
Los resultados de Aprender 2021, el dispositivo de evaluación nacional que evaluó en forma censal a estudiantes de sexto grado en las áreas de Lengua y Matemática, ponen sobre la mesa, una vez más, los grandes desafíos que acarrea el sistema educativo argentino y comienzan a echar luz sobre el efecto de la pandemia en los aprendizajes de los y las estudiantes.
¿Qué nos dicen los resultados?
Los resultados empeoraron: tanto en Matemática como en Lengua, el porcentaje de estudiantes que se ubica en el nivel de desempeño más bajo aumentó entre la última medición en 2018 y la del año pasado. En el caso de Matemática este aumento no es significativo (del 19,6% al 23,1%) y, al analizar la evolución de los últimos 4 dispositivos de evaluación, los resultados se mantienen relativamente estables. Sin embargo, en 2021, más de un quinto de los y las estudiantes de sexto grado se ubicaron en el nivel de desempeño más bajo y, al sumar a quienes sólo alcanzan el nivel básico en Matemática, este porcentaje asciende al 45% del total de estudiantes de sexto grado en el país.
Llama particularmente la atención cómo empeoraron los resultados en el área de Lengua, en la que se triplicó la proporción de estudiantes en el nivel de desempeño más bajo: de un 7% en 2018 al 22% en 2021. Estos resultados son consistentes con los de la evaluación de CABA publicados recientemente, en los que también se observa una baja en los desempeños en esta misma área. Especialistas en la materia argumentan que probablemente los entornos virtuales no colaboraron a fortalecer aprendizajes de la lengua y la comunicación, aunque esta es una hipótesis a corroborar.
La literatura a nivel internacional señala, desde hace décadas, que los resultados de aprendizaje están fuertemente asociados al contexto socioeconómico de las familias de los y las estudiantes. Los resultados de Aprender 2021 demuestran, una vez más, cómo entre estudiantes de menor nivel socioeconómico la proporción que se ubica en los niveles de desempeño más bajos es más elevada. Estas poblaciones son las que se vieron más golpeadas por los efectos de la pandemia en distintos aspectos, entre ellos el educativo. En esta misma línea, uno de los datos más resonantes de esta edición de Aprender es el de la profundización de la brecha por nivel socioeconómico respecto al 2018. En un sistema educativo notoriamente segmentado, esto significa un llamado urgente a trabajar para disminuir esta brecha y garantizar aprendizajes independientemente del origen social de sus estudiantes.
¿Por qué necesitamos evaluar?
Esta información nos permite diagnosticar y dimensionar los problemas que afrontamos y resulta un insumo fundamental para continuar diseñando e implementando estrategias que permitan recuperar y fortalecer los aprendizajes de los y las estudiantes en nuestro país. Además, los dispositivos de evaluación no sólo aportan información sobre los aprendizajes alcanzados, sino que generan datos que permiten ponerlos en contexto, situarlos en la realidad de la y el estudiante, de la escuela, de cada jurisdicción, por lo que se convierten en un gran aporte a la gestión de los sistemas educativos en sus distintos niveles.
Las evaluaciones de aprendizajes se realizan en la Argentina desde 1993, pero su frecuencia, población objetivo (años evaluados), características (censales/muestrales, áreas evaluadas) y estrategias de difusión de resultados fueron variando desde entonces a la actualidad. Incluso, en oportunidades, estos cambios dificultaron la comparabilidad de sus resultados en el tiempo, lo que acarreó una pérdida de información estratégica a nuestro país.
La importancia de institucionalizar la evaluación educativa
Si bien las evaluaciones estandarizadas de aprendizajes son un recorte de realidades más complejas y sólo una manera, entre otras posibles, de mirar y medir al sistema, aportan información muy valiosa para diagnosticar problemas, visibilizar inequidades y contribuir a pensar posibles soluciones de cara a la mejora educativa en nuestro país. Por esta razón, es necesario institucionalizar estas evaluaciones en el marco de una política nacional de evaluación que trascienda administraciones de gobierno. Argentina necesita ser capaz de: garantizar su realización, pautar su frecuencia, establecer sus características –años, áreas, contenidos y capacidades a evaluar– de manera que los distintos actores del sistema educativo conozcan cuándo y en qué serán evaluados, condiciones básicas de toda evaluación.
La institucionalización de las evaluaciones de aprendizaje y la previsibilidad respecto a su periodicidad y características son condiciones necesarias para promover el uso de sus resultados por parte del sistema. Una política de evaluación educativa institucionalizada posibilitaría que las decisiones de política educativa sean cada vez más informadas, poder hacer un acompañamiento a las instituciones en base a la información disponible, complementar los diagnósticos de las escuelas con información externa, enriquecer los debates e investigaciones académicas, así como también informar a la ciudadanía de los logros y desafíos pendientes en materia educativa.
Necesitamos contar con más y mejor información en forma sistemática y periódica para diseñar, implementar y monitorear mejores políticas públicas que nos permitan afrontar los enormes desafíos de nuestro sistema y transitar así un camino hacia la mejora educativa.
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