“Mi corrupto es más honesto que el tuyo”

El triunfo del mal se transformó en ideología tanto como la impunidad devino en virtud

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Mauricio Macri en Qatar
Mauricio Macri en Qatar

La política, un arte que caracteriza por su talento a las sociedades maduras, esa pasión que elige trascender superando el egoísmo para ocuparse de lo social, ese espacio virtuoso, está hace tiempo ausente en nuestra realidad. La derrota del humanismo a manos de los negocios hizo nacer un mundo de economistas que representan particulares intereses. Aquel oscuro y nefasto ministro que alababa la ausencia de endeudamiento como una virtud de los Kirchner como preanuncio de la desmesura de sus deudas sin razón ni sentido es tan impune como los saqueos que hoy se juzgan. La discusión política entre los diferentes pensamientos se reduce al debate de “mi corrupto es más honesto que el tuyo”. Venció el delito y se consagró la impunidad. No existe el candidato coherente y digno de respetar como ejemplo, ese fue derrotado y expulsado por las asociaciones de apropiadores de lo ajeno. El triunfo del mal se transformó en ideología tanto como la impunidad devino en virtud y contratan supuestos pensadores que actúan como “sicarios” contra toda fe y convicción que cuestione a la deidad del “becerro de oro”. Los usureros han tomado el poder.

El materialismo individualista no permite ninguna forma de solidaridad, hasta la compasión la dirigen únicamente hacia el reino animal. Se apasionan por discutir la posesión del poder sin que ni siquiera les interese la recuperación de un rumbo, un destino o un lugar en el mundo. Abundan quienes parasitan los sueños para convertirlos en pesadillas a través de su egoísmo. Con el cuento de que el Estado es mal administrador le robaron las empresas y convirtieron sus cánones en coimas, creando una aristocracia de la corrupción que inventó una supuesta grieta ideológica para disimular sociedades, acuerdos espurios y complicidades. En realidad, se pelean por las cajas, que nada tienen que ver con las necesidades colectivas. La teoría de convertir impuestos públicos en rentas para políticos que se amansen como funcionarios ha sido exitosa. La corrupción de los cuerpos colegiados cuestiona el sentido mismo de la pertenencia política. Las excepciones al Código de Edificación se convirtieron en monumentos a los dineros mal habidos. Asoman varios nuevos candidatos gerentes, individuos dispuestos a administrar bienes ajenos domesticados por la solidez de sus salarios.

Cristina Kirchner
Cristina Kirchner

La escasez de rebeldía es un síntoma claro de la ausencia de vocaciones políticas. Los burócratas no acostumbran a arriesgar sus logros. El aplauso, el silencio y la placidez de la obsecuencia abundan entre quienes participan del banquete exitoso de la corrupción. La impunidad los lleva a acusarse mutuamente como manera de disimular la oscuridad de sus acuerdos. Inventaron una “grieta” para engañar inocentes. La verdadera fractura está entre ricos, muy ricos y pobres, muy pobres. Y ambos lados de la grieta participan del mundo de los vencedores, de esa “casta” que alguno denuncia para evitar que lo dejen afuera.

Cuando los negocios o, mejor dicho, negociados, ocupan el lugar de lo esencial, las ideas terminan siendo un decorado. Por eso los economistas sustituyen a los políticos, pasa lo mismo en las guerras donde se vuelven importantes los militares pero solo la política las puede superar. Patética demanda de transparencia donde solo se puede opinar desde la oscuridad indiscutible de las ganancias mal habidas. No hay políticos, pero sí gente que vive de la política. El funcionario actúa en su favor y agrega prebendas y salarios para su propio grupo social. El Estado sostiene parientes y amigos, el nepotismo de la ignorancia empodera la desfachatez de sus actores, vemos en demasiados casos que la preocupación por los animales ocupa el espacio del olvido del otro. La solidaridad, ese sentimiento que enriquece se vuelve pequeña y marginal en el compromiso con la codicia de los vencedores. O volvemos a destacar la patria por sobre los intereses de los grandes grupos o no dejaremos de degradarnos como sociedad. Debemos enfrentar al materialismo y al individualismo, deformaciones dadas por el último golpe, por quienes vinieron a sangre y fuego a sembrar sus conceptos coloniales sobre la historia de la nación. El disfraz es liberal, la esencia es colonial pero la consecuencia el crecimiento de la miseria y la fuga de capitales.

Esta reapareciendo la reflexión, no rebosa, pero se levanta lentamente por sobre el fascismo de los libertarios y marxistas de turno, dos minorías de fanáticos cuya debilidad en sus causas no soporta la duda. El desafío es construir una sociedad para todos, ese objetivo lastima demasiados intereses tanto del gobierno como de la oposición. Para la burocracia, toda ella, el objetivo compartido es degradar al ciudadano en consumidor. La concentración económica termina con la misma clase media devaluando a todas las ideologías y a la misma esencia de la política. Solo la reflexión, todavía minoritaria nos permitirá primero tomar conciencia de la crisis y luego formular el proyecto capaz de enfrentarla. Debemos recuperar la vitalidad que tantas veces nos acompañó y nos permitió encontrar el rumbo, cabalgar en el sentido de la historia. No enfrentamos un problema económico, sino que estamos frente a una crisis existencial, nos ganó el resentimiento. Ni los odios, ni las culpas ni las venganzas nos devuelven un destino, al contrario, nos lo impiden. Necesitamos compartir un futuro, una propuesta, un imposible, y asumir que sin el otro no tenemos mañana. El patriotismo puede renacer también desde el deporte, siempre y cuando logremos devolverle contenido a la pasión. Que el sentimiento de pertenencia que nos devuelve el fútbol pueda servir de palanca para invitarnos a una discusión como lo merecemos. Desde esta motivación se puede activar el ejercicio de la política, ya es tiempo de recuperar su vigencia.

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