
Es sabido que en Argentina (y en el mundo) el hogar de origen de los estudiantes es determinante en sus trayectorias escolares y en los niveles de aprendizaje que alcanzan: resulta difícil para la escuela quebrar el circuito de reproducción de las desigualdades. Sin embargo, la pobreza no implica necesariamente un destino de deserción y bajos desempeños. Hay un porcentaje de alumnos y alumnas pobres que logran sobreponerse a las condiciones adversas en que viven y alcanzar buenos resultados de aprendizaje.
En Argentina, el 14% de los estudiantes del último año de la secundaria que viven en situación de pobreza alcanzan los niveles satisfactorio o avanzado en las pruebas Aprender de Lengua y Matemática. En el último informe que publicamos desde Argentinos por la Educación, titulado justamente “Desempeño escolar y pobreza”, nos propusimos indagar en las características de este grupo de alumnos que logran resultados positivos a pesar de las condiciones socioeconómicas de sus hogares. Nos enfocamos en los estudiantes del último año de la secundaria que viven en ámbitos urbanos (los únicos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares).
¿Cuáles son los “factores protectores” que parecen favorecer que ciertos estudiantes de bajo nivel socioeconómico logren aprendizajes satisfactorios? Los datos nos muestran que no se trata solo de sus rasgos y esfuerzos individuales, sino que también pesan algunas características de sus hogares e incluso de sus escuelas. Si bien no podemos establecer relaciones de causalidad, sí podemos identificar algunos factores asociados con mayores niveles de resiliencia.
Entre esos factores hay algunos relacionados con las condiciones sociales de las familias. Por ejemplo, el nivel educativo materno: los estudiantes en situación de pobreza cuyas madres alcanzaron al menos secundaria completa tienden a alcanzar mayores niveles de aprendizaje que sus pares con madres de menor nivel educativo. Contar con libros en el hogar, un indicador de capital cultural del hogar, es otro factor que se asocia con mejores desempeños.
Tener hijos, en cambio, se asocia con desempeños más bajos, tanto para las estudiantes mujeres como para los varones. En el mismo sentido, trabajar fuera del hogar también se asocia con menores aprendizajes: los estudiantes en situación de pobreza que trabajan tienen peores resultados escolares que sus pares que no lo hacen.
Otro dato interesante es que los estudiantes con buen desempeño tienden a percibir de manera más positiva el clima escolar y dicen llevarse bien con sus compañeros y con sus docentes, en mayor medida que los estudiantes con bajo desempeño.
Además, los estudiantes en situación de pobreza tienen diferentes perspectivas sobre su futuro. El 69,2% de los estudiantes pobres con buen desempeño planea seguir estudios universitarios; la cifra desciende al 51,1% entre quienes tienen bajo desempeño.
Profundizar en la investigación sobre los estudiantes en situación de vulnerabilidad es clave en un contexto en el que al menos el 40% de los alumnos argentinos de secundaria son pobres. Saber qué factores favorecen los buenos desempeños escolares, aún en situación de vulnerabilidad socioeconómica, es fundamental para diseñar políticas públicas e intervenciones pedagógicas que permitan quebrar el círculo de reproducción de la desigualdad. Ese desafío requiere garantizar trayectorias fluidas y aprendizajes sólidos para todos los niños, niñas y adolescentes, especialmente para los más desfavorecidos, que son quienes más necesitan acceder al conocimiento para transformar sus vidas.
* El autor es analista del Observatorio de Datos de Argentinos por la Educación
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