
Con 1,4 mil millones de habitantes, la India es el país más poblado del mundo y, a la vez, la democracia más poblada a escala global. De acuerdo con su régimen político, la titularidad del Poder Ejecutivo recae en la figura del Primer Ministro.
En 2014, el BJP (Bharatiya Janata Party), liderado por Narendra Modi, se convirtió en el primer partido en alcanzar una mayoría parlamentaria tras treinta años de gobiernos de coalición, y fue capaz de ampliar esa mayoría en 2019 para convertirse en el primer partido en ganar mayorías consecutivas desde 1971. Modi, actual Primer Ministro, tiene casi garantizada la reelección el año que viene.
El Presidente de los EEUU, Joe Biden, recibió el 22-23 de junio pasado a Narendra Modi en visita de Estado, el más alto rango protocolar en dicho país. Modi fue uno de los pocos líderes extranjeros, junto con Churchill, Mandela y Zelensky, en dirigirse más de una vez a una sesión conjunta del Congreso.
¿Por qué fue tan importante la visita de Modi a los EE.UU.? La revista The Economist dedicó varios artículos recientemente a India. Uno de ellos lo tituló “La India indispensable. El nuevo mejor amigo de Estados Unidos. India no ama a Occidente. Aun así, América la necesita”.
Los hechos se despliegan mientras la influencia mundial de India está aumentando rápidamente. Su economía es la quinta del mundo, cuarta mayor fuerza militar y potencia nuclear. La India se ha convertido en indispensable para los esfuerzos de EE.UU. para reafirmarse en Asia y disuadir a China. Desde 1993 la economía india ha crecido rápidamente, una tendencia que ha continuado tras la elección de Modi en 2014. India representa ahora el 3,6% del PBI mundial, lo mismo que China en 2000. En 2028, según las previsiones del FMI, alcanzará el 4,2%, superando a Alemania y Japón.
En contraste con los tigres asiáticos, las exportaciones de la India están impulsadas por los servicios, de los que es el séptimo exportador mundial. Las infraestructuras también han mejorado bajo el mandato de Modi y sus predecesores inmediatos, y el sector industrial puede repuntar a medida que las cadenas de suministro se diversifiquen desde China: Apple ensambla ya el 7% de sus iPhones en India. Para que India se convierta en uno de los pilares de la economía mundial, basta con que siga creciendo aproximadamente al ritmo actual. Goldman Sachs prevé que el PBI de India supere al de la zona euro en 2051 y al de EE.UU. en 2075.
Gracias en parte a su diáspora, el poder de atracción de la India es mundial. Los jefes de Alphabet, IBM y Microsoft son de ascendencia india, al igual que los directores de tres de las cinco mejores escuelas de negocios de EE.UU. La diáspora india también prospera en el mundo de la política. Hay más de diecinueve personas de ascendencia india en la Cámara de los Comunes británica, incluido el Primer Ministro, Rishi Sunak. La Vicepresidenta de EE.UU., Kamala Harris, fue criada por su madre, una india tamil. Y Ajay Banga, nacido India, fue elegido recientemente para dirigir el Banco Mundial.
En reconocimiento del papel cada vez más central de la India y de su capacidad para influir en los asuntos mundiales, los gobiernos de India y de los EE.UU. iniciaron una “asociación estratégica” en 2005, junto con un marco para la cooperación en defensa a largo plazo que ahora incluye ejercicios militares conjuntos a gran escala y un importante comercio de defensa. En 2020, junto con Japón y Australia, EE.UU. y la India revitalizaron el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (“Quadrilateral Security Dialogue” o “Quad”) como iniciativa emblemática de la Estrategia Indo-Pacífica de EE.UU. El mecanismo se considera, al menos en parte, como un contrapeso a la creciente influencia de China. Para aumentar el poderío de India, EE.UU. firmó recientemente una serie de acuerdos de defensa para mejorar la cooperación en tecnología militar.
