Economía a la derecha

Lula da Silva expresó en diferentes foros, en especial en sus reuniones con empresarios, la continuidad de las políticas de ordenamiento fiscal, libertad cambiaria y apertura externa sin muchas diferencias a las ejecutadas por Paulo Guedes durante los últimos cuatros años

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A pesar de las diferencias
A pesar de las diferencias ideológicas con Bolsonaro, Lula mantendría la dirección de varias políticas económicas en caso de ganar la presidencia (REUTERS/Felipe Iruata)

Los resultados de las elecciones en Brasil confirmaron el escenario ya presenciado en Chile, Colombia, Perú e incluso Ecuador. Lula da Silva expresó en diferentes foros, en especial en sus reuniones con empresarios, la continuidad de las políticas de ordenamiento fiscal, libertad cambiaria y apertura externa sin muchas diferencias a las ejecutadas por Paulo Guedes durante los últimos cuatros años y que le permitieron a Brasil sortear con “éxito” los graves daños de la pandemia. El PBI de Brasil sufrió una caída de solo el 3,9% en 2020. Al año siguiente avanzó un 4,6%, previéndose para el corriente un aumento del 3% a pesar de la recuperación lenta del turismo, que representó el 9% del PBI en 2019.

Los Ministros del área económica designados en los cuatro países, Mario Marcel en Chile, Pedro Francke en Perú, José Antonio Ocampo en Colombia y Pablo Arosemena en Ecuador, son partidarios de resguardar el equilibrio macroeconómico y mantener la independencia de los organismos monetarios. Estas coincidencias no excluyen diferencias en la asignación de prioridades, pero intentan dar señales de confianza para evitar sobresaltos en el comportamiento de las variables, en particular el flujo de capitales, para no provocar alteraciones en el valor de las monedas. En la Argentina, a pesar de los vaivenes de los dos primeros años, el Gobierno aceptó los lineamientos del programa acordado con el FMI.

Con la excepción de Ecuador, donde triunfó Guillermo Lasso con el Movimiento CREO, en Chile, Perú y Colombia los partidarios de la izquierda representados por Apruebo Dignidad, Perú Libre y Pacto Histórico enfrentaron a los candidatos de derecha José Antonio Kast, Keiko Fujimori y Rodolfo Hernández. En Brasil, Lula da Silva rechazó revelar el nombre de quién sería su ministro de economía en el caso de consagrarse presidente para evitar la desazón anticipada de sus seguidores ubicados en su mayoría en la izquierda, repitiendo las experiencias de Chile, Perú y Colombia donde las designaciones solo fueron efectuadas después de confirmarse los triunfos.

La inestabilidad económica internacional agravada por la guerra de Ucrania ha contribuido a este giro de las políticas económicas porque han restado margen para encarar experimentos. Los flujos de capitales han disminuido, las tasas de interés están aumentando, la presión inflacionaria es persistente y existe el riesgo de una recesión global y una gran competencia para captar inversiones productivas que reclaman previsibilidad. Desde hace años la región asiática se convirtió en el principal destino de las inversiones externas acentuando el papel de América Latina como proveedor de materias primas y mercado para las exportaciones industriales de los países de esa región.

Las diferencias en las campañas electorales están centrándose más en la esfera de los valores como son el aborto, política de género, lenguaje inclusivo, estructura familiar y medio ambiente que encuentran resistencia en una parte de la sociedad renuente a modificar las pautas de su cultura. También se hacen referencias a la modificación de la redistribución del ingreso a través de reformas del sistema tributario, pero que tienen la precaución de no alterar los mecanismos de mercado para evitar la fuga de empresas.

Las excepciones a los casos citados es la política de algunas corrientes identificadas con la extrema izquierda para modificar el sistema institucional siguiendo los ejemplos de Venezuela, Nicaragua o el reciente intento de modificar la Constitución en Chile con el objetivo de efectuar cambios drásticos y extender el control social y la permanencia en el poder.

El reconocimiento de las coincidencias en materia económica más allá de las verborragias o reclamos sobre la eficiencia deberían facilitar los consensos para brindar confianza y asegurar la estabilidad, dejando para la discusión los temas de valores que en última instancia dependerán del convencimiento de la sociedad de incorporarlos a sus pautas culturales.

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