
“No sé que tiene la aldea/Donde vivo y donde muero/Que con venir de mí mismo/No puedo venir más lejos” - Lope de Vega (en el aniversario 560 de su nacimiento)
Una aclaración previa
La asociación entre los conceptos contenidos en algunas homilías del Santo Padre sobre “la hipocresía” y el tema de la hipocresía y los filmes mencionados, le pertenecen a este cronista en exclusiva. Cuando Francisco habla de “hipocresías” (del gr. Hypokrités) se refiere a la de los propios católicos y cuando se refiere a la mentira sobre sí mismos de los políticos o de otros lo hace siempre en términos generales.
“No tener miedo a la verdad”
El Papa Francisco, reflexionando sobre la carta de San Pablo a los Gálatas, rechaza la hipocresía de los cristianos, como lo hacía el Apóstol y por eso mismo alienta a todos, a “no tener miedo a la verdad ni ocultarnos detrás de una máscara” ya que esto “no nos permite ser nosotros mismos” (Vaticano, 25 de agosto del 2021).
La Carta de Pablo está dirigida al Apóstol Pedro que “sin quererlo… con su forma de actuar, creaba de hecho una división injusta en la comunidad”, explica el Santo Padre.
“Pedro comía sin problema con los no judíos que venían del paganismo, algo que estaba prohibido por la Ley (o Ley de Moises, A.T.), pero cuando llegaron a la ciudad algunos cristianos circuncisos de Jerusalén, es decir que respetaban la Ley mosaica, entonces Pedro ya no comía con los gentiles para no recibir sus críticas” (cfr Gal 2,13).
Los hombres, dice la ira del Señor, “obedecen a la injusticia y desobedecen a la verdad” (Rom. 1, 17, 18)
Por ese camino -dice Francisco -se contagian el virus de la hipocresía. ”Se prefiere fingir en vez de ser uno mismo. Fingir impide la valentía de decir abiertamente la verdad y así se escapa fácilmente a la obligación de decirla siempre, sea donde sea y a pesar de todo. En un ambiente donde las relaciones interpersonales son vividas bajo la bandera del formalismo, se difunde fácilmente el virus de la hipocresía”.
Asimismo, el Obispo de Roma destaca que el hipócrita “es una persona que finge, adula y engaña porque vive con una máscara en el rostro” y no tiene el valor de enfrentarse a la verdad: ”Por eso no es capaz de amar verdaderamente: se limita a vivir de egoísmo y no tiene la fuerza de demostrar con transparencia su corazón”.
La hipocresía en el trabajo, en la Iglesia, en la política y en el séptimo arte
El Santo Padre puntualiza que hay muchas situaciones en las que se puede verificar la hipocresía. En el lugar de trabajo, “donde se trata de aparentar amigos con los colegas mientras la competición lleva a golpearles a la espalda”.
En la Iglesia, donde “…es particularmente detestable, y por desgracia hay hipocresía y hay muchos cristianos y muchos ministros hipócritas”.
“En la política donde no es inusual encontrar hipócritas que viven un desdoblamiento entre lo público y lo privado”.
La mejor demostración de sus consideraciones es la lucha implacable que lleva adelante contra la hipocresía en la Iglesia desde el 19 de marzo de 2013.
La hypokrites, es decir los actores y el cine, como develamiento o falsificación de la verdadera historia
“Ver es una acción que se lleva a cabo solo con los ojos -dice Francisco hablando del neorrealismo italiano -para mirar son necesarios los ojos y el corazón. Estas películas no son documentales que presentan una simple grabación ocular de la realidad; presentan la realidad, sí, pero con toda su crudeza (el destacado es nuestro) a través de una mirada que compromete, que conmueve las entrañas, que suscita compasión”.
Un ordenamiento socio-cultural como el cine es un escenario precioso para la representación, para actuar, para componer la figura, para ser uno mismo siendo el otro. Y al ser el otro el artista se consuma y el hypokrites recobra el sentido original. El Krités -juicio- de la obra consiste en determinar si se ha sido fiel al otro, sea un personaje ficcional o la representación de una vida real. Si la crónica es ficción el actor goza de mayor libertad para recrear el personaje, pero si se trata de una vida real y concreta y se falsea la realidad de esa vida y esto deforma la verdad historica en tiempos de tanta sangre y de tanta sensibilidad, estamos ante la presencia de una falsificación grave de la verdadera historia. Por lo menos el film debería llevar la advertencia clásica de rigor: “Cualquier similitud con la realidad…”.
La realidad del neorrealismo italiano de posguerra -que comenta Francisco -con toda su crudeza indica que el cine además de buscar la belleza también es búsqueda de la verdad y el bien. Un buen director no puede olvidar que la verdad, la belleza y el bien son los valores trascendentales y que el mayor o menor valor de una obra de arte se mide por la armonía que hay entre ellos. Cuánto de belleza, cuanto de verdad y cuánto de bien hay contenido. Es lo que hace que una obra sea trascendente.
“De camisa vieja a chaqueta nueva”
Hemos querido traer este título de un film español estrenado en el año 1982, que es una clara denuncia contra la hipocresía política. Fue dirigida por Rafael Gil sobre la base del libro del mismo nombre de Fernando Vizcaíno Casas. Relata la historia de Manolo Vivar, personaje de ficción que encarna el gran actor José Luis López Vázquez. Describe la hipocresía que caracterizó a muchos políticos españoles en la transición de la dictadura de Franco a la democracia liberal. En esos tiempos Manolo Vivar va cambiando sucesivamente de ideología y amistades para adaptarse y para ello no dudó en pasar de cantar con fuerza el himno de la Falange ‘Cara al sol’, a entonar sin vergüenza alguna ‘La Internacional’ socialista. De ser funcionario de Franco aprovechó sus buenas relaciones con el poder político de turno para ocupar diversas funciones en los gobiernos liberales. El film sin ninguna duda corre el velo de la conducta de ciertos funcionarios españoles que representaron un sí mismo falso para acomodarse a los nuevos tiempos. En ese sacarles la careta consistió su valor y trascendencia del libro y de la película.
