
Los hidrocarburos y la industria minera emergen frente a la crisis como una oportunidad inaplazable en un país que eludió su desarrollo, se auto-entrampó en mitos y en donde todavía hay quienes rezan por lluvias para que nos salven las cosechas y la economía.
La similitud está en las condiciones que nos apunta el exsecretario de Energía Daniel Montamat y que ambas actividades requieren. En minería son proyecciones de mediano y largo plazo. No necesita subsidios, pero con un riesgo país superior a los 2.000 puntos, inflación anual y brecha cambiaria cercanas al 100% e indisponibilidad de divisas sólo seguiremos hablando, a riesgo de ser repetitivos, de nuestra gran potencialidad.
Mandato moral
Otros países abastecen hoy una creciente demanda surgida del mandato moral de las Naciones Unidas tras el acuerdo de París sobre las medidas necesarias para mitigar el cambio climático, que apuntan a neutralizar emisiones de gases efecto invernadero para el año 2050.
Está en juego la habitabilidad humana del planeta. Nada más ecológico entonces que la extracción y obtención de los llamados minerales críticos, donde litio y cobre, pero también uranio, níquel y plata -con los que contamos- son necesarios para generar energía sin emisiones y con capacidades de almacenaje fundamentales para la electromovilidad.
Necesitamos transportar gas natural desde gasoductos; décadas de miopía política hicieron que estemos pagando un precio por no haberlos construido. La gran minería del cobre necesitará de mineroductos para acercar sus concentrados a puertos, y no necesitará del Estado para financiarlos. Sí necesita normalidad macroeconómica, inteligencia para entender que, sin un esquema tributario competitivo, no podremos arrancar.

Royalty chileno
Un reciente informe del Consejo Minero chileno, a propósito de la discusión de un nuevo royalty, señala que el aporte promedio en las operaciones del mayor productor mundial de cobre entre los años 2015/2020, distribuyó: un 81% del precio de venta para pagar el salario de sus trabajadores, adquirir insumos y servicios a proveedores, comprar bienes de capital.
¿Qué nos falta para entender que el impacto en la economía es mucho más importante que la recaudación? Resulta vital que la carga tributaria nos permita competir.
La industria del cobre además de generar riquezas en salarios, necesidades de provisiones, rentas, nuevas infraestructuras de conectividad; puede mejorar accesos para el turismo, sumar hospedajes y tener más y mejor agricultura. La minería puede ser al segundo sector con balanza cambiaria positiva después de oleaginosas y cereales, por un gran aumento de exportaciones.
En 8 proyectos de cobre con recursos identificados, tenemos la posibilidad de exportar más de 1.300.000 toneladas de cobre fino, unos USD 15.600 millones por año (proyecciones del precio para el 2025). Entendiendo lo que debemos hacer, dos o tres de esos proyectos podrían estar en producción a finales del 2027, y el resto estar en construcción. Serían Inversiones por más de USD 20.000 millones llegadas al país para concretarlo.
Los tiempos de maduración de un proyecto minero no son los de un mandato político. Pensar a cuatro años invisibilizó la otra mitad de la argentina, esa que no es carne ni soja, leche ni maíz, trigo, sorgo ni girasol.
Finalmente existe una gran diferencia del cobre con los combustibles fósiles. El cobre no sólo es presente, también es futuro. No tiene competidores tecnológicos como lo tiene el litio en el hidrógeno y el sodio, ni los 8 proyectos apuntados son los únicos con los que contamos. La exploración minera puede darnos buenas noticias frente a los desafíos ambientales de nuestra casa común, y en oportunidades de Desarrollo, ya que se podrían duplicar en poco tiempo nuestras disponibilidades.
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