Hay cinco formas de votar a Massa y sólo una de elegir a Milei

Cuáles son las alternativas que tienen los argentinos el próximo domingo en el balotaje

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En las elecciones del 19 de noviembre, los votantes tendremos cinco formas de expresarnos para determinar quién ganará el balotaje entre Massa y Milei: el voto positivo, el voto en blanco, el voto nulo, convertirse en nuevo no votante, o volver a no votar.

Un simple análisis nos indica que Massa cuenta con la enorme ventaja de que todas las formas de votar y de no votar lo hacen presidente. Hay cinco “formas” de votar a Massa, y solo una de votar a Milei. Extraordinaria superioridad.

La rápida decisión de Bullrich y Macri de apoyar sin condicionamientos a Milei, y la inmediata respuesta radical liderada por Morales y Lousteau de no apoyar a ningún candidato en el balotaje pusieron como pocas veces en la consideración pública las múltiples alternativas que tienen ante la elección los votantes en primera vuelta cuyos candidatos no pasaron a la segunda. No se trata solo del positivo, sino que hay por lo menos otras 4 formas de voto y de no voto que influirán en el resultado.

No hay dudas que el corazón de la disputa es conseguir ser votado positivamente, lograr que quienes votaron primero a Bullrich, Schiaretti y Bergman hoy voten Massa o Milei. Ganar ese apoyo es el primer objetivo.

Las otras formas de manifestarse políticamente que tiene el elector -diferentes al clásico voto positivo- no son inocuas, sino exactamente lo contrario: decidirán la elección.

¿Cuáles son? Una es el voto en blanco, otra es anular el voto. Y una manera particular de participar no participando –aunque parezca un juego de palabras- es no votar. Todas estas alternativas al voto positivo han sido puestas sobre la mesa por un sector de la política, el qué, bajo diferentes consignas, las alienta.

En todos los casos, el llamado a votar en blanco, a anular el voto o a no votar es una actitud militante que encierra una intencionalidad política evidente, particularmente porque quienes adhieren a estas posiciones son destacadísimos dirigentes políticos que si de algo saben mucho es de elecciones, de sistemas electorales, y del valor matemático del voto blanco, nulo o de la abstención, y por lo tanto de como esas conductas influirán en el resultado final, decisivamente. No pueden negar la dirección de su actitud.

En un hecho sin antecedentes en nuestra historia reciente, están militando una rareza: el voto blanco o nulo, o llamando a no votar.

Instan a un voto que no es voto pero que cuenta como tal, un voto indirecto, que tiene por objeto conseguir un resultado sin el costo de tener que decir públicamente “voto a fulano y pido el voto para él, ayudando a un candidato solapadamente, sin decirlo o diciéndolo lo menos posible

En una elección, a los candidatos se les suman o se les restan votos. Restar votos a uno es sumar al otro. Impedir que se sumen votos al segundo es también una manera de ayudar al que va primero.

Claro qué, detrás de la campaña por el voto blanco o nulo o abstenerse hay una evidente intencionalidad política de favorecer a Massa, ya que como tiene una ventaja sobre Milei, desalentando el voto positivo le restan a Milei chances de sumar votos, lo que beneficia al candidato kirchnerista, que tiene 7 puntos más que su oponente libertario.

¿Por qué sostenemos específicamente que el voto en blanco y el voto nulo es en la práctica un voto positivo que beneficia claramente a un candidato?

Para comprender cabalmente los antedicho les propongo un simple ejercicio matemático: imaginemos que la campaña a favor del voto en blanco y nulo se impone y que todos los votantes de Bullrich, Schiaretti y Bergman deciden votar en blanco o anular el voto, y que todos los que votaron a Massa y Milei en la primera vuelta concurren a votar y ratifican el sentido de su voto. ¿Quién ganaría las elecciones? Massa, porque al no sumarse nuevos votos, Massa hace valer que tiene 7 puntos más que Milei y triunfaría.

Votar en blanco y votar anulando el voto favorece a quién salió primero en las elecciones de la primera vuelta, porque está adelante en el total de votos obtenidos -en este caso, por 7 puntos, que en términos relativos es mucho-.