La nueva política exterior india. Nueva Delhi persigue desde hace tiempo la “autonomía estratégica” en los asuntos exteriores; ve con buenos ojos un mundo multipolar y aspira a ser “una potencia líder, más que una simple potencia de equilibrio”. Recientemente, Henry Kissinger señaló en The Economist: “Tengo en muy alta estima la forma en que los indios conducen ahora su política exterior, porque muestra equilibrio” y calificó al ministro de Asuntos Exteriores indio, Subrahmanyam Jaishankar, como “el líder político en ejercicio que más se acerca a mis puntos de vista”.
India no ve el mundo en términos de una dualidad al estilo de la guerra fría, enfrentando a los países liderados por EE.UU. con los que se adhieren a China. Ve un baile emergente de grandes potencias -principalmente EE.UU. y los BRICS- en el que participará con múltiples socios, aunque en diferentes grados. Esta visión transaccional (en un libro reciente “The Indian Way. Strategies for an Uncertain World,”, Jaishankar describe un “mundo multipolar con amigos y enemigos”) no excluye las asociaciones a largo plazo.
La transformación de la relación entre India y EE.UU. es uno de los grandes cambios de la política exterior india. Se puede atribuir en gran parte este cambio a Modi, por haber eliminado las “vacilaciones ideológicas”, el anti-americanismo de la antigua élite izquierdista india. Según Jaishankar, esta relación se verá impulsada por dos grandes cambios económicos: la diversificación de las cadenas de suministro fuera de China y el aumento de la digitalización. Ambos procesos, que él describe como una “nueva globalización”, dependen de la confianza mutua que India y EE.UU. están construyendo.
Jaishankar cree que Rusia se está reorientando económicamente hacia Asia. Por este motivo, India no puede abandonar la relación con Rusia y permitir que se forme un eje Rusia-China, con Pakistán como aliado chino, que rodee a India y la deje sola en el tablero asiático. No está claro cuánto apoyo podría esperar EE.UU. de India en caso de necesidad. India ya expresó que no desea involucrarse en un conflicto sobre Taiwán. Lo que sí procura es reforzar sus defensas terrestres y marítimas contra China.
El renombrado semanario británico propone que los EE.UU. y sus aliados deberían ser realistas sobre dónde reside la simpatía de India -con sus intereses y no con los suyos- y creativos en sus esfuerzos por encontrar coincidencias entre ambos.
¿Y Argentina? Recientemente, Federico Pinedo expresó que “los motores de la economía argentina y regional han pasado, milagrosamente, a ser globales. Es el mundo el que demanda que produzcamos y le vendamos alimentos de todo tipo (y ahí está toda la Argentina interior); energía (y allí están nuestras reservas de gas y las fuentes limpias); minería (y allí están las bases de la movilidad, el cobre y el litio); industrias del conocimiento; industrias culturales; turismo; industrias de punta (como la nuclear y la satelital); industrias especializadas dentro de las cadenas globales de valor… se acaba la actitud defensiva; empieza el camino de la expansión y el crecimiento”.
El gobierno argentino que surja de las próximas elecciones, que seguramente será de la oposición, debe calibrar estos reposicionamientos de la India y profundizar la “relación estratégica” establecida por el entonces Presidente Mauricio Macri en 2019.
India, en su enorme crecimiento, precisa aliados confiables con los que pueda generar vínculos estables de largo plazo. Para eso debemos recuperar los valores republicanos, ordenar y abrir nuestra economía para atraer capitales y empresas indias.
India precisa alimentos, energía y minerales que tiene nuestro país. Empresas indias podrían invertir para desarrollar estos recursos. Ya el INVAP construyó una planta de radioisótopos en Mumbai; ya se inició la cooperación satelital. Hay un enorme potencial en el sector de las industrias TICS; en acrecentar el turismo indio a la Argentina y para que Bollywood, la principal industria cinematográfica india, filme en el país; para que Argentina sea un foco para que estudiantes indios vengan a estudiar sus carreras universitarias y posgrados en nuestro país y poner a Argentina en el foco de la diáspora india, entre tantas muchas otras posibilidades.
*El autor es diplomático de carrera. Abogado y Licenciado en Ciencias de la Educación. Cónsul General (a.c.) y Director del Centro de Promoción de Argentina en Mumbai, India, entre 2016 y 2019.
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