“Argentina, 1985″
Esta obra, de estreno reciente, tiene como protagonista principal al actor local Ricardo Darín y el Manolo Vivar debería yuxtaponerse con la figura de Julio Strassera.
A diferencia del film español protagonizado por López Vazquez, donde se denuncia la hipocresía del personaje central en la película en “Argentina, 1985″, lejos de denunciarse idéntica conducta del fiscal Strassera, se enmascaran y ocultan los actos de este funcionario judicial que fuera cómplice de las desapariciones forzosas (1), del genocidio y del terrorismo de estado y defensor asérrimo de la Junta Militar y de sus métodos represivos y se lo transforma en un abanderado en la defensa incondicional de los derechos humanos tras la caída del Régimen por la acusación de la Dictadura militar que cayó por su propio descrédito en el mundo y la condena internacional.
Como si ello fuera poco, Darín que representó a Strassera, luego de realizada su actuación, no cesa de afirmar -no sabemos si creyéndolo o no -que lo falso representado por él como verdadero, fue efectivamente, verdadero. Y eso es lo que ofende y humilla. Miles de argentinos fuimos víctimas de la represión brutal mientras el Poder Judicial Federal penal de la Dictadura Militar legitimaba diciendo: “Los muertos están bien muertos -decían en la mesa de Marquard -porque eran todos criminales”. Y nos quedamos en el país y a riesgo de perder la vida luchamos por el retorno a la Democracia.
Con la construcción de una película de calidad técnica -a sabiendas que se confunde “calidad” con “verdad”, como se confunde “preciso” con “veraz” y se engaña. Se engaña y se degrada la vida y la historia de los argentinos.
(1) Este cronista era abogado y tenía 30 años cuando se produjo el golpe militar de 1976; fue defensor de dirigentes de fábrica de varias empresas metalúrgicas de La Matanza donde tenía su Estudio Jurídico y en tal carácter, presentó sucesivos hábeas corpus a favor de trabajadores desaparecidos, Alfredo Sosa, Alejandro Pérez, Uboldi. Al cabo de lo cual en abril de 1977 fue secuestrado en su Estudio de San Justo, encapuchado, trasladado a un campo de concentración de la dictadura, interrogado y torturado. Sus oficinas fueron destruídas. A los pocos días de recobrar la libertad se hizo presente en el Juzgado Federal de la Capital a cargo del Juez Rivarola donde tramitaba el habeas corpus que en su favor hubo presentado su esposa y la doctora Blanca Rita Camaño, donde no se le permitió hablar ni con el juez, ni con el fiscal, ni declarar las circunstancias de su secuestro, tan sólo se hizo constar que el desaparecido se había hecho presente. Nunca fue citado hasta que más de treinta años después, a pedido del Dr. Pablo Llonto, se presentó en la causa de Campo de Mayo. Unos meses más tarde de haber recuperado la libertad se hizo colaborador de los gremios agrupados en la CGT de la calle Brasil, “única oposición interna de cierta entidad” a la dictadura. Como un homenaje al mal. Con esa sóla excepción, las Madres, algunos prelados de la Iglesia y algunas agrupaciones de izquierda que luchaban por la justicia, los derechos de los trabajadores y el retorno a la Democracia. Y entre 1977 y 1983 participó diariamente en la defensa de varios de ellos en varias oportunidades, tras sus detenciones: José Rodriguez, Roberto García, El “gallego” Pérez, Saúl Ubaldini, Horacio Alonso, entre otros.
En honor a la verdad, este cronista tiene que reconocer que había muchas personas mayores, como el señor Darín y otros productores, directores y actores de la película “Argentina, 1985″ que no vieron o no quisieron ver u olvidaron lo que pasó. Este cronista se pregunta ¿Usted cree, Señor Darín, que el fiscal Strassera tampoco veía nada? La respuesta la puede encontrar en el excelente y veraz libro titulado “¿USTED TAMBIÉN, DOCTOR? Complicidad de jueces, fiscales y abogados durante la dictadura” del Doctor en Derecho Juan Pablo Bohoslavsky, Siglo XXI Editores, donde se informa que Strassera, sí veía (páginas 35, 135, 334 n.11, 365, 366 n.3, 367 y 368 -consultar en especial su actuación en la causa de “la masacre de San Patricio” o “asesinatos de los Padres Palotinos”-, 371, 408 n. 11 y 12). Y no sólo eso. Participaba asiduamente en los almuerzos en el Juzgado Federal de la Capital Nro. 1 a cargo del Doctor Eduardo F. Marquardt a los que también concurrían su inseparable colaborador el Secretario de la Sec. Nro. 2 Marcelo S.J., Valerio Pico, redactor de los decretos de fusilamiento del General Valle (1956), camaristas y fiscales a quienes este cronista prefiere no recordar, selectivamente, algunos empleados o funcionarios del mismo juzgado y militares de alta graduación. El titular de la Fiscalía Nro. 4 fue un infaltable comensal e importante interlocutor de generales y magistrados y en esas ocasiones se le atribuye haber hecho afirmaciones de adhesión a la dictadura que por respeto a sus descendientes no voy a reproducir.
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