
Tras la pandemia, la desocupación retornó a los niveles previos durante 2021 y ya, a finales de ese año, el desempleo comenzó a decrecer llegando al cuarto trimestre de 2022 al nivel del 6.3%. Esto, principalmente, como consecuencia del aumento del empleo. La tasa de empleo -que mide la proporción de la población que trabaja- se ubicó en el último trimestre del año pasado en el 44,6%, el nivel más alto de la serie.
No sólo el desempleo se redujo. La subocupación – que mide quienes trabajan menos de 35 horas semanales y quieren trabajar más- está en el nivel más bajo de los últimos cuatro años (excluyendo 2020, distorsionado por la pandemia), caída que se explica principalmente por la subocupación demandante -es decir los desocupados que buscan activamente trabajo-.
Los datos estadísticos muestran una alta relación entre desempleo y pobreza: como es de esperar, a mayor tasa de desocupación, mayores niveles de pobreza.
Sin embargo, a pesar del aumento del empleo y la caída en la subocupación, la pobreza alcanzó en el segundo semestre de 2022 el nivel más alto desde 2006 (excluyendo el período de pandemia).
Esto se explica porque el mayor nivel de empleo no alcanzó para compensar la caída en los ingresos. Según datos de la Encuesta de Hogares, en el último año, el ingreso per cápita familiar se redujo en promedio un 4% y si se compara con el año 2017, la contracción trepa al 13 por ciento.
La tasa de pobreza más alta se encuentra entre los niños menores de 14 años (54.3%) la cual, además, creció más de 3 puntos en el último año. La tasa de pobreza más baja corresponde a la población de más de 65, grupo en el cual sólo el 14,6% es pobre y en el cual el incremento fue de 1,4 puntos porcentuales. Sin embargo, el grupo más afectado en términos de aumento de la pobreza fue el de 30 a 64 años. Allí la pobreza pasó de 32.6% a 36,3 por ciento.
Pero no sólo tener empleo no alcanza para salir de la pobreza, sino que tampoco es suficiente que el empleo sea formal.
Del total de pobres, el 25% vive en hogares donde al menos hay un trabajador asalariado y, de ese total, en el 31% hay al menos un trabajador formal.
Esto significa que el 8% de los pobres pertenecen a hogares en los que hay trabajadores en relación de dependencia formales. El aumento de la pobreza es un fenómeno que no ha concluido. Si bien el promedio semestral acusó una pobreza de 39,2%, el cuarto trimestre del año ubica a la pobreza alrededor del 40,5 por ciento.
Este texto fue publicado en el número de abril de la revista Indicadores de Coyuntura de FIEL
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