
La vicepresidente recibió un Honoris Causa de la Universidad de Río Negro. Viendo que últimamente ese reconocimiento se entrega a plagiadores seriales y a condenados por corrupción, todo parece indicar que se trató de un título que significa una degradación intelectual más que un logro académico.
Y en el discurso sobre un tema que desconoce, la presidente provisional del Senado afirmó: “Es cierto que hay crecimiento y que la economía está creciendo y que se generan puestos de trabajo, pero son precarizados y de muy bajo salario”.
En primer lugar, cabe recordar que este es su Gobierno. Y que, como candidata a vicepresidente, anunció quién iba a ser el candidato a presidente, sentando un precedente único en la historia política argentina. Y en segundo lugar que no es cierto que la economía esté creciendo.
La vicepresidente parece no haber visto los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), del Indicador, el cual es un indicador que anticipa el comportamiento del PBI, porque no solo en los últimos cuatro meses de 2022 el índice desestacionalizado registró resultados negativos, es decir la economía está cayendo, sino que, además, el PBI está estancado desde enero de 2011.
Como puede verse en el gráfico, la economía lleva estancada 12 años, de los cuales 8 años corresponden: 5 a las presidencias de Cristina Fernández de Kirchner, el último año de su primera gestión y los 4 de la segunda y 3 a su gobierno vigente con Alberto Fernández, y 4 años a la de Cambiemos.
Es decir, que el 66,7% del tiempo que la economía lleva estancada responde al kirchnerismo, pese a los 5 años, de 2011 a 2015, inclusive, con un contexto de viento de cola de los precios internacionales de las materias primas “volando”. Claramente, el cepo cambiario por falta de dólares frenó la actividad.
En lo que hace a los puestos de trabajo, la vicepresidente dijo que crecen, pero que son precarizados y de muy bajo salario. No dijo que las posiciones que más crecieron entre enero de 2012 (desde donde parte la información que brinda el Ministerio de Trabajo) y diciembre 2022, fueron en el Estado (nacional, provincial y municipal) -sumó 836.800 personas, un 32% más, en tanto que el conjunto del sector privado formal aumentó solo en 208.100 (3,4%), equivalente apenas a la incorporación de los jóvenes que vegetativamente se incorporan al mercado laboral.
Desaliento a la inversión productiva
En consecuencia, por un lado, el populismo hace que el mercado laboral opere con creciente empleo en negro porque muchas personas temen perder los planes sociales si se registran. Por eso están “precarizados”, por culpa del kirchnerismo que impulsó la cultura de la dádiva y destruyó la cultura del trabajo.
Por otro lado, los pocos puestos que se crean en el sector formal de la economía son consecuencia de un país en el cual las reglas de juego atacan la inversión productiva, con una carga impositiva asfixiante, regulaciones absurdas, controles de precios, legislación laboral que incentiva la industria del juicio y espanta a los empresarios pyme a la hora de contratar personal, un Estado que raciona los permisos para importar insumos por la falta de dólares, la falta de crédito dado que el estado se lleva el 70% del total de los depósitos del sector privado y por la impunidad con que se manejan los sindicatos, en particular de camioneres que con los piquetes frenan la circulación, el trabajo y el comercio.
A ese listado que espanta inversiones, se agrega que, si una empresa extranjera quisiera invertir en Argentina, el presidente del directorio le tiene que anticipar a los accionistas que no podrán recibir utilidades porque el BCRA no autoriza el giro de divisas al resto del mundo.
¿Por qué no hay dólares?
Porque además del fenómeno transitorio de la sequía, el Estado atrasa artificialmente el tipo de cambio real para no acelerar más el ritmo de inflación y hace que el mercado de cambios oficial no tenga flujos de dólares para pagar importaciones, girar utilidades, etc.
La falta de inversiones no solo hace que no se creen puestos de trabajo netos en el sector privado, sino que, además, la baja productividad, producto de la reducida tasa de inversión, se traduce en bajos salarios reales.
Evidentemente a Cristina Fernández de Kirchner le vendría bien tomar clases de economía, porque formula afirmaciones que no le permiten hilar causas y consecuencias. Se limita a hablar de algo que no sabe. Además de mezclar conceptos que no tienen nada que ver. Es una suerte de Fidel Pintos hablando de economía en Polémica en el Bar, pero lejos de resultar divertida como lo hacía el genial humorista.
Quedaría para otro momento analizar la ensalada que hizo sobre en el tema monetario. Pero cade destacar que, el debate sobre dolarización tiene que ver con sí conviene o no, considerando que Argentina no tiene moneda y no la podrá tener por mucho tiempo, aunque quiera, y otra es si es posible su implementación, considerando la falta de reservas del BCRA, los abultados pasivos remunerados acumulados; y la ausencia de activos, porque los bonos del Tesoro no tienen valor dado que no hay capacidad de generar superávit fiscal primario para pagar los intereses.
Lo que no puede entender Cristina Fernández de Kirchner es que moneda no es lo que los políticos quieren que sea, sino lo que la población acepta como medio generalizado de intercambio y reserva de valor.
En síntesis, en su discurso sobre un tema que no domina, como es la economía, la vicepresidente, con sus insólitas relaciones, sin proponérselo, dejó en claro por qué Argentina es un país decadente que lleva más de 12 años de estancamiento económico, aumento de la pobreza y de la indigencia.
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