Último terreno elevado: Segunda Carrera Espacial en la era del New Space

En este nuevo siglo, ningún país puede considerarse una potencia si no es a la vez una potencia espacial.

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Cohete llevando un Satélite al
Cohete llevando un Satélite al espacio. (foto: FOSSA)

Hasta hace unos pocos meses, había en el espacio exterior cerca de 5500 satélites operativos, un número elevado en comparación con el final del siglo XX, cuando la cantidad apenas superaba los 800. Pero con el fin de la primera carrera espacial, y luego de una década de cómodo liderazgo norteamericano, se avecinaba una nueva era: la del New Space. Ello implica que, por ejemplo, para el 2030 es probable –según proyecta Naciones Unidas- que puedan llegar a instalarse en el espacio exterior más de 1 millón de satélites en distintas órbitas terrestres, lunares y más allá. Una verdadera revolución histórica de la actividad humana en el ambiente ultraterrestre.

Estamos apenas en el inicio de esta nueva era espacial, que promete logros fenomenales y está signada por ciertos parámetros: la baja de costos en producción y desarrollo, la miniaturización de productos (por ej. satélites) y de diversas tecnologías espaciales, la expansión de la tecnología y el know how hacia numerosos actores públicos y privados, la diversificación en los tipos de instituciones que participan en la industria y la competencia estratégica entre grandes potencias por el poder, el liderazgo, la riqueza y la seguridad nacional en el espacio exterior.

En este sentido, además de los actores estatales (como EEUU, China, Rusia y otros) existen más de 1700 empresas de cierta envergadura, actores no gubernamentales, startups de diversa índole, asociaciones civiles, universidades, centros de estudio e investigación públicos y privados, etc., que han enriquecido este nuevo escenario de la Geopolítica, tanto en el ámbito tecnológico, como económico, industrial y militar.

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Asimismo, persisten las disputas tradicionales entre grande poderes, por eso estamos en condiciones de afirmar que se vive una Nueva Carrera Espacial, con los EEUU y la República Popular China como principales protagonistas (aunque participan otros estatales y algunos privados), disputándose la utilización y ocupación de las órbitas terrestres mediante estaciones espaciales y un sinnúmero de satélites de diverso tipo (órbitas que a medida que pasen los años se verán cada vez más congestionadas y saturadas), siendo ésta la zona más codiciada. También compiten por las rutas de tránsito de la región espacial cercana a la Tierra y de camino hacia la lunar, la colonización de nuestro satélite natural, un “continente” de 38 millones de km2 de superficie a una distancia promedio de 380 mil km desde nuestro planeta, y regiones más allá de la Luna, como Marte y otros cuerpos celestes y asteroides, puntos lagrangianos, etc.

Lanzamiento de Space X. REUTERS/Steve
Lanzamiento de Space X. REUTERS/Steve Nesius

Otros actores que participan de esta nueva competencia por el espacio son Rusia, la Agencia Espacial Europea (ESA) –con los intereses nacionales de sus miembros detrás-, la India, Japón, EAU y otros, pero en una posición menos destacada. Del mismo modo que grandes actores privados como Elon Musk, Jeff Bezos y otras grandes compañías de la industria (Lockheed Martin, Boeing, etc.) buscan tomar la delantera en servicios de lanzamiento, constelaciones satelitales y otros productos.

Pero con respecto a los privados, hay que dejar algo en claro: forman parte del poder espacial de los competidores estatales, y han crecido –y lo siguen haciendo- al amparo de jugosos contratos del sector público civil y militar, sin desmerecer el espíritu pionero de todos ellos, por supuesto. Y en caso de conflicto, integran la fuerza nacional, como ha sucedido con diversas empresas norteamericanas (como por ejemplo Starlink y Maxar Technologies) en la guerra en Ucrania. Así lo detalla la doctrina espacial oficial de los EEUU publicada poco tiempo atrás.

En este sentido, al igual que ocurrió durante la primera carrera espacial, la actual también está signada por la seguridad nacional, el militarismo, la intención de control de ciertas regiones del espacio y el peligro de guerra en el ámbito ultraterrestre. No está de más recordar, por ejemplo, que entre fines de los ´50 y principios de los ´60 del siglo XX se realizaron por lo menos 7 explosiones nucleares en el espacio exterior, llevadas a cabo por EEUU y la URSS.

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Hoy, no sólo la defensa de las potencias depende de las capacidades espaciales (sistemas de alerta temprana satelital, vigilancia y reconocimiento, comunicaciones, espionaje, sistemas de posicionamiento global para guiado de drones y diversos armamentos, ubicaciones de tropas, etc.), sino que lo que está en juego es también un cuantioso mercado internacional billonario por el cual ya compiten varios actores, y China busca pisarle los talones a los EEUU.

