
La llegada de la aplicación CHATGPT ha sido noticia sumamente difundida en la opinión pública. Hay voces a favor y en contra de esta tecnología, pero es interesante analizar las consecuencias que puede generar su utilización en el trabajo: ¿podría eliminar o reemplazar puestos laborales?
En concreto, CHATGPT tiene alta capacidad de reducción y resumen de textos, puede pasar exámenes, desarrollar artículos, libros, código informático, etc. Aparece como un “rival” para varias profesiones, como por ejemplo el periodismo, programadores y desarrollo de software, redactores, etc.
Mediante una serie de instrucciones de presupuesto, se ha mostrado cómo el CHATGPT puede crear una campaña de marketing. También, por ejemplo, cómo se podría utilizar para ejercer la aplicación para la defensa en el pago de multas de tránsito. Esta columna podría ser desarrollada por CHATGPT.
Existen muchos bots de este estilo que se han desarrollado desde hace un tiempo a esta parte, pero no eran tan accesibles al público. Aún así, la Inteligencia Artificial no ha podido generar un Agente Autónomo, es decir, el que se desarrolla libremente y por sí, siendo hoy un concepto patrimonio de la ciencia ficción. No descarto que a futuro pueda haber descubrimientos o innovaciones que alcancen ese nivel de autonomía, pero actualmente esto no ha sucedido.
Sin embargo, la amenaza a ciertos empleos y tareas parece latente, como la posibilidad de desempleo en determinados menesteres. Aquí es donde se plantea el interrogante de si la tecnología puede generar desempleo y, con ello, la pérdida del sustento de las personas. Esta pregunta, por muy presente que parezca, es muy antigua en términos del Derecho del Trabajo.
Ya a mediados del siglo XVIII surgió la cuestión de que el uso de maquinarias, principalmente en el ámbito textil, degradaba condiciones laborales y generaba desempleo. La invención del telar favoreció, por aquel entonces, la aparición de grupos dedicados a destruir fábricas textiles que utilizaban estas nuevas tecnologías. Esto hoy no deja de ser ni más, ni menos que el mismo problema que genera CHATGPT.
Lo que es cierto es que la problemática de hace más de 200 años, en definitiva, no derivó con el paso del tiempo en más desempleo, ni condiciones laborales degradantes. En términos de lo primero, debería bastar con efectuar una cuenta de cuántos empleados textiles había en el siglo XVIII y cuántos hoy. Tampoco hace falta ser un erudito para comparar las condiciones de vida de los mismos trabajadores: es evidente que -por lo menos en los países que respetan el Derecho del Trabajo- las condiciones de salubridad, jornada de trabajo, salarios pactados, vacaciones, atención en los infortunios, y normativa claramente protectoria del trabajador ha redundado en mayor expectativa de vida y un nivel elevado como nunca habían tenido.
Teniendo en cuenta las experiencias pasadas, la sociedad debe tener en claro tres posibilidades: o bien se prohíbe la tecnología en protección de los empleos existentes; o bien se la deja desarrollar sin brindar protección alguna en el ínterin; o bien se permite su desarrollo pensando las medidas paliativas a los problemas que surjan en el momento.
Este último punto es el más racional. Permitir su desarrollo y paliar los problemas momentáneos. Y esperar lo que siempre sucede a lo largo del tiempo: que no es ni más ni menos que la mejora en las condiciones de vida de las personas. La tecnología es solamente una herramienta lograr un avance positivo, cómo se utiliza depende de nosotros, los seres humanos.
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