por nuestros intereses como Nación.

Imagínense si, además, definiéramos otros objetivos estratégicos a lograr, como podrían ser el tristemente pendiente y contradictorio “pobreza cero”, o transformarnos en “lideres internacionales en el sostén logístico antártico”, o convertirnos en “referentes mundiales de la alimentación”, o del “desarrollo de energías renovables no contaminantes”, destacarnos en determinadas áreas de la industria y tecnología, etc.

Definidos los objetivos estratégicos y desarrolladas las políticas para alcanzarlos de manera federal, como en el ejemplo inicial, deberíamos crear las condiciones para lanzar a los privados a un juego que los entusiasme a ganar, pero que también lleve a la Argentina a ser grande.

Y es que todo, cuando se trabaja en el marco de un “Proyecto de Nación”, tiene que ver con todo. No tengo dudas de que, si en 35 años somos potencia mundial, el reclamo de nuestros derechos en el Atlántico Sur, hoy lejos de concretarse debido a nuestro pobre posicionamiento internacional, tendríamos enormes chances de hacerlos realidad. Para negociar y ganar, hay que tener poder. Para tener poder, hay que crecer como país y para crecer, hay que saber qué queremos y cómo lograrlo, es decir, tener un “Proyecto de Nación”.

En definitiva, Sr. Presidente Milei, qué difícil lo tiene, liderando semejante desafío. A usted le cabe la responsabilidad de confirmar que es un estadista, condición que, a mi juicio, lo obliga a cumplir con los siguientes cuatro aspectos: ser un líder inteligente, con visión estratégica que le permita orientar el esfuerzo de todos; saber conformar equipos de trabajo para diseñar y conducir las políticas de estado al logro de los Objetivos Estratégicos fijados; ser honesto, para reducir al máximo la corrupción, siendo ejemplo y coherente con sus actos; y saber comunicar, para que todos los ciudadanos comprendan y adhieran con entusiasmo a los proyectos de su gobierno.

La sociedad argentina está exigiendo que la guíen por un camino de certezas, sin improvisación ni corrupción, con objetivos claros para alcanzar un futuro mejor, en el que las próximas generaciones se sientan orgullosas de nosotros.