La economía espacial roza hoy los Us$ 400 mil millones anuales, se estima ascenderá a Us$ 640 mil millones a fin de la década, para superar el billón en 2040. Recientemente, la consultora Deloitte aconsejó en forma tajante a todas las empresas que puedan hacerlo (incluso a las ajenas a la industria) a desarrollar estrategias espaciales, por las enormes oportunidades de negocio y las ventajas que pueden obtener frente a sus competidores mediante una adecuada estrategia de negocio basado en capacidades ultraterrestres.

Y en el marco de la New Space Race, la competencia económica es una realidad que sucede en todo el mundo. China, como principal competidor de EEUU, impulsa fuertemente desde 2014 a actores privados con financiamiento mixto, y ya hay en ese país más de 150 actores comerciales que se dedican a la fabricación de satélites, transporte espacial, y otros desarrollos. Algunas, en asociación con el estado, ya trabajan en el desarrollo de lanzaderas y constelaciones satelitales para competir con SpaceX y Starlink. Y dentro mismo de Occidente también se compite de manera acelerada.

IMAGEN DE ARCHIVO. El satélite
IMAGEN DE ARCHIVO. El satélite Euclid, tiene como misión explorar la energía y la materia oscura para comprender cómo se ha expandido el universo través del tiempo. (ThalesAlenia)

Por otro lado, la militarización del espacio es una realidad. Mientras en los continuos debates en el marco de las Naciones Unidas, EEUU y China no se ponen de acuerdo para avanzar en un acuerdo vinculante sobre limitación de armamentos en el ámbito ultraterrestre, ya existen por lo menos 15 tipos diferentes de armas espaciales desarrolladas por las potencias: entre ellas ASAT coorbitales, explosivas y cinéticas de choque directo, armas láser (como el MIRACL de EEUU), los conocidos Jammers (la primera arma de la US Space Force fue el Block 10.2), satélites con brazos robóticos de uso dual -civil y militar-, diversas armas cibernéticas y otras electrónicas que han ido perfeccionando.

Desde la primera Guerra del Golfo de 1990/91 (considerada la primera guerra espacial de la historia), todos los conflictos bélicos que tuvieron como protagonista a alguna potencia espacial han tenido su correlato en el espacio. No por casualidad se ha creado la US Space Force y otras 7 fuerzas de este tipo en el mundo. Sólo por citar el ejemplo más reciente: en la guerra en Ucrania se han utilizado en numerosas ocasiones armas electrónicas y cibernéticas contra satélites. Todo equipamiento militar occidental utiliza GPS; sistemas Patriot y otros misiles, vehículos terrestres, drones, etc., mientras que Rusia utiliza su sistema GLONASS. Y en determinado momento, desde Moscú habían afirmado que los satélites de Starlink se convertían en blancos a derribar, lo que luego no ocurrió.

En este nuevo siglo, ningún país puede considerarse una potencia si no es a la vez una potencia espacial. Y las hay muy pocas, 3 o 4 nada más, y 2 por encima de los demás, EEUU y China. Los que les siguen van corriendo detrás, asociándose a uno u otro, y algunos con ambos. Los dos mencionados son los únicos que tienen la capacidad económica, tecnológica, política, educativa, militar, doctrinaria, de acceso a recursos naturales, organización política y social adecuadas para poder competir con cierta ventaja sobre el resto.

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La primera y segunda potencia mundial son los mayores inversores en asuntos espaciales (EEUU destina anualmente 54.000 millones o más, y China 10.300 millones o más –datos del 2021-). La inversión se incrementa a medida que se acelera la competencia, y entre ambos países han acumulado más del 70% de la inversión privada en los últimos años, donde los grandes bancos, fondos de riesgo e inversores institucionales han comenzado a operar con mucho dinero.

El futuro que imaginábamos ya ha llegado: existen laboratorios farmacéuticos privados operando en órbita (como el de Varda Space) y se planifican parques industriales espaciales. Ya se están fabricando las nuevas estaciones espaciales privadas (desde EEUU planean lanzar la primera en 2025), pronto se venderán en línea satélites personales (como en la plataforma Taobao china), avanzan los proyectos turísticos, planes de generación de energía renovable con base en el espacio, etc. Pero también habrá problemas: saturación de órbitas, choques en órbita y creciente basura espacial, probables disputas en la superficie de la Luna por la utilización del agua en el polo sur y una creciente militarización del espacio que debe obligar a los grandes jugadores a llegar a acuerdos mínimos para que esta nueva carrera espacial no se convierta en una amenaza para la supervivencia humana en el planeta Tierra. Ya que, a pesar de los planes de los Estados y de muchos soñadores y pioneros del espacio, por ahora y por mucho tiempo más nuestro gran cuerpo rocoso verde azulado será la casa que debe acoger a los más de 8 mil millones de seres humanos y otras especies que lo habitan y quieren seguir haciéndolo por los siglos que vendrán.

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