
La diplomacia tiene la oportunidad de empezar a superar diferencias entre Buenos Aires y Londres en torno de las Islas Malvinas, Sándwich del Sur y Georgias del Sur. De acuerdo a dos encuestas del Reino Unido (Politics Polls por Twitter y YouGov Poll, realizada en Inglaterra, Gales y Escocia), se podría interpretar que las animosidades post conflicto han quedado en el pasado. Mientras que el primer sondeo de opinión muestra un amplio reconocimiento que los archipiélagos pertenecen a la Argentina, la segunda encuesta refleja que a un 54% de los británicos no les afectaría que las islas dejaran de continuar bajo dominio del Reino Unido (solo un 34% insistió en mantener la colonia). Un 16% se manifestó por la transferencia de la soberanía y sólo un 10% de los encuestados a favor de la autodeterminación.
En el mismo sentido, una tercera encuesta on line del Daily Express, refleja que la población del Reino Unido tendrían un enfoque tolerante incluso respecto a la nomenclatura argentina de las Islas del Atlántico Sur. Un 72% considera apropiado el uso del nombre de Islas Malvinas en lugar de la denominación británica Falklands Islands.
Los relevamientos de opinión pública estarían dejando en evidencia una reevaluación de la sociedad británica sobre la legitimidad, resabios e incluso excesos del sistema colonial. El Rey Carlos III, por ejemplo, ha puesto a disposición los archivos reales para una investigación sobre el papel imperialista, esclavista y colonialista de la monarquía británica.
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Este incipiente revisionismo es interesante para el análisis en virtud de que documentos desclasificados del Foreign Office han revelado que uno de los argumentos utilizados en el pasado para negarse a negociar con Argentina (conforme a las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas) ha sido la preocupación a una eventual reacción negativa de la opinión pública. Esos mismos archivos gubernamentales señalan, según un artículo publicado en The Guardian, que el temor mediático de Downing Street fue la causa que frustró distintas posibilidades concretas para la transferencia a la Argentina de la soberanía de las Islas Malvinas (Memorándum de Entendimiento de 1968 y otras iniciativas diplomáticas consideradas en la década de 1970).

En la actualidad, el juego de intereses a contrapelo de la opinión pública parece repetirse por empresas británicas involucradas en la exploración y explotación de yacimientos de hidrocarburos en aguas circundantes a las Islas Malvinas, para evitar la reanudación de un diálogo bilateral más constructivo. No es de extrañar que así sea. Los antecedentes diplomáticos muestran que fueron esas mismas empresas las que lograron en el año 2000 vaciar de contenido a la Comisión de Hidrocarburos del Atlántico Sudoccidental y, posteriormente, promover la adopción de medidas unilaterales que socavaron el concepto de colaboración de la Declaración Conjunta de Cooperación sobre Actividades Costa Afuera en el Atlántico Sudoccidental (1995) en un área especial de 21.000 km2 situada al sudoeste de las Islas Malvinas.
Pese a la avidez de los petroleros de mantener el statu quo colonial en el Atlántico Sur, en particular que excluya cualquier cooperación con Argentina, los sondeos de opinión acentúan que es hora que la diplomacia se imponga. A cuatro décadas del fin de la guerra, la opinión pública británica transmite que ya no hay espacio para la intransigencia. En ese contexto, Argentina y el Reino Unido deberían asumir con mayor responsabilidad sus obligaciones conforme la Carta de las Naciones Unidas. También aprovechar las experiencias del pasado para impulsar una nueva atmósfera entre Buenos Aires y Londres en torno de la cuestión Malvinas.
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