La Constitución Nacional, en sus arts. 97 y 98, prescribe que solo se cuentan los votos si son “votos afirmativos válidamente emitidos”-

Como solo se suman los votos positivos, cada voto en blanco o nulo acerca a la presidencia al que obtuvo más votos en la primera vuelta. Le será más simple llegar a la mayoría absoluta a Massa que a Milei si los votos blancos y nulos se multiplican.

Otra manera particular de apoyar a Massa en el balotaje es no concurriendo votar.

No votar es matemáticamente una forma indirecta de votar por aquel que obtuvo más votos en la primera vuelta. Siempre el que está primero en las preferencias de los votantes – Massa obtuvo el 37% y Milei el 30- se beneficia si disminuyen los votantes, porque su ventaja se mantiene y su rival no suma más votos porque no concurren a votar. Si votan menos se le dificulta a Milei alcanzar a Massa, que le lleva muchos votos.

Pero profundizando el análisis sobre la abstención, se advierte que hoy podemos distinguir 2 tipos de abstenciones, y ambas benefician matemáticamente a quién tiene más votos.

Una es la abstención común.

Es la que produce la suma de aquellos que no van a votar por edad, enfermedad, estar lejos del punto de votación, por indiferencia, y otras múltiples causas que en general suman entre 18 a 25 puntos de no votantes sobre el total del padrón. A pesar que parecería imposible evitar este ausentismo, más votantes no concurriendo a votar favorece al que ya sacó más votos en el ballotage: el que tiene menos no puede sumar porque aumenta la abstención.

La otra abstención es la militante.

Es la que hoy propician a viva voz dirigentes y personalidades públicas, y cuya línea argumental se apoya en que ninguno de los candidatos los satisface, en que el voto ciudadano de la primera vuelta los colocó en el lugar de la oposición, y por lo tanto no deben pronunciarse a favor ni de uno ni otro candidato, prefiriendo no votar. Desde mi mirada, esa posición en boca de avezados políticos es como mínimo falsa, porque quienes militan el no votar en el ballotage saben perfectamente -podría agregar “viven de eso”- que si vota menos gente más cerca está Massa de la presidencia. Es una simple operación matemática la que llega a esta conclusión.

También destacamos que incitar a no votar es ilegal, ya que en nuestro ordenamiento legal el voto es obligatorio desde la ley Sáenz Peña de 1912, y aquí se está instando a no cumplir con una norma vigente.

A mayor abstención, menos chances de Milei de descontar la diferencia de 7 puntos que le lleva Massa hoy. Y si el 23% que no votó aumenta -por ejemplo, porque ese fin de semana deciden ir a la playa antes que votar- crecen proporcionalmente las posibilidades del candidato oficialista de triunfar

Massa sabe que alentar la abstención – con cualquier argumento- es una forma de debilitar la candidatura de Milei, que se ve privado de la posibilidad de sumar votos nuevos.

Lo antedicho es tan evidente que el gobierno nacional ha decidido mantener el feriado largo del noviembre con motivo del día de la Soberanía Nacional, que coincide con el día de las elecciones, aun cuando la Cámara Nacional Electoral le solicitó el Poder Ejecutivo que lo cambie porque ese fin de semana largo coincide con la segunda vuelta.

Hay un antecedente: cuando este mismo feriado -en el año 2015- coincidió con el ballotage Scioli- Macri, se lo cambió.

Y no se cambia porque al candidato oficialista Massa le conviene que por el fin de semana largo disminuya la concurrencia al comicio, que potenciales votantes mileístas se trasladen a la costa porque ya tienen contratados servicios turísticos y no voten. No es inocuo no votar: beneficia a Massa.

¡¡¡Extraordinaria ventaja la de Massa!!!

Cinco formas de votar benefician a Massa: eligiendo su boleta en el cuarto oscuro; votando en blanco; anulando el voto; no votar por indiferencia; y militar el no voto.

Y a Milei hay solo una forma de votarlo: ir a votar y elegir su boleta en el cuarto oscuro.

Oscar Jiménez Peña es abogado y docente universitario