
Horacio Rodríguez Larreta recorre el país y asegura que con su llegada a la presidencia se acabarían décadas de estancamiento económico replicando los “logros de la Ciudad” en todas las provincias. No suele desarrollar qué haría en caso de ser presidente, pero sí podemos, en su lugar, exponer los resultados económicos y sociales en el distrito al cabo de 16 años de gobierno. Cuando se repasan muchas de las políticas implementadas en la Ciudad, las conclusiones son más que sorprendentes.
Se dice a menudo que la ciudad de Buenos Aires es un distrito rico. Duplica los recursos por habitante que tiene la provincia de Buenos Aires y solo con el presupuesto de alguno de sus ministerios se superan los fondos totales disponibles en municipios bonaerenses como Quilmes o Avellaneda. Es increíble que con tal montaña de dinero no puedan estar a la altura para saldar las deudas en educación, vivienda y transporte en el distrito.
De acuerdo a la información expuesta en el documento “Dinámica del tejido empresarial de la Ciudad de Buenos Aires” publicado por el Gobierno porteño en abril de 2014 (y sumando datos propios hasta la actualidad), entre 2015 y 2022 han cerrado más de 5000 empresas. Tratándose de un gobierno “pro-mercado” este dato debería ser alarmante. Solo durante 2020, 5956 compañías privadas se destruyeron por efecto de la pandemia y no contaron con ninguna ayuda del Estado local. De la misma forma, hemos perdido 41.000 puestos de trabajo mientras en la mayor parte de las provincias en ese mismo lapso (desde 2015 hasta 2022), el empleo aumentó. Es el caso de Córdoba (18.872 empleos más), Buenos Aires (17.421), Neuquén (17.072) y Santa Fe (14.493). CABA perdió prácticamente la misma cantidad de empleo por sí sola que lo que Santa Fe, Buenos Aires y Córdoba crearon en ese periodo. Queda claro que no puede acusarse a ninguna situación nacional por este resultado: la Ciudad es el distrito que más empleos destruyó en los últimos ocho años.

Mientras el PRO bloquea cualquier impuesto nuevo en el Congreso y se compromete a “eliminar el peso del Estado cuando gobierne la Argentina”, la realidad de su distrito insignia es bien distinta. Desde 2007, la presión tributaria (el porcentaje del producto bruto que representan los impuestos) aumentó un 71%. Nada de esto se refleja en mejoras significativas en escuelas, parques, hospitales o en extensión del transporte.

En cifras concretas, la Ciudad de Buenos Aires recaudaba en 2007, el equivalente a $562 por mes de cada hogar porteño (que serían $43.688 expresados en precios del año 2022) y en 2022 esta cifra de recaudación llegó a $73.635 por mes por hogar. Lo más escandaloso de este verdadero asalto al bolsillo es que la principal fuente de recaudación del fisco porteño son los Ingresos Brutos (IIBB), un impuesto sumamente distorsivo que ataca a quienes producen y es el permanente caballo de batalla de los economistas liberales para criticar a las “provincias feudales” del interior.

Hace algunos meses el Ministro de Desarrollo Económico porteño publicó una nota titulada “La Ciudad de Buenos Aires tiene un plan de desarrollo económico y productivo”. Es llamativo que no haya mencionado ninguna de estas cifras alarmantes. Se trata de un integrante del espacio de Martín Lousteau, quien pretendía ser la “Evolución” del modelo de Larreta, pero hoy se conforma con ser su continuidad. Después de todo, ya controla el Banco Ciudad y el Ministerio responsables de haber perdido más de 40 mil empleos.
Es tiempo de dejar de usar nuestro distrito como trampolín para otros cargos y preocuparse por mejorar la situación de quienes vivimos, trabajamos, estudiamos y producimos en nuestra querida Buenos Aires.
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