
La propuesta de terminar con el arcaico modo de votación argentino, la Boleta Partidaria de Papel (BPP), y de mudar el modo de votar hacia la Boleta Única de Papel (BUP) quedó estancada en el Senado de la Nación en junio de 2022, después de haber sido aprobada en Diputados.
Como se sabe, la BPP beneficia a los partidos con mayor poderío económico, territorialidad y capacidad de fiscalizar; es vulnerable al hurto o destrucción de boletas y al fraude; su proliferación confunde al elector; facilita la “compra” de voto y genera clientelismo político; y conlleva un alto gasto del Estado, con posibles abusos y opaca rendición de cuentas.
La BUP es el modo de votar más utilizado en América Latina y en el mundo democrático. Expertos ya han notado que ella avanza en criterios de integridad electoral, como equidad, porque incluye a todos los partidos políticos en una sola boleta, y en el de seguridad y fiscalización, ya que los votantes reciben boletas numeradas, lo que termina con el posible robo o destrucción de boletas en el cuarto oscuro (que se elimina). También satisface criterios ecológicos y de economicidad.
Pero el debate parlamentario también debería considerar la Boleta Única Electrónica (BUE), que además avanza en otros criterios de integridad electoral, como auditabilidad, seguridad, simplicidad, rapidez, transparencia y últimamente mayor confiabilidad.
La BUE ha sido utilizada en las provincias de Salta, Neuquén y la CABA, en varias ciudades de Córdoba y Santa Fe y en Resistencia (Chaco) y Corrientes (Capital). También se la usó en la República del Paraguay para las elecciones municipales del año 2021 y las presidenciales de abril de 2023. La Misión de Observación Electoral de la OEA que observó en Paraguay las elecciones municipales de 2021, manifestó que las máquinas de votación utilizadas por el Tribunal Supremo de Justicia Electoral (TSJE) “agilizó el escrutinio en la mesa, eliminó errores en la confección de las actas y evitó interpretaciones sobre la validez o nulidad de los votos”. En las de este año destacó su auditabilidad, con pruebas de 15.000 máquinas.
Según el Grupo MSA S.A., que ha inventado y opera este modelo de votación, órganos electorales, observadores y fiscales de partidos políticos han dado cuenta de la confiabilidad del sistema y no se han registrado denuncias documentadas. Además, como beneficio ecológico, las BUE no utilizadas (no impresas) se pueden utilizar en futuros procesos; y en lo económico, la BUE ciertamente reduce el costo de impresión y de descarte de boletas de papel no usadas.
La BUE es un instrumento tecnológico de votación. Pero no es una urna electrónica que computa los votos emitidos en cada mesa electrónicamente y transmite por internet los resultados de manera automática e independiente para su totalización en un centro de cómputos -sin la intervención de las autoridades de mesa-, como ocurre con el sistema automatizado de Venezuela o Brasil.
No, aquí son las autoridades de mesa las que transmiten el resultado de la manera que se establezca. Para garantizar el secreto del voto y la seguridad, como señala Marcela Centurión, secretaria electoral de la Provincia del Chaco, con la BUE la selección que realiza el elector no se almacena en la máquina ni en ningún dispositivo de almacenamiento local, sólo queda registrada electrónicamente en forma encriptada en el chip embebido en la boleta que se imprime e introduce en una urna tradicional. La máquina no dispone de componente alguno de transmisión activo o inactivo y opera sin conexión a ninguna red.
En la BUE el elector encuentra toda la oferta electoral en una pantalla touch para su selección. La oferta se puede mostrar en orden aleatorio en la pantalla, evitando cualquier ventaja de posicionamiento y el elector elige si vota por lista completa o por categoría, garantizando su plena autonomía. Todos los candidatos de la lista se despliegan en la pantalla y, una vez seleccionados, la boleta se imprime (soporte papel) con la selección realizada, además de quedar esta en un registro electrónico, posibilitando que se audite la correspondencia entre lo electrónico y lo impreso. Cada votante se constituye en fiscal y auditor primario de la autenticidad del contenido de la BUE.
El escrutinio de mesa se realiza en forma pública, manual y/o electrónica, contando boleta por boleta. Las boletas se sacan de la urna como en el proceso tradicional y se presentan ante el lector de la máquina (que lee el chip de la boleta) exhibiendo en pantalla frente a fiscales partidarios la correspondencia entre lo que contiene el chip y lo que figura en la boleta impresa.
Son las autoridades electorales las que realizan la lectura de las boletas y el conteo de los votos a viva voz, con fiscalización partidaria cruzada (escrutinio público). Finalizado ello y agregados los votos impugnados o nulos (que se reducen significativamente), se imprimen las Actas de escrutinio y certificados de resultados para las agrupaciones políticas. Los resultados de cada mesa se envían por internet al centro de cómputos vía un equipo específicamente establecido por la autoridad electoral para ese fin, disponible en cada sitio de votación. La transmisión debe cumplir con las más altas exigencias de seguridad. Los datos recibidos en el centro de cómputos son des-encriptados y consolidados para proceder al cómputo general de los resultados de la elección.
La dirigencia política argentina debería considerar seriamente la adopción de la Boleta Única Electrónica (BUE), como forma de contribuir a una mayor integridad del proceso de votación.
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