
Las redes sociales constituyen una forma –cada vez más– predominante de instalar temas en la agenda pública y mediática. De la misma forma, ejércitos de trolls, mayormente vinculados a la política, luchan por resaltar denuncias reales o creadas con el fin de generar narrativas favorables a sus intereses.
Es verdad que ya llevamos varios años lidiando con esta dinámica y cada vez más se ubica en su lugar a las redes sociales que quizás llegaron a estar sobrevaluadas en el peso efectivo sobre el riesgo del prestigio que pueda tener sobre las personas o las marcas. Sin embargo, el carácter preventivo de estar informado y conocer que existen formas de contener ataques sigue quedando en una bruma poco clara.
Que la red social Twitter se haya convertido en un espacio donde reina la oscuridad, y Facebook un lugar lleno de noticias falsas (fake news), para el público argentino no sería novedad. Lo esencial no es la existencia de una comunidad de cuentas falsas que tiene su marca de origen en la lógica de las redes, sino que lo llamativo es ese carácter encubierto expandido que dificulta el contrataque y cualquier acción legal que las contenga imposibilitando defender el prestigio ya atacado.
Se calcula que entre un 15 y un 20% de los usuarios de todas las plataformas es fake. La falta de reglamentación estatal de cualquier tipo de todas las redes sociales también es un desafío a la hora de reaccionar a contenidos que puedan afectar el prestigio. Además, de los riesgos que conlleva la Inteligencia Artificial en su capacidad de clonar voces o imágenes de verosimilitud asombrosa, que junto con una real capacidad de viralización siguen teniendo un potencial enorme de daño.
Las herramientas para prevenir son las mismas de siempre aggiornadas a la tecnología y aplicaciones actuales. El monitoreo constante es una de las claves de una rápida y eficiente respuesta para personas y empresas de alta exposición. Como casi siempre la escasez de recursos deja la prevención sólo para el momento en que estalle el problema, conocer que existen formas de denuncia eficaces y capacidades de viralización que contrarresten los ataques, es la forma usual, aunque más cara de responder a problemas de ataques a la marca en las redes sociales.
Cada vez más vemos agresiones puntuales efectivas realizadas por usinas con poder de fuego en las redes sociales que intentan desprestigiar a alguien por algún conflicto de interés concreto. Monitorear las redes sociales y tener a disposición las herramientas para contrarrestarlo debería pasar a un primer lugar de la agenda de todo aquel que se preocupe por su imagen pública.
Nahón es autor de “El fraude en la era digital” (Pluma editora) y consultor en investigación y prevención de fraude corporativo
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